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Entrevistas

Soy Thali: El sello rojo de Nathalia Briceño

Vanescka León · 6 nov 2026

Soy Thali: El sello rojo de Nathalia Briceño

A menudo, el mundo de la belleza se asocia con la vanidad; sin embargo, cuando se trabaja con propósito, el maquillaje deja de ser superficial para transformarse en la esencia misma de quien lo crea.

Si hay un tono que lleva grabado su nombre es el rojo. Nathalia Briceño, cariñosamente conocida como Thali, es contadora de profesión, maquilladora profesional con 12 años de experiencia y empresaria; ella ha hecho de este color su sello personal.

Conversamos con ella en uno de sus lugares favoritos, “Red Beauty”, su tienda de maquillaje. Rodeada de paredes rojas y productos que adornan cada rincón, Thali nos compartió cómo el mundo del maquillaje cambió su vida.

Actualmente dirige a un equipo de más de 30 personas y lidera “Thali Studio”, un concepto de estudio de belleza integral en Maracaibo con sede en el C.C. Camoruco y el Inter Maracaibo. A esto se suma “Red Beauty” (también en el Camoruco), una tienda de maquillaje donde vende productos que ella misma ha probado y seleccionado, e imparte cursos de capacitación profesional. Dos marcas distintas unidas por un mismo propósito.

Durante nuestra conversación, nos demostró que los pilares que sostienen su vida son Dios, su familia y la nueva etapa que construye junto a su esposo, Alfredo Gómez. Acompáñanos a conocer a la mujer detrás de la profesional, porque más allá de un lindo maquillaje, siempre hay una historia que inspira.

¿Cómo nació tu pasión por el maquillaje?

Pasé 10 años en el flamenco, incluso siendo profesora desde los 13, y eso me llevó a maquillarme, aunque desde niña agarraba el labial rojo de mi mamá e inventaba productos diciendo que sería ingeniera química. A los 17 me maquillaba para las presentaciones de baile y desde ahí quise aprender de cero. En 2014 hice mi primer curso con Luigi Chamorro, quien me dio la base de mi carrera. Practiqué un año maquillando gratis a mi hermana Marinec y a mis amigas, y al año siguiente hice el curso profesional con La Musu, que fue súper exigente y nos evaluó para certificarnos. Con esa preparación, una amiga me impulsó a cobrar una tarifa básica por mi trabajo. Todo lo hacía con el maquillaje de mi mamá, hasta que viajé y descubrí muchas marcas de alta gama; esto fue hace ya 12 años. 

El maquillaje llegó a mí por curiosidad, sin pensar en lo que se convertiría, pues en ese momento mis prioridades eran estudiar, bailar o trabajar con mis papás.

En algún momento, ¿pensaste en dedicarte profesionalmente al baile antes que al maquillaje? 

Sí, totalmente. Tuve la oportunidad de decidir si irme fuera del país a estudiar flamenco o inglés, pero decidí quedarme en Venezuela para no alejarme de mi familia. Aunque antes había prejuicios sobre las maquilladoras, el mundo de la belleza entraba en su auge y vi que era más viable crecer económicamente con el maquillaje que con el baile. Como ya daba clases de baile, conocía la dinámica para dar cursos; así que dejé el baile, asumí el maquillaje como mi camino de trabajo y empecé a proyectar el sueño de mi propio estudio. Paralelamente, estudiaba contaduría porque me gustaban los números, aunque si pudiera retroceder el tiempo hubiese estudiado comunicación social.

¿Cómo fue la transición para posicionar tu marca en redes sociales?

En el curso de La Musu me gané una asesoría de social media; mi cuenta era personal y dudaba si abrir otra como @thalimakeup, pero decidí mantener un solo usuario. Al llegar a mi casa le dije a mi hermana que no sabía qué hacer porque no sólo quería vender mis servicios como maquilladora, sino mostrar mi estilo de vida. Ella me puso como apodo «Thali», entonces le pregunté: «¿Será que me pongo Soy Thali?», y ella me dijo: «Me encanta. Sí». Así nació @soythali

¿Cuándo das el salto de maquilladora a empresaria?

A los 19 años trabajé en un estudio durante ocho meses y aprendí lo que quería y lo que no. Tuve un primer intento con una socia que no funcionó, pero me sirvió para decir «quiero algo propio que lleve mi esencia y sea rojo». A los 20 años busqué locales hasta que el 3 de mayo de 2019 abrí la primera sede de Thali Studio en el C.C. Camoruco. Luego, en 2021, tras presentar una propuesta en una expo de eventos en el Hotel Inter, se me presentó la oportunidad de abrir nuestra segunda sede allí, ofreciendo un concepto más íntimo y relajado.

¿Qué fue lo más difícil de emprender en tus veinte?

Lo más difícil fue lidiar con mis 20 años, el dinero y la responsabilidad de un local. Antes de abrir las puertas sufrí una inundación grave que me obligó a cerrar hasta solucionar todo. Fue la prueba más dura a nivel personal, económico y espiritual; ahí tuve mi primer encuentro profundo con Dios, donde sentí que me llamaba a buscarlo para encontrar respuestas, y desde entonces mi relación con Él cambió por completo. Para reinventarme tras eso, lo más difícil fue mantener una postura ante el mundo de «sí puedo y lo voy a lograr», apostando todo por mi proyecto y volviendo a creer en mí.

