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Ernesto García Mac Gregor:“No cambiaría nada en mi vida”

Jairo Márquez Lugo · 8 oct 2025

Ernesto García Mac Gregor:“No cambiaría nada en mi vida”

Ernesto García Mac Gregor recibirá este año el Doctorado Honoris Causa de LUZ

Texto: Jairo Márquez Lugo / Fotos: Eugenio Duarte

Escribir sobre Ernesto García Mac Gregor es hacerlo sobre uno de los personajes más conocidos de la ciudad, dentro y fuera del país. Su protagonismo se debate entre su perfil como médico reumatólogo, historiador, escritor y articulista de opinión. A sus 68 años se considera un hombre afortunado, satisfecho.

“Estoy tan contento con lo que hago y cómo lo hago que no dejo de sembrar aunque esté recogiendo la cosecha. Tengo ansias por enseñar todo lo que he aprendido en mi desarrollo profesional. No cambiaría nada en mi vida. Todo lo haría igual”, afirma con plena convicción.

Éste es nuestro segundo invitado para la sección En Íntimo, la cual se estrenó en la pasada edición con la artista plástico Ana María Amado Cupello. Ahora, García Mac Gregor nos abre las puertas de su casa y alma para contarnos sobre su vida, todo con la indiscutible carga de humor e ironía que lo caracteriza.

Su entrevista luce pertinente tras conocerse recientemente la noticia de que este año recibirá el Doctorado Honoris Causa por parte de La Universidad del Zulia, casa de estudios de la cual es su egresado y profesor. La merece también por haber sido designado “Maestro de la Reumatología Panamericana” por parte de la Liga Panamericana de Asociaciones de Reumatología (Panlar, por sus siglas en inglés), el pasado mes de agosto. Es el segundo venezolano en recibir tal distinción, después del galeno caraqueño Isaac Abadí.

¿Por dónde comenzar? He ahí la gran pregunta, pues nuestro invitado especial nos concedió casi tres horas de entrevista en la intimidad de su estudio, lugar de fabricación de todos sus productos intelectuales. Del total de este tiempo, más de la mitad se consumió entre anécdotas de un personaje que, como reza el dicho, vive para contarlas.

-¿De dónde provienen sus apellidos?

-Los primeros García llegaron a Perijá desde España, específicamente a la Villa del Rosario, en el año 1.732. Escribí un libro llamado “Los García de Perijá” donde indico incluso el nombre del barco en el cual desembarcaron. Mac Gregor es un apellido de origen escocés que llegó a Maracaibo en 1.850. Tengo el árbol genealógico de ambas familias a partir de su arribo a Venezuela.

-¿Siempre vivió en Maracaibo?

-No. Durante mi niñez estuve varios años en Colombia y Estados Unidos. Mi hermano estudió medicina en Bogotá, pero no pudo culminar la carrera y nos regresamos a Venezuela.

-¿Por qué decidió ser galeno?

-Mi papá siempre quiso que fuera médico; por ello me regaló muy joven una placa para colgar en la puerta de mi habitación – la cual aún conservo-, donde se lee “Dr. Ernesto García Mac Gregor”. Además, me sentía atraído por la profesión. De niño solía agarrar animalitos y disecarlos. Lo que no me gustaba era la matemática. No la entendía y no la entiendo aún. Después de 2 y 2 son 4 y 4 y 2 son 6 me pierdo.

-¿Tenía verdadera vocación por la medicina?

-Sí, y ello facilitó el aprendizaje de tantos conocimientos. La vocación me permitió razonar todo de manera más fácil. No fue el caso de Oswaldo Alvarez Paz (ex gobernador del Zulia), quien comenzó la carrera conmigo y siempre me decía “chico, a mí esto no me entra”.

-¿A qué edad se graduó?

-A los 24, pero no fue fácil. Cuando tenía 20 años murió mi mamá de un infarto y la familia se separó, pues mi papá –visiblemente afectado- se fue a vivir donde una tía y yo donde uno de mis hermanos, que también falleció después producto de un aneurisma cerebral. Regresé a la casa con mi papá; él sufrió un accidente en Caracas, quedó malherido y tiempo después murió acá en Maracaibo. Fueron tres pérdidas muy fuertes. Me tomé un año de reposo y luego proseguí con los estudios hasta obtener el título de Médico Cirujano en LUZ.

-¿Cómo lo condujo la vida hasta la Reumatología?

