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Nina Guimerá: “Soy mucho más que una muchacha con seguidores”

Reina Carreño Miranda · 3 ene 2024

Nina Guimerá: “Soy mucho más que una muchacha con seguidores”

Aunque muchos la conocen por sus ocurrencias y reflexiones en redes sociales, pocos saben que su historia se forjó con constancia, esfuerzo y mucho humor.

CRÉDITO: Reina Carreño Miranda

Cuando hace siete años Nina Guimerá salió de su Maracaibo natal, rumbo a Estados Unidos, se llevó en la maleta personal un bien preciado que le serviría para abrirse paso frente al mundo: su sentido del humor.

Aun para quienes no la conocen, tan solo pasear un rato por su cuenta de Instagram significa reconocer que Nina tiene siempre bajo la manga, no un as, sino un comentario jocoso, una historia o una contagiosa carcajada.

Esta maestra de escuela eligió reinventarse y, por qué no, mostrarle cómo lo hizo a sus más de 740 mil seguidores, quienes se divierten con sus ocurrencias, pero también reflexionan con su ejemplo.

Así, en una nueva tierra, con una hija a quien criar, sin dominar el idioma y sin conocer su nueva ciudad, Nina empezó una nueva vida en Atlanta el 21 de mayo de 2016.

Hoy, dos mil setecientos y pico de días después, Nina reflexiona sobre el alcance de sus palabras y acciones. Esto, luego de comprobar que algunos de sus amigos emprendedores, tras recomendarlos en sus redes sociales, lograron mayor proyección y hasta abrir sus propios negocios.

“Muchas personas me califican como influencer, pero a mi nunca me gustó ese término, porque para mi yo soy más que una muchacha con seguidores”

Comentó en su cuenta de Instagram.

Pero cuando le reconocen el valor de su acompañamiento y apoyo, Nina admite que se siente como una verdadera influencer. “Puedo influenciar a alguien a crecer, a probar un producto o a hacer una buena acción. Ayudar a alguien a crecer con mi propio testimonio”. Esta es su historia…

Con la maletica bajo el brazo

En Maracaibo, Zulia, Venezuela, Nina trabajó como docente durante 16 años, 10 en colegios privados y seis en la escuela pública Lucila Palacios.

“Llegué a Atlanta trabajando en ventas directas de productos de cocina, tocando puertas. Ganaba por comisión, trabajaba en invierno y verano… caminando de casa en casa con una maletica llena de ollas y catálogos y mi hija agarrada de manos, ya que no tenía con quien dejarla”, revela.

Cuando ya no soportó más ese trabajo, Nina encontró trabajo como maestra en una guardería. A la vez, hacía entregas de comida y servicio de Uber.

“Un sábado haciendo Uber me chocaron por la parte de atrás del carro. Del accidente me quedó un dolor en la espalda que no me dejaba ni cargar a los bebés que cuidaba en las mañanas”, relata.

El accidente que le cambió la vida

Cuando Nina recuerda ese lamentable accidente le da gracias a Dios por haber tenido acceso a la asistencia legal de un abogado. “A partir de allí le pedí una oportunidad para trabajar con él y educándome logré obtener un certificado como asistente legal”.

Ahora, es dueña de su propia compañía llamada “Nina Accidentes”. En ese nuevo proyecto logró asociarse con los mejores abogados de cada estado y poder brindar ayuda a quienes, como ella, “han sufrido un accidente de tránsito y no saben que tienen derechos”.

Su actual ocupación consiste, como ella misma lo describe, “en tener una línea directa 24/7, para asistir a quien sufre un accidente de tránsito en Estados Unidos y, dependiendo de su caso y el estado donde ocurrió, llevarlo a las mejores manos para que resuelvan su caso de la mejor manera”.

Hoy, Nina está cosechando los frutos de su constancia y esfuerzo, sazonados con el más puro sentido del humor. “Es difícil cortar el hilo que por muchos años te mantuvo en tu ciudad natal… y más si aún tienes familiares y amigos allá”, admite con un poco de nostalgia.

¿Qué queda de la Nina que salió hace siete años de su tierra?

“Conservo la misma admiración tanto por el que se quedó, como por el que decidió buscar nuevas oportunidades”.

Ese mismo vínculo, sólido e invisible, le permite estar siempre presente con los suyos. “Ayudando, colaborando con las escuelas públicas o privadas. Apadrinando niños deportistas para que cumplan sus sueños. Conservó mi gentilicio y mi deseo ferviente de volver alguna vez, así sea de visita… Volver a ver mis calles, mi iglesia y mi gente”.

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