Tailoring Sin Reglas: Cómo la Gen Z Redefinió el Estilo


Para algunas generaciones, vestirse bien ha sido una elección. Para otras, una exigencia. La sastrería ha sido más que una técnica de confección: ha funcionado como un lenguaje de poder, un recurso de diferenciación y una estrategia de posicionamiento en espacios de autoridad.
Con la Met Gala 2025 y su tema “Superfine: Tailoring Black Style” entendimos que las decisiones que se han tomado en la moda nunca han sido casualidad. La puesta en escenda del dandismo negro nos mostro que, en tiempos de oscuridad, utilizaban la vestimenta para reafirmarse en un mundo que a menudo les negaba la dignidad.
En 1966, Yves Saint Laurent presentó Le Smoking, un traje pantalón elegante de noche. Dos años más tarde aún grandes revistas de moda seguían haciendo referencia a que lamentaban que los trajes pantalón de Yves Saint Laurent contribuyeron a la “destrucción” de las normas de género. En la década de los 70, irónicamente, el uniforme favorito de la mujer liberada y con carrera pasó a ser el traje pantalón de poliéster con zapatos de plataforma.
En la década de los 2010s, un mundo que aún no conocía otras formas de liderazgo que nos fueran las masculinas, popularizó otra vez los trajes para mujeres con la ola del #Girlboss usándolos como instrumento para ser vistas y sobre todo, reconocidas.
La carga política de un pantalón
A lo largo de la historia, la ropa ha abierto puertas que las palabras no podían. La confección de un traje ha representado algo más que estilo: ha sido símbolo de posición, autoridad y respeto. La sastrería tradicional, profundamente arraigada en la moda masculina, fue por mucho tiempo un código exclusivo de los hombres en espacios de decisión. Las mujeres que ingresaban a estos círculos recurrían al tailoring como una herramienta para ser tomadas en cuenta, al principio emulando el estilo masculino para integrarse en estructuras de poder que, hasta entonces, les habían sido negadas. Luego, haciéndolo nuestro.
Pero mientras las décadas pasadas estuvieron marcadas por la apropiación de códigos masculinos, la Gen Z ha redefinido la sastrería desde una perspectiva más fluida y adaptada al individuo. Los cortes rígidos han dado paso a estructuras relajadas, y la necesidad de encajar dentro de normas tradicionales de vestimenta ha sido reemplazada por una exigencia de autenticidad.
Además, la sastrería ha trascendido la división de género. Ya no es un código masculino adoptado por mujeres para ingresar a espacios de poder, sino una manifestación de identidad que se adapta a cada individuo. La confección clásica convive con la fluidez moderna, creando una sastrería que es, ante todo, personal.


Tailoring the New Era
Entre más se asemeja algo a un uniforme, más se aleja de la moda. La expresión es una manifestación intrínseca a la moda, las etiquetas ya se nos quedaron pequeñas. Las imposiciones coartan la creatividad y nos alejan de nuestra autenticidad al vestir. El uniforme de autoridad impuesto por la tradición se ha convertido en una herramienta de expresión personal.
Lo que alguna vez fue una estrategia para acceder a espacios de poder, hoy es una elección de estilo que refleja una nueva era de autenticidad, fluidez y redefinición del lujo. La fluidez nos acerca a la perfección; saber reconocer los cambios nos hace audaces. Nos vuelve chic.
Publicado en la revista impresa EntreSocios (Edición No. 175)
