Del fast fashion al fast forgetting: ¿Cómo se visten los Gen Z?

Por Verónica Barboza
Nunca pensé que podríamos olvidar algo tan rápido, hasta que llegó TikTok y de repente todas las formas tradicionales de hacer que algo estuviera de moda quedaron desplazadas. En la era digital, la Generación Z confía más en las sugerencias de las redes sociales que en el criterio de sus referentes. Lo que antes era una exploración estética, hoy se convierte en un consumo automatizado.
Desde la pandemia, el fast fashion ha sido el vehículo ideal para esta homogeneización. Cada año, una microtendencia viral se impone, se agota y se olvida. Este modelo de negocio, caracterizado por producir ropa barata y de baja calidad no es asequible simplemente porque los materiales son baratos. A los trabajadores de todo el mundo (el 80% mujeres) se les paga a destajo, lo que resulta en salarios extremadamente bajos. Su impacto no solo es ambiental, sino que ha desplazado la originalidad por una búsqueda constante de la novedad efímera.
- 2020 – Indie Kid
- 2021 – Y2K Revival
- 2022 – Clean Girl Aesthetic

- 2023 – Coquette Core

- 2024 – Blokette y Techwear

- 2025 – Corporate Grunge

¿Copiando, o construyendo?
No siempre nos vestimos por elección, a menudo lo hacemos por repetición. Este ciclo interminable de consumo efímero ha creado una extraña paradoja. Mientras las redes sociales nos prometen una plataforma para mostrar nuestra singularidad, la presión por encajar en la última estética viral nos empuja hacia la uniformidad.
A pesar de la creciente popularidad de la moda sostenible y ética entre las generaciones Gen Z,el fast fashion crece rápidamente en volumen y beneficios. Según un estudio de CoherentMI, en Estados Unidos, el fast fashion alcanzó un valor de 41 150 millones de dólares en 2023.
El estilo que antes se construía con paciencia, una mezcla de influencias culturales, vintage y experimentación, ahora se copia con un clic. La ropa deja de ser una forma de narrar una historia personal y se convierte en un simple…trend.
Quiero decirles que no todo está perdido. Cada vez que elegimos una prenda con historia, rescatada de una tienda de segunda mano o creada con pasión por un diseñador local, no solo estamos vistiéndonos; estamos desafiando el sistema. Estamos creando un futuro donde la moda no se desecha, sino que se atesora. Porque tener personalidad es la mejor forma de rebelarse contra la uniformidad, y el mejor camino hacia un armario que habla de quiénes somos, y no de lo que se nos impone.
Publicado en la revista impresa EntreSocios (Edición 176)