-Pertenezco a la primera promoción de Medicina Interna del estado Zulia. Esa fue mi primera especialidad. Durante la escolaridad conocí unos casos de artritis que para aquella época no tenían solución, pues nadie sabía cómo tratarlos. El doctor Alfredo Bemergui, colega, amigo y profesor, me propuso ir a Estados Unidos a estudiar Reumatología. Fui el segundo venezolano en hacerlo, después de Isaac Abadí.

-¿Qué tal su estadía en Norteamérica?

-Tenía la ventaja de que ya había vivido allá y dominaba el inglés desde niño. Estudié en la universidad de Cornell, en Nueva York, y en un hospital muy selecto. Fue difícil entrar, pero me ayudó el interés de la Organización Panamericanade la Salud en promover la especialidad fuera de ese país. Me fui con una beca del Concejo Municipal de Maracaibo que nunca llegó. Yo que siempre había sido un burgués estaba pasando hambre. Fui a un gastroenterólogo por un dolor de estómago sin saber que lo que tenía era hambre. Me salió una novia en aquella época y estuve de chulo para sobrevivir (risas).

-¿Con qué se alimentaba?

-Recuerdo que lo que más comía era un pan canilla untado con pasta de anchoas, pero por partes. Digería un poco y el resto lo guardaba en el congelador. Era tan pobre que en invierno me la pasaba corriendo por las calles para no helarme, pues no tenía cómo comprar abrigo. Los médicos que me veían en la calle comentaban sobre mi espíritu y contextura atlética, sin saber lo que en realidad estaba pasando.

-Tengo entendido que estando en Nueva York se inspiró para escribir “Verdades Dolorosas. ¿Por qué somos así?”. Cuéntenos sobre eso.

-Viviendo en Estados Unidos comencé a darme cuenta que los venezolanos no somos tan famosos como decíamos. Mencionaba los nombres de Rómulo Gallegos y Humberto Fernández Morán y nadie los conocía. Veía recortes de prensa diciendo “Triunfa Lila Morillo en Nueva York”, cuando en realidad se había presentado en un lugar de menor categoría y no era famosa. Somos muy “farfullos”. Acá no fabricamos nada, si acaso ensamblamos. Los gringos nos llevan muchos años de desarrollo. El Empire State fue inaugurado en 1.931 y lo hicieron en 19 meses. En esa época levantaron un edificio capaz de llevar agua hasta el piso 102 cuando acá lo que teníamos era gente llevando el agua en burros y calles de arena. Estaba imbuido en la Venezuela del 3,35 y del 4,30 (bolívares por dólar), del ta’ barato dame dos. Me costó aceptar la realidad y por eso escribí mi primer libro.

-¿Tuvo la intención de desarrollar paralelamente una carrera como escritor?

-Disfruto mucho escribir. Es mi pasión. Vivo metido en la computadora, al mediodía, en la noche o cuando sea. Una vez llegó mi hija Sofía a la casa como a las cuatro de la mañana, me encontró escribiendo en el estudio y me reclamó. “¿Tú estás loco? ¿Qué haces aquí a esta hora, pegándole un susto a la gente? ¿Tú no duermes?”, me dijo. En vez de regañarla por aparecerse en la madrugada fui yo el regañado (risas).

-¿Del primer libro salieron sus artículos de opinión?

-Sí. Comencé a publicar en el diario Panorama una columna fija llamada “Verdades Dolorosas”, en la cual escribía todo aquello que necesitaba expresar. Hay que decir las verdades. “Verdades Dolorosas” es una especie de bofetada que doy para que la gente se despierte. Hay quienes dicen que muchas de estas cosas sólo las puedo decir yo sin que nada me pase, pues en boca de otros serían distintas las consecuencias.

-¿En cuantos problemas se ha metido por lo que ha dicho o escrito?

-Una vez me dijo el historiador Kurt Nagel von Jess, quien es mi vecino, que su casa va a arder cuando le prendan fuego a la mía. Una vez me encontré al presidente del Partido Comunista en el Zulia luego de haber escrito un artículo totalmente anticomunista. Dijo que quería conocerme porque admiraba mis columnas, y esa en particular le había hecho reír. Me dio la razón cuando escribí la siguiente frase: “Haber sido comunista es un error. Serlo hoy en día es una estupidez”. Esto demuestra que se puede lograr una conversación inteligente entre dos personas con posiciones antagónicas. A lo largo de todos estos años he aprendido que cada persona es un mundo, y que sus creencias y opiniones son respetables. El problema de mucha gente es que no se abre a nuevas ideas, aunque sean razonables, pues las rechaza de plano sin siquiera escucharlas.

