Jorge Galué, un médico cazador de triunfos

Es uno de los oftalmólogos más reconocidos de Venezuela
Fue docente de pregrado y postgrado y autor de numerosos trabajos científicos. Trajo a Venezuela intervenciones quirúrgicas desconocidas en su época, y hasta inventó varios de los instrumentos con los que aún opera. Es fundador y director gerente de la Clínica de Ojos, una de las instituciones en su tipo más prestigiosas de Latinoamérica. A sus 81 años se mantiene muy activo, llevando a su familia palomitas y patos que atrapó en el monte o el fruto de un día de pesca. “Nunca llegué a pensar que llegaría a esta edad, y de tal forma”, admite.
Texto: Jairo Márquez Lugo
A lo largo de sus 81 años, Jorge Antonio Galué Urrutia ha demostrado gran puntería. No es sólo uno de los mejores oftalmólogos de Venezuela y patriarca de una familia de 26 personas –entre esposa, hijos y nietos-, sino también un cazador y pescador nato, que captura a sus presas para sacarle siempre el mejor provecho.
Él es uno de los cuatro fundadores de la Clínica de Ojos, institución zuliana que cuenta con 45 años de trayectoria y atiende hasta 400 casos mensuales provenientes de todo el país, incluso del extranjero (Colombia, Aruba y Curazao). Allí se mantiene como director gerente y padre de cuatro hijos –de ocho en total- que heredaron su talento en las ciencias médicas oftálmicas.
Haciendo un rápido balance de su vida, se dice feliz en todo sentido por sus logros en el ámbito familiar y profesional. “Nunca llegué a pensar que llegaría a esta edad, y de tal forma”, admite.
Bien preparado
Él es uno de los nueve hijos del matrimonio entre Francisco Antonio Galué y Georgina Urrutia de Galué -seis hembras y tres varones-, y llegó al mundo a través de la capital zuliana, un 10 de octubre de 1929. Sus apellidos tienen origen europeo, específicamente irlandés y vasco. “Todo Galué nacido en Venezuela viene de Maracaibo”, revela sobre su árbol genealógico.
Desde muy joven sintió inclinación por la Medicina, y por eso se apoyó en su padre para ingresar a la Universidad de Los Andes, en Mérida, no sin antes casarse con María Aurora De Jesús de Galué, en 1957, quien hoy en día sigue a su lado.
“Como dicen por ahí, amor de lejos, amor de pendejos (risas)… Tomamos la decisión de contraer matrimonio para que no nos afectara la distancia y todo resultó muy bien, pues ella me ayudó a sobrellevar las vicisitudes de quien se aleja de su casa en busca de un futuro mejor”, relata.
María Aurora no sólo le acompañó en la capital merideña, sino también en Nueva York, donde hizo un postgrado de Oftalmología en el New York Hospital. El regreso a Venezuela luego de la experiencia norteamericana fue corto, pues inmediatamente ganó una beca para hacer otro postgrado similar en el Centro de Oftalmología Barraquer, en Barcelona (España), uno de los más prestigiosos de esta especialidad en el ámbito mundial.
“En Barraquer”, dice, “tuve la oportunidad de atender a reyes, a los mejores cirujanos del mundo, a mucha gente importante que sólo confiaban en ese instituto. En mi práctica profesional he tomado lo mejor de cada escuela, tanto la estadounidense como la española. En el New York Hospital, por ejemplo, sólo se tomaban dos puntos en las operaciones de cataratas. Me gustó más el método de Barraquer, pues el número de puntos aumentaba hasta seis o siete y se minimizaba así la posibilidad de que se saliera la pupila en el postoperatorio”.
Paralelamente al crecimiento de su reputación iban naciendo sus hijos. Jorge Enrique, Ricardo, Reinaldo y Alexander son quienes heredaron su vocación y le acompañan en la Clínica de Ojos, al igual que Fernando, quien es optometrista. Georgina es odontóloga, y Francisco y Alfonso ingenieros. Entre todos le han dado 17 nietos, uno de los cuales también sigue los pasos del abuelo. “Nada de bisnietos, porque ahora las mujeres tardan más en casarse”, agrega entre risas.
Inventor e investigador
Los méritos profesionales del doctor Galué tienen varias aristas.
Fue fundador de una clínica pionera en Maracaibo en momentos cuando los oftalmólogos debían carretear con sus instrumentos quirúrgicos entre el Hospital Coromoto y el Centro Médico de Occidente y esterilizarlos en un lado u otro.
Hoy, no duda en afirmar que la Clínica de Ojos es la mejor en su tipo en Venezuela, pues cuenta con aparatos únicos en Latinoamérica (entre ellos el rayo láser selectivo) y seis pabellones. Allí atienden 96 médicos, 14 de los cuales pertenecen a la plantilla interna de la institución –incluyendo a sus hijos, que tienen diversas especialidades dentro de la Oftalmología-.
Otra de sus proezas es la de haber introducido en Venezuela intervenciones quirúrgicas no vistas en su época y suturas de una delgadez nunca antes vista en el país.
No conforme con estas innovaciones, instaló un taller en su casa –la misma desde hace más de cuatro décadas- para inventar unos 30 instrumentos quirúrgicos oftalmológicos, algunos de los cuales aún se emplean a pesar del avance de la ciencia.
“Entre más sencillo sea un instrumento quirúrgico mucho mejor, pues se trabaja bien. Yo inventé un gancho para extracción de lente luxado que de vez en cuando me piden, y también unas cánulas de acero inoxidable para extraer cataratas. Ninguno de esos inventos los he patentado, aunque todo el mundo me ha dicho que lo haga”, relata.
Todo este conocimiento lo vertió durante tres décadas entre cientos de alumnos, como docente de pregrado y postgrado de LUZ, y además en numerosos trabajos científicos publicados en revistas especializadas. Destacan sus investigaciones sobre el glaucoma, que concluyeron con una operación que consiste en hacer un pequeño agujero dentro del ojo para que se pueda eliminar el líquido que dentro de él se acumula a causa de la enfermedad.
No se considera el mejor oftalmólogo de Maracaibo, sin embargo, trae a colación una anécdota que ilustra lo que opina de sí mismo. “Recuerdo a un visitador médico ya fallecido, de apellido Criollo, que me preguntó quién era el mejor cirujano de cataratas la ciudad. ‘Guillermo Pereira’, le contesté sin dudar. ‘Eso mismo me acaba de decir él sobre usted’, replicó Criollo (risas)”.

