Volver a noticias
EntrevistasArte y CulturaTalentos

Nemesio Montiel «Me considero un hombre realizado y afortunado».

25 abr 2021

Nemesio Montiel «Me considero un hombre realizado y afortunado».

Primer antropólogo indígena de Venezuela.

“Tuku” –como también le dicen- tardó cuatro años en sacar el primer grado, pues sólo hablaba la lengua de su natal Alitasía. Gracias al empeño propio y al respaldo de allegados logró una escalada académica y profesional escasamente vista en su familia. La defensa de la causa indígena lo ha llevado a los cinco continentes. Hoy destaca por presidir en nuestro país la comisión binacional que traduce al wayuunaiki la célebre novela “Cien Años de Soledad”.

519 años después del llamado “encuentro de dos mundos”, sigue habiendo distancias marcadas entre los alijuna y wayúu. Gente como Nemesio Montiel Fernández ha dado su vida por derribar esos muros ideológicos entre personas que, curiosamente, viven en un mismo espacio geográfico.

“Desde la colonización se arrastra una carga ideológica negativa hacia nuestros pueblos”, destaca el primer antropólogo indígena graduado en Venezuela. “Tal carga se ha venido acumulando, y a veces raya en el racismo. Superarlo de un día para otro no es tarea fácil”.

Esta oportunidad de conocer a “Tuku” –como también llaman a Montiel- coincide con la proximidad de un nuevo 12 de octubre, y se convierte en excusa perfecta para adentrarnos en una etnia fascinante.

***

El pequeño Nemesio Segundo llegó al mundo el 25 de noviembre de 1943 en un lugar de Alitasía llamado “Laguna de Pájaro”, antiguo distrito Páez del Zulia. Pertenece al clan wayúu Ja’yaliyuu y fue el mayor de ocho hermanos provenientes de la unión entre Nemesio Montiel (mestizo) y Rina Fernández (guajira).

“Vivíamos –recuerda- en condiciones humildes, en momentos cuando ni siquiera existía el puente sobre el Río Limón y no había carretera. Subsistíamos gracias a la pesca, la cacería y varios productos domésticos que llegaban a través de embarcaciones. Teníamos condiciones climáticas muy buenas y criábamos animales, sin peste ni enfermedades”.

“Tuku” tuvo la suerte de ser el nieto mayor del “Torito” Fernández, uno de los representantes más prominentes de su etnia en aquella época, quien era conocido como palabrero y consejero. Un barrio de Maracaibo lleva su nombre. “Él me enseñó el valor de la unión familiar y la importancia de escuchar. Siempre lo buscaban para resolver problemas y tomaba decisiones consultadas”, recuerda con claridad.

De su padre aprendió a ser responsable, pues llegó a tener 45 hijos de ocho compañeras distintas –incluyendo a doña Rina- y a todos los quiso y atendió por igual.

“Es importante recordar”, apunta, “que en la sociedad guajira se acepta la poligamia. Papá siempre se preocupó por todo lo relacionado con nosotros, y nos enseñó a querernos como hermanos. Casi todos llegamos a obtener títulos universitarios”.

Otro que influyó en él fue su tío, José Leonardo Fernández, quien en 1941 se convirtió en el primer médico indígena de Venezuela y fue una de las personas que le ayudó en el difícil camino que le esperaba.

***

A los cuatro años de edad, el niño Nemesio fue inscrito en una escuelita ubicada en una ranchería llamada Pararú (“lugar sagrado”). Tardó cuatro años en sacar el primer grado, pues la maestra se empecinó en educarlo en español y él sólo hablaba wayuunaiki.

“En vista de esa situación”, rememora, “papá decidió inscribirme en un internado junto a tres de mis hermanos, en Maicao. Allá nos hablaban en los dos idiomas. Comencé a ‘machucar’ el español”.

Finalmente llegó hasta el sexto grado en el Grupo Escolar Guajira, en Paraguaipoa. Desde ese momento, su destino lució incierto.

