Giuseppe De Pinto, presidente del Crowne Plaza Maruma Maracaibo

“Todo lo que me he propuesto lo he conseguido”.- Giuseppe De Pinto
En Intimo.- Este empresario es ícono de la colonia italiana en nuestra ciudad y símbolo de progreso, por darnos el único hotel cinco estrellas de inversión privada en el Zulia. Pronto inaugurará el Maracaibo Intercontinental, a orillas del Lago de Maracaibo, para consolidar junto al Maruma una oferta de más de 600 habitaciones de lujo. A sus 66 años no vislumbra ni a lo lejos la fecha de su retiro; prefiere seguir apostando por el país. “Cuando tenía seis meses en la ciudad juré no irme nunca de ella, y he cumplido. Venezuela es para mí un imán. A mí me entierran en este país”, afirma con orgullo patrio.
Producción: Titi Romero Pantin/ Texto: Jairo Márquez Lugo / Fotos: Eugenio Duarte

De las colonias extranjeras asentadas en Maracaibo, la italiana ha sido por lejos una de las más importantes para el desarrollo de nuestra ciudad en las últimas cinco décadas. El nombre de Giuseppe De Pinto Verni destaca entre ese grupo de hombres y mujeres que, a pesar de haber nacido a miles de kilómetros de acá, hizo suya esta tierra y la labró con el legítimo fruto de su trabajo.
“Llegué a Maracaibo el 21 de noviembre de 1.961, sin siquiera hablar español. Lo único que traje fue honestidad y mis ganas de trabajar. Venía de un país muy frío para los inmigrantes, como lo es Estados Unidos. Al entrar acá me recibieron con mucho calor humano. El venezolano es una persona muy alegre, noble, hospitalaria y servicial. Cuando tenía seis meses en la ciudad juré no irme nunca de ella, y he cumplido. Venezuela es para mí un imán. A mí me entierran en este país”, afirma con orgullo patrio.
De Pinto constituye una excepción de lujo para nuestra sección En Íntimo, pues nos ha concedido más de una hora de entrevista en la que alguna vez fue su casa más importante: el hotel Crowne Plaza Maruma Maracaibo. Las paredes de su oficina hablan por sí solas sobre una exitosa trayectoria empresarial de más de 40 años, al llevar a cuestas fotografías y reconocimientos que sintetizan una gran historia.
-¿Por qué dice que el Maruma ya no es su casa más importante?
-En principio lo era, cuando comencé a crecer desde el punto de vista empresarial. Lamentablemente, ese empuje hizo que no atendiera a mi familia como debía. Quizá hubiera sacrificado parte de mi éxito para dedicarle a los míos el tiempo que merecían. Aconsejo a los futuros empresarios no dejar a un lado la familia. No es un arrepentimiento; es sólo un pensamiento producto de una reflexión a mi edad, a los 66 años que tengo.
-¿Proviene usted de una familia pudiente o humilde?
-Humilde. Mis padres (Rita y Francisco) eran campesinos de un pueblo llamado Sannicandro Di Bari, donde nací el 21 de marzo de 1.943 – justo el día que comienza la primavera-. Dicen que los arianos somos constantes, perseverantes, sinceros y muy enamorados… (risas). Haciendo un análisis de mi vida, todo lo que me he propuesto tanto en lo material como lo personal lo he conseguido. Estos logros no han sido por obra del Espíritu Santo ni las loterías, sino por trabajo. Soy un hombre bastante positivo. No veo nada malo al frente.
-¿Cuántos hermanos tiene? ¿Han seguido sus pasos?
-Cinco: Miguel, quien trabaja conmigo y es otra columna vertebral del Maruma; Franco, un empresario radicado en La Victoria, estado Aragua; Mario, empresario acá en Maracaibo; y María Concetta y Antonio, quienes viven en Italia. Mis padres murieron ya hace un tiempo. Tuve la oportunidad de ver a mi madre seis meses antes de fallecer y me dijo: “Me voy muy feliz por todos ustedes”.
