La sabiduría del cuerpo, y por qué no siempre tiene la razón

Seguramente has escuchado muchas veces la frase: “escucha tu cuerpo”, yo misma la he repetido bastante. Y sí, “escuchar al cuerpo” es esencial porque nos ayuda a mantenernos en equilibrio tanto físico como emocional, pero ¿eso significa que debemos obedecer siempre a lo que nuestro cuerpo “pide”?
Escuchar no es obedecer: la escucha consciente
Cuando estamos escuchando el cuerpo, lo que estamos es notando lo que sentimos. El cuerpo se comunica a través de señales, por eso sentimos hambre, cansancio, dolor, tensión, bienestar, pero estas sensaciones no son órdenes que obedecer, sino mensajes que buscan guiarnos.
La neurocientífica Nazareth Castellanos dice: “El cuerpo sabe lo que la mente aún no se ha dado cuenta”. De hecho, desde que vemos algo hasta que somos conscientes de ello pasa aproximadamente medio segundo, y en ese corto tiempo ya nuestro cuerpo pudo haber generado una reacción automática, tal vez liberando adrenalina ante una amenaza o tensando los músculos.
Reaccionar o responder: el arte de equilibrar cuerpo y mente
Nuestro cerebro tiene partes que evolucionaron para reaccionar rápidamente y otras que se toman más tiempo para analizar y responder. La primera, más primitiva, está diseñada para protegernos: es la que activa las reacciones automáticas como huir, pelear o congelarnos frente a lo que percibimos como peligro. La segunda, más avanzada, nos permite procesar, interpretar y elegir una respuesta alineada con lo que realmente queremos.
Esta es la belleza de la evolución, mientras una parte del cerebro actúa rápido para protegerse y sobrevivir, la otra nos da espacio para pensar conscientemente y con más claridad.
Por eso, aunque escuchar al cuerpo es esencial, complementarlo con la sabiduría de la mente consciente es igual de importante. Así, logramos actuar desde el equilibrio: reconociendo nuestras reacciones, pero eligiendo cómo queremos responder.
¿Cómo escuchar conscientemente al cuerpo?
1. Pon nombre a las emociones detrás de las sensaciones
Cuando sientas algo en el cuerpo, pregúntate: ¿Qué emoción hay detrás? Por ejemplo, si sientes hambre pero sabes que también algo que tiene ansioso, lo más probable es que sea hambre emocional, un mecanismo para desconectarte o “escapar” de esa ansiedad.
2. Deja que la respiración te guíe
La respiración es el puente entre la mente y el cuerpo, es un reflejo de nuestro estado interno. El maestro T.K.V. Desikachar decía: “la calidad de nuestra respiración expresa nuestros sentimientos internos.” Obsérvala: ¿es superficial, profunda, rápida, lenta? Usar la respiración como brújula te dará pistas sobre tu estado emocional.
3. Conecta a través del movimiento:
Moverte conscientemente, como al practicar yoga, haciendo estiramientos suaves o simplemente caminando lento, te conecta con tus sensaciones corporales, si por ejemplo tienes alguna tensión, rigidez, etc. Esto ayuda a entrenar tu “interocepción”, que es la capacidad de percibir y entender las señales internas de tu cuerpo, como la respiración, los latidos del corazón o incluso tu estado emocional.

4. Incluye prácticas de mindfulness:
Hacer meditaciones enfocadas en el cuerpo, como la práctica de «body scan”, te ayudan a afinar tu capacidad de escucha y a fortalecer también tu sentido de “interocepción” y tu conexión con el cuerpo. Dedicando tan solo 10 minutos al día, puedes empezar a notar cambios.
5. Familiarízate con tus patrones:
Tu cuerpo tiene una forma de reaccionar ante ciertas situaciones. Por ejemplo, quizá sueles tensar los hombros cuando estás estresado, o puedes sentir un vacío en el estómago cuando estás nervioso. Conocer estos patrones te ayudará a identificar cuándo y cómo reacciona y a entender e interpretar mejor las señales de tu cuerpo.

El arte de encontrar el equilibrio
Escuchar a tu cuerpo no significa seguir cada impulso, sino abrir un diálogo con él. Es aprender a bailar entre el instinto y la reflexión, entre lo que sientes y lo que realmente necesitas.
El equilibrio se encuentra entonces en escuchar al cuerpo como un guía, pero dejando que la mente actúe como un mediador. Al final, el equilibrio entre cuerpo y mente pueden ayudarnos a responder en lugar de reaccionar, actuando desde un lugar más consciente y alineado con lo que realmente queremos.
Cuando logramos ese equilibrio entre lo que sentimos y lo que elegimos, podemos actuar con más claridad, cuidarnos mejor y vivir más alineados con quienes realmente somos.
Publicado en la edición No. 173 de la revista impresa EntreSocios (diciembre 2024)