-¿De qué manera ha combinado la medicina con la escritura?

-Haber sido nombrado Maestro de la Reumatología Panamericana requería el cumplimiento de ciertas condiciones, como por ejemplo tener logros fuera de lo común, cierta edad, más de 30 años de ejercicio, ser profesor universitario y escritor de libros. En mi caso llevo seis. Todos los meses publico en Internet un boletín de Reumatología que ya tiene seis años, a un directorio entre 250 y 300 colegas de todo el mundo. No por ser un texto científico dejo a un lado el humor y sarcasmo.

-¿Cómo desarrolló paralelamente la carrera como historiador?

-Lo hice partiendo de la misma curiosidad, preguntándome de dónde venimos y por qué somos así, especialmente en nuestra ciudad. Tengo varios libros de historia, como por ejemplo “Maracaibo y los 400 años del Hospital Central”, “Historia de la Medicina en el Zulia” y “Club Náutico de Maracaibo 1.949-1.999”, a propósito de su 50 aniversario.

-¿Sobre qué escribe actualmente?

-Me llamaron del Náutico para complementar el libro sobre su historia con el período 1.999-2.009. También tengo un libro inédito sobre los tres primeros siglos de Maracaibo, incluso antes de la formación del Lago. El problema de ser historiador acá es que no hay fuentes primarias, sino sólo referencias. Una vez estuve investigando sobre un personaje que vivió en Maracaibo, de apellido Mc Pherson. Algunos decían que su tumba está en el cementerio El Redondo. Yo tenía información de que estaba en El Cuadrado. Llamé a Kurt Nagel para consultarle y tampoco sabía. La única forma de encontrar la verdad era yendo a estos cementerios. Kurt y yo fuimos a visitarlos un domingo en que todos sus hijos estaban de visita en Maracaibo. Cuando ellos se enteraron de nuestra misión, dijeron: “No nos dejen de llevar. El próximo domingo nos avisan” (risas).

Hurgando en el alma

Realmente es difícil llevar una entrevista entre tantas anécdotas, algunas reflexivas y otras divertidas. Intentamos retomar el control de la situación para adentrarnos en la personalidad del entrevistado, con buenos resultados para nuestra fortuna.

-¿Es usted religioso?

-¿Yo? Para nada. Dicen que fui fundador del Opus Dei en Maracaibo, lo cual no es cierto. Yo solo era el dueño de la casa donde ellos llegaron.

-¿Católico?

-Sí.

-¿Católico practicante?

-Mmm… No mucho.

-Mencione algún defecto suyo.

-Soy claustrofóbico y ansioso. Voy a cada rato al baño -algo más psíquico que prostático-, desde que era niño. Cuando me enfrento a un grupo de personas desconocido le advierto que voy con frecuencia al baño. Tengo además una pésima memoria. Debo usar a cada rato recursos memotécnicos para acordarme de ciertas cosas, y más con la edad. A veces temo salir a algún sitio porque me cuesta identificar los rostros de las personas, y me da pena no reconocerlas. En compensación tengo el raciocinio, la capacidad de ver las cosas de manera muy clara y simple, a veces tanto que la gente se sorprende con mis comentarios.

-¿Suele salir a divertirse?

-Me gusta ir a restaurantes, pero nada de sushi ni de sopitas. Soy de sabores fuertes. Más variedad, más tipo tapa.

-¿Bebidas preferidas?

-Soy “whiskero”, como buen escocés, pero nada de etiqueta azul o verde. Lo mío es el de ocho años. A mi me gusta el whisky “salao”.

-¿Qué le apasiona, además de su profesión?

-Viajar. He visitado muchos países alrededor del mundo excepto comunistas, para no pasar malos ratos. Lo interesante es involucrarse siempre con la cultura local a través de la curiosidad, para aprender siempre algo nuevo. París no se puede comparar con Nueva York, sin embargo, ambas ciudades son maravillosas, cada una en su estilo.

-¿Por qué después de viajar tanto y de vivir en el exterior no fijó residencia en alguno de esos países?

-Chico, porque tengo un asunto totalmente irracional con esta tierra… En una de esas navidades cuando pasé calamidades en Nueva York, lo único que tenía para pasar el 24 era un radio que me regalaron. Me desbordé en llanto cuando sintonicé una emisora latina con el tema “Venite pa’ Maracaibo” (risas).

-Cuéntenos cómo conoció a su esposa.