-¿En qué momento emigró a Venezuela? ¿Qué hizo antes de ese acontecimiento?
-En mi pueblo me dediqué a las labores del campo con mi familia, en una época donde nadie comenzaba a comer hasta que no estuvieran todos sentados a la mesa y donde sólo ingeríamos aquello que producíamos. No podíamos decir que tal alimento no nos gustaba, pues de seguro lo encontraríamos en nuestro plato al día siguiente. Esas costumbres persisten y son maravillosas, al igual que las fiestas populares. Estudié hasta tercer año de bachillerato y me fui de Italia en 1.959, a los 16 años, pues no quise tener el mismo destino que mi padre. En Sannicandro Di Bari no había oportunidades para triunfar. Permanecí en Estados Unidos por dos años; allí aprendí inglés y trabajé en las áreas de mecánica automotriz y construcción. Varias experiencias me hicieron madurar. Al cabo de ese tiempo me mudé a Maracaibo gracias a Miguel – que ya tenía cinco años acá- y un primo.
-¿Cómo fue su llegada a la ciudad?
-Recuerda que para esa época no estaba el puente, y viajé en ferry. Comencé a trabajar en el restaurante “Felipe” -propiedad de mi hermano- como mesonero. Al poco tiempo me enamoré de Maracaibo, por el calor de su gente.
-¿Alguna anécdota de aquellos momentos?
-Mi primera Navidad acá sucedió algo curioso. Me encontraba frente al restaurante cuando dos carros chocaron. Sus choferes salieron molestos a discutir y, de repente, veo que se abrazan. Ni sabía lo que decían pues no hablaba aún el español. Los dos se fueron muertos de la risa en el auto que aún podía andar. Mi hermano estaba allí, riéndose también, y le pregunté qué estaba pasando. “Los señores decidieron no pelear porque era 24 de diciembre, y se fueron a tomar unas cervezas”, me explicó. Cosas como esa no se ven en ninguna parte del mundo, así como también los abrazos de fin de año. Allí me pude percatar de la hermandad del venezolano.

“El empresario que piense que puede hacer todo sin ayuda está equivocado. La parte número uno de toda organización es el recurso humano. En el Maruma nos hemos ocupado mucho de atenderlo y cuidarlo. De comenzar con 47 empleados hoy tenemos más de mil, con un alto sentido de familiaridad y pertenencia”.
Emprendedor tenaz
Al poco tiempo de vivir en Maracaibo, Giuseppe De Pinto superó las barreras del idioma y se acopló a la ciudad como si de un coterráneo se tratara.
Luego de trabajar con su hermano decide probar suerte como mesonero en el restaurante Venecia, propiedad de Miguel Cardassi. Esta experiencia modeló su perfil de empresario y confirió los valores que le han hecho un hombre exitoso.
“Don Miguel”, recuerda con nostalgia, “me trató como a un hijo y siempre tuvo la intención de profesionalizarme, al tiempo que yo manifestaba mi deseo de aprender. Era un muchacho – soy todavía- muy valiente; no me paraba en nada. Dedicaba muchas horas al trabajo, más de las que debía, pero era por voluntad propia pues quería estar ocupado. No era por dinero”.
Tras un año de servicio lo nombran administrador del local, aunque con el mismo sueldo. No le importaban los ingresos sino adquirir las destrezas para manejar todas las áreas del restaurante, relacionarse con los clientes y prestar un buen servicio. “Allí descubrí que tenía una gran vocación de servicio, con amor y afecto al cliente. Por eso recibía más propina que los demás. Me sentía feliz”.
Cuatro años después se ausenta del restaurante durante algunos meses para atender un asunto que había dejado pendiente en Estados Unidos: su novia. Se casó con ella en 1.967 en Long Island, Nueva York. El frío de Norteamérica lo empujó de nuevo al calor de Maracaibo, con la diferencia de que regresaría a la ciudad con esposa y una nueva responsabilidad en su trabajo.