¿Qué sientes al ver que tu nombre ya es una marca reconocida en la ciudad?

Me veo y digo que todo ha valido la pena, cada esfuerzo y cada trasnocho. Estoy aquí por algo; Dios me ha tenido con un propósito muy grande de mostrarles a los jóvenes que sí se puede y al mundo que en la industria de la belleza también puedes crecer. Tras siete años como empresaria, confirmo que ha valido totalmente la pena.

¿Qué ha sido eso que te motiva a nunca darte por vencida?

Mi mente, mis sueños y el no ponerme límites en la cabeza. A pesar de que hoy pienso mucho más las cosas antes de decidir, mi motor sigue siendo esa visión de no tener límites y saber elegir muy bien en dónde voy a invertir mi tiempo y mi esfuerzo.

¿Cuál es esa verdad sin filtro que le dirías a alguien que quiere emprender pero tiene miedo?

El miedo todo el tiempo va a estar ahí y creo que es parte del impulso; al tomar cualquier decisión siempre piensas «¿y si no funciona?», porque somos los primeros en sabotearnos. Lo más importante es tener la convicción en ti misma de que va a funcionar.

¿Qué define la esencia de cada uno de tus proyectos?

En Thali Studio tenemos dos sedes con experiencias distintas: Camoruco es la energía total, donde pasan muchas cosas al mismo tiempo con secadores y movimiento; en cambio, la del Hotel Inter es un espacio más íntimo, calmado y relajado. Por su parte, Red Beauty nació para ofrecer cursos grupales con mayor comodidad y brindar una experiencia de belleza más amplia. Su gran diferencial es la asesoría real: no vendemos por vender, sólo te recomendamos productos que yo misma probé y usé, garantizándote que realmente te van a funcionar.

¿Qué diferencia a Thali Studio de otros estudios de belleza en Maracaibo?

Nuestro plus es la calidad y el profesionalismo en todos los servicios, cómo te sientes bien atendida y en confianza. Las clientas son para nosotros lo primero. Además, trabajamos con tu autoestima para que te vayas sintiéndote mejor de como llegaste. Qué bueno que la ciudad se haya abierto mucho más al mundo de la belleza, porque las personas pueden elegir y el hecho de que nos sigan eligiendo es parte de la excelencia.

¿Qué te motiva a dar el máximo en tu día a día?

Las mujeres, porque quiero siempre que las mujeres de mi ciudad y las que me visitan se sientan cada vez mejor. Eso en cuanto a mis clientas. Y a mí como persona, me motiva el seguir por delante de mis sueños.

¿Quiénes son tu refugio y recarga de energía en un ritmo de vida tan acelerado?

Mi familia, sin duda, y la familia que hoy estoy creando porque estoy recién casada, además de mis amigas. Y, por supuesto, el principal de todos es Dios: mi casa y la iglesia son esos espacios especiales de desahogo y desconexión para volver a reconectar.

¿Cuál principio guía tus decisiones más difíciles?

«Nada es imposible para Dios». Esa es la frase que me ha acompañado durante todo este tiempo.

¿Cuál meta o sueño te ilusiona para los próximos meses?

Siempre me ilusiona la meta de diciembre, que es nuestro mes más importante. Queremos superar cada año atendiendo a la mayor cantidad de mujeres posible y que salgan bellas. También me gustaría que Thali Studio cruzara fronteras, que estuviera en otra ciudad o en otro país, pero conservando la misma esencia.

Más allá de la estética, ¿qué buscas en cada mujer que se sienta en tu silla?

No solo yo, sino todo mi equipo trabajamos con la autoestima. Una de nuestras premisas es que tú ya eres bella; nosotras únicamente vamos a resaltar eso que eres. Para mí como maquilladora el objetivo es acompañarte y consentirte en esos momentos alegres e importantes que vas a vivir, como me ha tocado con tantas novias. 

¿Cuál ha sido tu mayor aprendizaje en el mundo del maquillaje?

Una vez atendí a una doctora que se iba a tomar unas fotos profesionales y tenía años sin maquillarse. Hice las preguntas pertinentes y me pidió algo suave. Cuando terminé y se vio, casi llora; me dijo: «hace tanto tiempo que no me sentía yo, que no me sentía mujer». En ese momento me di cuenta de que a veces uno hace el trabajo en automático sin ver que cada mujer es un mundo, una historia, y que viene con situaciones difíciles. Descubrir que el maquillaje puede cambiarte el ánimo y hasta el ritmo de vida ha sido una de las lecciones más gratificantes de mi carrera.

Publicado en la revista impresa EntreSocios (Edición 181)

Fotografías: Will Quast (@willquast)
Maquillaje y estilismo: Deisy Linares (@deisylinare) y Thali Briceño (@soythali)
Estilismo de moda: Alfred Yépez (@alfred.yepez) y Titty Rincón (@tittyrincon)
Producción audiovisual: @iamdawv

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