“Mi tío el médico me llevó a vivir a Maracaibo y pude hacer todo el bachillerato en el liceo Baralt. Me gradué un poco tarde, como a los 25 años, pero me convertí en el primer bachiller de toda la familia”, menciona.

Todas esas mudanzas fueron traumáticas, admite. Pasó de ser un típico niño wayúu que jugaba según las costumbres indígenas y solía montar a caballo a un adolescente citadino. “Más de una vez estuve a punto de devolverme a mi tierra”, confiesa. “Lloré mucho. La seguridad que me inspiraba el ‘Torito’ influyó para seguir adelante”.

La tan anhelada vuelta al terruño se hizo realidad en aquellas vacaciones luego del bachillerato. Por su pueblo había visto deambular a médicos y veterinarios, pero nunca a antropólogos. Un grupo de esos profesionales proveniente de Caracas había llegado a estudiar sus costumbres. “Ellos me inspiraron”, dice. “Despertaron en mí una vocación hasta ese momento desconocida. Se me quedó la ‘cosa’”.

Aquella inclinación se veía frustrada por dos vertientes. Su papá lo quería como veterinario, a fin de que cuidase del rebaño; su tío, entretanto, aspiraba a que siguiera sus pasos en la medicina. Con resignación, quizá, se inscribió en LUZ para estudiar Veterinaria. Sólo aguantó dos meses.

“Realmente quería estudiar Antropología, y en el único lugar donde impartían la carrera era en la Universidad Central de Venezuela. El ‘Torito’ y una tía me ayudaron a mudarme a Caracas. Fui toda una novedad de principio a fin, pues me convertí en el primer indígena venezolano que estudió y se graduó de antropólogo. Pertenecí a la promoción ‘Ho Chi Minh’, de 1972”, menciona con orgullo.

La experiencia de vivir en la capital fue aún más dura que las anteriores fuera de casa. Prefería perder las clases de las 7:00 de la mañana antes que someterse al intenso frío de las calles. Vivió solo, primero en un “hotelito” ubicado en Caño Amarillo y luego en la sede de la Comisión Indigenista de Caracas. En este último lugar le pagaban un sueldo como “cuidador”. También se rebuscaba con lo que su familia podía enviarle desde Maracaibo y con una beca otorgada por la universidad.

-Ciertamente, eran condiciones difíciles para alguien proveniente de la

provincia, mucho más de un pueblo. ¿Cómo logró salir adelante?

-Gracias a una mezcla entre Dios, los espíritus guajiros, la vocación…

Hasta el día de hoy, no me explico cómo logré todo eso. En bachillerato me

costó mucho la matemática y física. Mamá sufrió mucho por todo eso y yo

también. Simplemente, me dediqué a estudiar y a salir adelante.

-¿Siente que acertó en su elección vocacional?

-La Antropología me llamó la atención en principio porque a través de ella

podía estudiar la historia y cultura de mi pueblo. Luego entendí que ese

espectro podía ampliarse a todos los pueblos indígenas del mundo. Mi

paso por la UCV despertó gran interés hacia los asuntos de nuestras etnias.

Nemesio Montiel comprendió la necesidad de quedarse en Caracas luego de su graduación para proyectar su trabajo; por ello laboró para el extinto Instituto Agrario Nacional (IAN) como jefe del programa indígena y fue coordinador general de la Confederación de Indígenas de Venezuela, así como presidente de su comité organizador. Corría el primer quinquenio de los ’70 en aquel entonces.

“Esas y otras plataformas me permitieron recorrer los cinco continentes, participando en foros y conociendo la realidad de los indígenas en otras latitudes. Viajé con personas de la talla de Douglas Bravo y Alí Rodríguez Araque. Llegué a conocer a Muammar Ghadafi y vi preso al ex presidente Nelson Mandela”, comenta sobre esa rica experiencia.