“Al poco tiempo de estar en Nueva York llamé al señor Cardassi para volver a Maracaibo, y me dijo: ‘Si regresas te entrego el restaurante. Estoy cansado de esta vaina’. Y acepté convertirme en copropietario junto con otra persona muy querida, don Giovanni Sullio. La experiencia me sirvió para comenzar a ver al futuro más a largo plazo que a corto plazo”, dice.
-¿Fue en ese momento que comenzó a pensar en el hotel?
-En efecto. El Gobierno daba muchas facilidades económicas para construirlos, con la condición de tener un terreno. Adquirí éste en 1.968, de cinco mil hectáreas, gracias a un crédito de don Emiro Fuenmayor. La construcción tardó cuatro años. Comencé a hacer realidad mi sueño en sociedad con el doctor Nerio Adrianza Rosales, quien fue presidente del Concejo Municipal, y mi hermano Miguel. Menos de una década después compramos las acciones del doctor Adrianza y nos quedamos Miguel y yo.
-¿Por qué eligieron el sur de la ciudad?
-Por varias razones. El metro cuadrado de terreno era más económico, y Maracaibo estaba demandando servicios hoteleros en este lugar por la instalación de la Zona Industrial y la inauguración del Puente sobre el Lago y el aeropuerto La Chinita. Era un punto estratégico, sin competencia y con una clientela cautiva del turismo industrial y comercial.
-¿Sigue funcionando ese punto?
-Sí, y ahora más con el Palacio de Eventos de Venezuela. Hemos dividido a la ciudad.
-¿Cuál ha sido la clave del éxito del Maruma?
-Arriesgar siempre y apoyarnos en la banca al momento de demandar financiamiento. Gracias a los créditos pudimos hacer las adecuaciones para formar parte de la cadena Crowne Plaza, hace ya dos años. Desnudamos al hotel para hacerlo de nuevo, pero valió la pena. Ahora tenemos un establecimiento de corte internacional, con muchas reservaciones desde el extranjero.
-¿Qué era el Maruma al comenzar y qué es hoy?
-En sus 36 años –cumplidos el pasado 24 de julio- ha desempeñado la misma función, sólo que al principio tenía 60 habitaciones y hoy más de 400. Nos hemos adecuado a la demanda, porque Maracaibo era una ciudad de 400 mil habitantes y hoy tiene más de dos millones, en una urbe industrializada y moderna. Estoy enamorado de mi organización. Con el Maruma y el Palacio de Eventos no sólo ganamos nosotros, sino todo el estado Zulia.
-¿Dónde más se concentran sus inversiones?
-Deseamos abrir antes de fin de año el hotel Maracaibo Intercontinental, a orillas del Lago. Será un establecimiento cinco estrellas netamente ejecutivo, menos familiar que el Maruma, con 255 habitaciones, 11 salones y un spa de categoría internacional. Está listo en un 90 por ciento, pero se deben cubrir todos los detalles y las normas internacionales de la cadena.
-¿Alguna vez ha disfrutado el Maruma como si fuera un huésped?
-Sí. Me he quedado más de una vez en las habitaciones. Siempre me siento como un huésped, para poder medir la calidad del servicio. Voy al bar y hago lo mismo.

-¿Paga su consumo?
-No. Firmo nada más (risas).
-¿Cuál es el área del hotel que más le agrada?
-El restaurante La Péntola. Tiene un ambiente muy bonito. Suelo sentarme al lado de la barra, donde tengo mi silla y tomo mi copa de vino o un whisky. A veces lo hago solo, aunque no soy un hombre solitario.
-¿Qué hace cuando está solo?
-Pienso en mis nietos, la situación del país, en mis viejos… Siempre consulto con ellos.
-¿Usted escucha la voz de sus padres? ¿Le hablan?
-Sí señor.
Retrato íntimo
Del capítulo anterior quedó inconclusa la historia sobre quién era esa mujer que hizo regresar a Giuseppe De Pinto a Estados Unidos. Su nombre es Virginia Cusatti.
“Era (y es todavía) una señora muy linda y preciosa. Somos una gran familia aunque no vivimos juntos. Es la mamá de mis hijos y la quiero mucho”, expresa.