Hombre de mar y campo
El doctor Galué tiene suficiente edad para autojubilarse, sin embargo, prefiere trabajar a media máquina antes que colgar los guantes. Por eso, atiende a sus pacientes sólo de lunes a miércoles, a veces hasta 10 en un día.
“Hay gente”, expresa en su habitual tono jocoso, “que prefiere verse conmigo alegando que tengo más experiencia que mis hijos. Otros optan por ellos, diciendo que de seguro están más actualizados”.
Aunque asegura que mantiene un pulso perfecto y una visión 20/20 –gracias a sus lentes correctivos-, prefiere ahora participar sólo en algunas intervenciones quirúrgicas, como cataratas y trasplantes de córneas. Además, es un diabético controlado y en tratamiento. Y desde que su lema de vida es “cero estrés”, opta por darle cada vez más paso a las nuevas generaciones.
“Aquí en Venezuela”, explica, “no se llevan estadísticas sobre la tasa de supervivencia de los médicos, pero en Estados Unidos sí. Allá, un cirujano general tiene un promedio de vida de 48 años, pues su profesión es demasiado estresante y tiene altas posibilidades de sufrir un infarto. Los oftalmólogos estamos de quinto o sexto lugar en ese ranquin. Quienes menos se estresan son los dermatólogos”.
En ese ánimo de no dejarse embargar por el trabajo, se dedica de jueves a domingo a sus tres pasiones: caza, pesca y familia –o todas a la vez-.
Cuando de cazar se trata, toma alguna de las escopetas de perdigones de su ya reducida colección (las ha ido regalando con el tiempo) y junto a cuatro de sus hijos emprende la ruta hasta localidades como Crucecita (Falcón) o Sinamaica, donde dispara a palomitas o patos provenientes del norte.
Si el día es de pesca, va hasta una playa suya en El Moján para tomar una lancha y dirigirse a Punta Macoya (Falcón) o La Cañada. Al usar la caña de pescar, sus favoritos son el troleado, róbalo y sábalo; con la red puede atrapar hasta 50 kilos de camarón en una jornada. Alguna vez tuvo un yate y con él llegó al Golfo de Venezuela y Los Roques.
Quienes a estas alturas de la lectura piden compasión para las palomitas o patos, tienen a continuación una lógica explicación suya: “Desde sus orígenes, el hombre ha salido a cazar para procurar su sustento, y nosotros hacemos lo mismo. Todo lo que cazamos lo llevamos a la casa y es comido por toda la familia. Nos gustan mucho las palomitas. Ese es el cazador nato. De resto, no mato ni cucarachas. Ese es un pobre animalito que tiene derecho a vivir… (risas)”.
Sea cual sea el día de la semana, el doctor Galué emplea 20 minutos diarios para caminar. Prefiere hacerlo dentro de su casa, pues así puede andar sin camisa, como le gusta ejercitarse.
A su salud contribuye la inexistencia de vicios. Fumó sólo durante la época de estudiante universitario y nunca ha ingerido alcohol en abundancia. “Dos o tres whiskys, cuando mucho”, alega a su favor. Y prefiere ser un consumidor moderado, pues ello prolonga la vida según estudios médicos que él avala.
No sabe, en conclusión, a qué edad llegará. Lo que sí tiene claro es su deseo final: que la Clínica de Ojos pase de una generación a otra en las manos de un Galué.

Publicado en la revista impresa EntreSocios (Edición No. 77)