Esta dimensión recién adquirida de trotamundos le hizo regresar cada vez con más frecuencia al Zulia, adquiriendo así un compromiso de por vida con LUZ.

En esa casa de estudios comenzó como profesor contratado en la Escuela de Educación. También fungió como coordinador del curso de postgrado sobre “Aspectos antropológicos del estado Zulia”, profesor de Sociología en la Facultad Experimental de Ciencias (Estudios Generales), profesor a dedicación exclusiva de Antropología Social y jefe de la cátedra de Sociología en la Escuela de Trabajo Social y miembro suplente del Consejo de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas.

Entre la década de los años ’70 y ’80, se desempeñó en paralelo como asesor nacional de Fundacomún, miembro nacional de la Comisión Indigenista de Venezuela, asesor indigenista y cultural del Concejo Municipal del Distrito Páez (hoy municipio Guajira) y profesor de Indigenismo en la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad de Oriente (Cumaná).

Durante esos años entabló sus primeros encuentros con medios de comunicación. En “La Voz de la Fe” moderó el programa “Primer Plano”; fue guionista del programa “Así es mi Tierra”, transmitido por VTV, y coautor de la adaptación para TV de la “Leyenda Guajira sobre el Origen del Tejido”; se convirtió en articulista de opinión del diario Panorama –labor que ejerce hasta la fecha-; e impulsó la creación de los periódicos “La Voz del Guajiro”, “Frente Guajiro” y “Wayuunaiki”.

“Obviamente”, dice, “tenía mucha flexibilidad en mis trabajos. Por lo general andaba en comisión de servicios o moviéndome en el ámbito nacional o internacional”.

En la Galaría Julio Árraga junto al entonces Gobernador Dr. Oswaldo Álvarez Paz.
En la Galaría Julio Árraga junto al entonces Gobernador Dr. Oswaldo Álvarez Paz.

Su vínculo con el partido Copei (tejido en los tiempos del IAN y heredado de su familia) le hicieron ganar un curul por voto lista en el extinto Congreso Nacional, para el período 1989-1993. Fue por esa época que el entonces gobernador del Zulia, Oswaldo Álvarez Paz, le confió la Secretaría de Cultura del estado.

“Muchos han dicho –comenta- que durante mi gestión me encargué de ‘guajirizar’ la cultura, pero no fue así. Como antropólogo, tengo una visión holística del quehacer cultural”.

Entre sus logros al frente de este despacho destacan la creación del Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez, así como de 24 casas de cultura, escuela de música wayúu y el teatro del Moján.

“Me considero un hombre realizado y afortunado”, dice para sintetizar los logros acumulados hasta ese momento.

***

Un retiro parcial se inició en su vida cuando le llegó la jubilación de LUZ, en 1997. Sin embargo, ese vínculo con la principal casa de estudios del Zulia lo ha sabido mantener hasta la fecha.

Fue director de la Editorial Universitaria de LUZ (2000-2001), director de Extensión de la Facultad de Ciencias jurídicas y Políticas (2000) y director de Cultura (2001-2008). Actualmente, se mantiene como asesor indígena del Vicerrectorado Académico.

Gracias a este último trabajo, pasó a ser coordinador por nuestro país del equipo colombo-venezolano que traduce al wayuunaiki “Cien Años de Soledad”, la célebre novela del escritor Gabriel García Márquez.

-A su juicio, ¿dónde radica la importancia de este trabajo?

-Constituye una extraordinaria manera de universalizar al pueblo y la lengua wayúu. Hay que recordar que la novela presenta escenarios y personajes de nuestros pueblos. Haremos la traducción de manera escrita y oral, esto último para quienes no sepan leer. Nos valdremos de un aparato auditivo llamado “Proclaimer”, el mismo que está dando a conocer la Biblia en la Guajira.

-¿En qué etapa se encuentran?

-A la fecha tenemos lista la estandarización de la lengua wayúu, a fin de iniciar formalmente la traducción. Aspiramos a estar listos antes de julio del 2012.