-Todo lo hice de manera planificada. Me gradué e hice la especialidad y subespecialidad entre Venezuela y Estados Unidos. Antes de regresar hice una gira por Europa, y llegué a los 31 años con la idea de casarme. Para esa época, un buen tipo que conocía –historiador pero alcohólico y medio brujo, porque leía la mano y el tabaco y vivía hablando con los espíritus- se la pasaba cantando “Isabelita, Isabelita… mujer bonita”. Yo le preguntaba quién era ella, y el me dijo “La mujer con la que te vas a casar”. No le presté atención hasta que un día me presentó a la tal Isabelita. Me gustó y le hice caso.

-¿Cuántos años se llevan?

-Tengo 14 más que ella. Cuando la conocí, apenas ella tenía 17. El suegro pensaba que mi interés estaba en Cristina, mi cuñada, quien es más contemporánea conmigo. Isabel era todavía una niña malcriada, y yo un médico de 31 años. A pesar de todo nos hicimos novios y al año nos casamos.

-¿La diferencia de edad tuvo alguna importancia en la compenetración como pareja?

-No. Nos ha ido muy bien.

-¿Cuál es la principal virtud de ella?

-Es muy práctica. Yo, al contrario, soy muy “enrollado”. Me complico por cosas en las que Isabel encuentra una solución fácil. La envidio. Casi ni duermo. Nunca he dormido bien, desde niño. Quizá cinco horas, cuando mucho. Me acuesto a las 12 de la noche luego de escribir, y si en la madrugada viene a mi mente una buena idea me levanto de la cama para escribirlo.

-¿Quién es Isabel para usted?

-Mi mitad. El matrimonio es como una tijera, que no funciona sin sus dos piezas acopladas.

Luego de esta agradable tertulia, don Ernesto –si así nos permite llamarlo- nos muestra parte de su hermosa casa, llena de rincones de descanso y familiaridad donde se respira ambiente a hogar. Antes de abrirnos la puerta para despedirnos, se cerciora de que su perro “Kron” esté encerrado y no nos haga una mala jugada. Una sonrisa y un apretón de manos sellaron ese momento, por demás interesante para quienes siempre estamos ávidos de conocimiento.

“Si me preguntan cuál es la mejor forma de educar a un niño, diría que debe enseñársele a hablar inglés. El inglés me ha abierto muchas puertas en el ámbito profesional. Otra ventana al conocimiento son los viajes, pero mezclándonos con la cultura local. La curiosidad es la base de la cultura. Quien no es curioso no puede ser culto”.

Prolífico

-Ernesto García Mac Gregor es hijo de José García Nebot (comerciante y cineasta aficionado) y Paulina Mac Gregor de García, al igual que Ricardo, Guillermo (ya fallecidos) y Belén. Está casado con Isabel D’Alta, con quien tiene dos hijas: Paulina y Sofía.

-Nació en 1940. Su primaria y secundaria transcurrieron entre Nueva York, Miami y el colegio Gonzaga, en Maracaibo. De LUZ obtuvo sus títulos de Médico Cirujano, Medicina Interna y Doctor en Ciencias Médicas. También hizo estudios de cuarto nivel en Nueva York, en las áreas de Medicina Interna y Reumatología.

-Es jefe de la Unidadde Reumatología del Zulia y Coordinador del Programa de Reumatología del Sistema Regional de Salud, además de profesor titular (emérito) de LUZ y director del Curso Asistencial del Postgrado de Reumatología.

-Es miembro de diversas sociedades científicas dentro y fuera del país, además de asociaciones culturales y sociales. Estuvo en la Junta Directiva del Club Náutico de Maracaibo entre 1.996 y 2.001. Ocupa el Sillón XXII de la Academia de Historia del Zulia, en calidad de Miembro de Número, y presidió esta instancia entre los años 2.003 y 2.005. Pertenece desde 1.997 al Centro Zuliano de Historia de la Medicina, como Miembro Titular de Número. Forma parte del comité asesor de la Biblioteca Públicadel estado Zulia.

-Escribe y ha escrito en revistas médicas indexadas y no indexadas, como coautor y autor principal, tanto en español como en inglés. Es columnista del diario La Verdaddesde 1998 y de su suplemento infantil “Tin Marín”, y tiene una sección fija denominada “Historia del Zulia” en la revista Ventana.

-Ha asesorado 23 trabajos científicos y ha participado en 15 trabajos científicos certificados.

Publicado en la revista impresa EntreSocios (Edicion No.57)

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