Con ella concibió a Frank, representante de una línea de computación internacional; Rita, gerente del Palacio de Eventos de Venezuela; Vicente, encargado del área de compras del Maruma; Miguel, encargado del área de compras del Maracaibo Intercontinental; y Gian Franco, quien acaba de egresar del bachillerato y estudiará Administración. Entre todos le han dado cinco nietos.
“Me casé de nuevo hace casi 16 años. No tengo hijos de este matrimonio con Aglae de De Pinto, pero he asumido como míos los de ella”, acota como punto de información sobre su vida familiar.
-¿Tiene tiempo libre? ¿Qué hace con él?
-Hasta ayer siempre estaba de lleno en el Maruma, pues disfruto y gozo mi trabajo. Ahora permanezco más tiempo en mi casa. Siempre he tenido el don de desconectarme por completo de los asuntos laborales al entrar en mi hogar. Hoy me tomo más tiempo libre y lo disfruto viajando, en familia o entre amigos. Claro está, no puedo desligarme del hotel. Tengo una “pega pega” con él.
-Cuando viaja, ¿cuáles son sus destinos favoritos?
– Me encanta Estados Unidos por su comodidad, seguridad y porque se consigue de todo allí. Una vez al año vamos a Europa, y siempre regreso a mi pueblo. He recorrido casi todos los países de Latinoamérica. Estoy planificando un viaje con mi esposa a México, pues ella no conoce ese país. Me encanta viajar con ella. Si voy solo estoy de regreso lo más pronto posible.
“Otros negocios se han quedado atrás; en el Maruma nosotros hemos tenido el valor de invertir y lo seguiremos haciendo. Creemos que Venezuela es un país que seguirá adelante”.
-¿Cuál es su criterio de selección a la hora de hospedarse en otro país?
-Generalmente acudo a los hoteles de las cadenas Holiday Inn, Intercontinental y Crowne Plaza, que son cuatro mil 500 en el mundo y me dan buenos descuentos. Eso es importante considerando que quedarse en un hotel como el Maruma en Europa puede costar unos 500 euros la noche. No sólo es un asunto de precio, sino de poder compartir experiencias con los gerentes de otros hoteles de las cadenas.
-¿Cómo disfruta el tiempo en casa?
-Viendo televisión, conversando un poco y jugando con mi perrito. Me gustan las películas con contenido real, nada de ciencia ficción. Leo muy poco, peros siempre quiero estar al día con las noticias.
-¿Preferencias culinarias?
-Paso todas las gastronomías menos la árabe. Me cae pesada. La china me encanta, la española me fascina y la italiana ni hablar. Pero recuerda que no soy exquisito, que de niño me enseñaron a comer de todo.
-¿Qué religión profesa?
-Católica, pero no me doy golpes de pecho. Ocasionalmente voy a misa. Creo que se deben respetar todas las creencias. Es absurdo afirmar que se es ateo.
-¿Playa o montaña?
-Prefiero la playa por encima de la montaña. Me encanta Tucacas y pronto voy a Aruba.
-¿Ha hecho vida de clubes en la ciudad?
-Realmente no. Ni siquiera pertenezco a la Casa D’Italia, cosa que me han criticado algunos paisanos y con razón. Lo que pasa es que mi club está aquí, en el Maruma.
En perspectiva
A su edad, Giuseppe De Pinto no vislumbra ni de lejos el día de su retiro, sin embargo, ha preparado a sus sucesores con lo mejor que sabe hacer: trabajar.
“Todo lo que mis hijos llegarán a tener lo pueden perder. A quien se le da todo no desarrolla nada en la cabeza, pues no sabe trabajar. Hay que trabajar toda la vida. Si me quedo tres días en la casa me vuelvo loco o me botan”, exclama entre risas.
¿Alguna última voluntad?, le preguntamos, y dijo: “No. Quiero ser útil hasta el último momento, así sea de consultor”.
Publicado en la revista impresa EntreSocios (Edición No.175)