-Usted fue uno de los responsables de que se proclamara al wayuunaiki como la segunda lengua oficial del Zulia. ¿Eso es parte de lo que usted llama “interculturalidad”?

-Sí. La interculturalidad es la respuesta de los pueblos indígenas ante la globalización. Seguiré entregando mi vida por la causa indígena.

Religioso

-Como todo wayúu tiene a su “Maleiwa” –el equivalente al Dios occidental- y maneja el encuentro entre ambas deidades. “Fui bautizado en la Iglesia Católica y recibí formación cristiana”, comenta. “El evangelio está metido en nosotros”.

-Uno de los sacramentos a los que no ha accedido es el matrimonio. Se ha casado dos veces por el civil.

  • -De su primera unión nacieron Jimai (34), Jasai (30), Neimarú (29) y María Kasusain (18), todos de apellido Montiel Calles.
  • -Con su segunda esposa, Rubia Luzardo, tuvo a Alitasía Chiquinquirá (7) y Nemesio Emüllee (4)

Casero

-Su ritmo de trabajo no ha bajado en los últimos años, sin embargo, siente gran satisfacción por compartir las labores en casa –lectura, escritura, investigación y asesorías- con su familia.

Tiene ocho hermanos de padre y madre y 37 más por la línea paterna. “En la sociedad guajira se acepta la poligamia. Papá siempre se preocupó por todo lo relacionado con nosotros, y nos enseñó a querernos como hermanos. Casi todos llegamos a obtener títulos universitarios”, señala.
Tiene ocho hermanos de padre y madre y 37 más por la línea paterna. “En la sociedad guajira se acepta la poligamia. Papá siempre se preocupó por todo lo relacionado con nosotros, y nos enseñó a querernos como hermanos. Casi todos llegamos a obtener títulos universitarios”, señala.

-Camina todos los días durante una hora, en las mañanas. Le gusta comer sano, sin embargo, no excluye de su dieta un mondongo o un hervido de armadillo o de espinazo de carnero. Suele degustar estos platos en el mercado de la Curva de Molina.

-A la hora de unos tragos, solía consumir ginebra, chirrinche o ron wayúu. Ahora prefiere un buen whisky 12 años.

“Recorrí los cinco continentes, participando en foros y conociendo la realidad de los indígenas en otras latitudes. Viajé con personas de la talla de Douglas Bravo y Alí Rodríguez Araque. Llegué a conocer a Muammar Ghadafi y vi preso al ex presidente Nelson Mandela”.
“Recorrí los cinco continentes, participando en foros y conociendo la realidad de los indígenas en otras latitudes. Viajé con personas de la talla de Douglas Bravo y Alí Rodríguez Araque. Llegué a conocer a Muammar Ghadafi y vi preso al ex presidente Nelson Mandela”.

Escritor

Es autor o coautor de las siguientes publicaciones:

  • -“La nueva relación de los pueblos indígenas con el Estado venezolano”.
  • -“Los A’laülaa y compadres wayúu”
  • -“Los wayúu. Resistencia étnica, derechos específicos e interculturalidad”.
  • -“Linajes” (novela).
  • -“Movimiento indígena en Venezuela”.
  • -“Celebración del Fuego Nuevo”.
  • -“Testimonios sobre la lucha y la reafirmación étnica”.
  • “Los guajiros. Rasgos históricos y resistencia étnica”.

Distinguido

Ha recibido los siguientes reconocimientos:

  • -Orden Mérito al Trabajo
  • -Cruz de Las Fuerzas Armadas
  • -Orden Relámpago del Catatumbo
  • -Orden Almirante Padilla (Colombia)
  • -Orden al Mérito Artístico “Francisco Hung Bracho”
  • -Orden al Mérito Universitario “Dr. Jesús Enrique Lossada”
  • -Orden al Arte “Lía Bermúdez” (Urbe)

Por Jairo Márquez Lugo.

Fotografías: Cortesía

Compartir