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Ángel Lombardi Lombardi, historiador y analista político

Jairo Márquez Lugo · 10 dic 2025

Ángel Lombardi Lombardi, historiador y analista político

“Me han postulado a muchos cargos, pero nunca podría ganar una elección”

“Mucha gente de la academia hubiese deseado formar parte del proceso político, pero el problema es que dicho proceso en Venezuela se pervirtió de tal manera que, prácticamente, una persona honesta y preparada como que no tiene cabida allí… No voy a salir a rifas neveras y lavadoras o a entregar sobres con dinero. No voy a ir a los barrios a aprovecharme de la gente. Uno se va inhabilitando con esas posiciones”, explica sobre su deserción de los ámbitos de poder.

En un momento donde la política adquiere cada vez mayor efervescencia, de cara a las elecciones presidenciales del venidero 7 de octubre, la entrevista a una figura pública como Ángel Lombardi -que ha estado cerca del chavismo y de la oposición en diferentes momentos- luce pertinente.

Este reconocido historiador y analista político, siempre recordado por su gestión como rector de LUZ (1992-1996), se asume sin complejos como un hombre “público y político”, pero no en los linderos de los partidos sino en la sociedad civil.

Lombardi ha dejado con los crespos hechos a más de una tolda política, antes y después del proceso que experimenta Venezuela desde 1999. En los tiempos del diputado Luis Hómez lo postularon a la Senaduría de la República. Varios gobiernos, entre ellos de Rafael Caldera (segundo período), le ofrecieron la presidencia de Corpozulia. También le han servido –no sabemos si en bandeja de plata- una candidatura a la Alcaldía de Maracaibo y la Gobernación del Zulia, esto último con la gente del antiguo Movimiento Quinta República. Hasta el presidente Hugo Chávez lo conminó a ser su primer ministro de Educación. A todas estas ofertas les ha dado un “no”.

-¿Por qué el rechazo?

-Me di cuenta que mi vocación era realmente de tipo académica. Me siento mucho más cómodo leyendo, escribiendo, formándome y formando que en el activismo político.

-¿A dónde hubiese llegado postulándose a un cargo político por designación o elección popular?

-Es difícil contestar tal pregunta, pues eso entra en el campo de la especulación. Pero sin lugar a dudas, la tentación política siempre me ha rondado. Hay quienes negarán que el MVR me postuló a la Gobernación. Tengo testimonios que lo avalan. En lo único que he participado dentro del oficialismo es en la Comisión Presidencial de la Asamblea Nacional Constituyente, en 1999.

-¿Le ha huido a la política?

-Mucha gente de la academia hubiese deseado formar parte del proceso político, pero el problema es que dicho proceso en Venezuela se pervirtió de tal manera que, prácticamente, una persona honesta y preparada como que no tiene cabida allí.

Un ejemplo: Asdrúbal Baptista y Enzo Del Búfalo formaban parte de un equipo de estrellas del gabinete del ex presidente Caldera en materia económica, pero duraron apenas unos meses en esos cargos.

El drama venezolano es que el proceso político fue secuestrado por los incompetentes y los deshonestos. Lógicamente, no se puede generalizar. No quiero ofender a nadie. Sin duda, podemos aún encontrar en la política a gente honesta y preparada, pero lamentablemente creo que no son la mayoría.

“Nosotros somos muy antipáticos para el resto del país. El zuliano es muy ‘echón’. Cuando salimos de nuestra frontera le restregamos al país todo el tiempo, hasta en las gaitas, que ‘Maracaibo es lo mejor del mundo’. Somos nosotros quienes hemos construido esa percepción. Lógicamente, el país nos retribuye. A nadie le gusta que le digan ‘yo te mantengo’, por ejemplo”.

-¿Son relevantes las circunstancias, en tal sentido?

-Sí. Por ejemplo, yo no podría ganar ningún proceso electoral. No voy a salir a rifas neveras y lavadoras o a entregar sobres con dinero. No voy a ir a los barrios a aprovecharme de la gente. Uno se va inhabilitando con esas posiciones.

El populismo creó en Venezuela un sistema de hacer política muy vigente, y que uno no quiere asumir pues de lo contrario tendría graves problemas con el partido. Además, cuando asumo un reto no renuncio; entonces, en este caso, prefiero hacerme a un lado.

La política no hay que entenderla únicamente en los linderos del partidismo. Yo de hecho me asumo como un hombre público y político, pero no en los linderos partidistas sino en la sociedad civil. En este momento, como rector de la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica), me asumo como servidor público. No es un cargo ni para mi satisfacción ni para mi enriquecimiento.

-Apreciamos como un problema de la forma de hacer política en el Zulia que nuestros líderes suelen descuidar la casa cuando tienen otras aspiraciones, como la de ser presidente de la República. Ninguno de los que se ha postulado en los últimos 20 años lo ha logrado. El gobernador Pablo Pérez es el caso más reciente.

-Nosotros somos muy antipáticos para el resto del país. El zuliano es muy “echón”. Cuando salimos de nuestra frontera le restregamos al país todo el tiempo, hasta en las gaitas, que “Maracaibo es lo mejor del mundo”, y aquí producimos petróleo, leche, carne, plátano y no sé cuántas cosas más. Somos nosotros quienes hemos construido esa percepción. Lógicamente, el país nos retribuye. A nadie le gusta que le digan “yo te mantengo”, por ejemplo.

-¿Eso puede explicar fenómenos como la derrota de Pablo Pérez en las elecciones primarias?

-(…) En parte también. Una periodista le preguntó una vez a Oswaldo Álvarez Paz si creía que con ese “tonito” iba a llegar a ser presidente de la República. A María Corina Machado le preguntaron –según me dijeron, pues no la escuché- en qué se parecía a Pablo, y ella contestó: “En todo menos en el dialecto”.

En pocas palabras, el Zulia sí ha tenido presencia importante en el ámbito nacional. Lo que pasa es que, desde el punto de vista sociocultural, nosotros hemos trabajado para que nos tengan antipatía. Creo que esta tendencia hay que revertirla, siendo más humildes y trabajando en clave nacional.

-Más allá de la inclinación partidista de cada quien, consideramos como un hecho innegable el deterioro de Maracaibo como consecuencia de estos “dimes y diretes” de la política. ¿Qué hacemos con la ciudad? ¿Vendrá una nueva dirigencia política?

-El relevo generacional es inevitable. Ocurre cada 20 o 30 años. Las sociedades son como un fluir.

No tengo ninguna duda que en Venezuela está surgiendo un nuevo liderazgo generacional en clave “siglo XXI”. Esto no siempre tiene que ver con la edad, pero a la larga sí se vincula con una generación de una edad determinada.

En este momento, en Venezuela hay dos matrices de opinión desde el punto de vista político, y por eso acerté en mi predicción sobre los resultados electorales del pasado 12 de febrero, no porque tengo la “bola de cristal”, sino porque hago una lectura sociopolítica y sociocultural de nuestra realidad.

En Venezuela, la gente no quería un candidato “mayorcito” ni vinculado a la llamada “Cuarta República”, a los partidos tradicionales. Ese criterio se impuso de manera avasallante. Los precandidatos mayores tuvieron que retirarse, a pesar de sus cualidades (Oswaldo Álvarez Paz, Eduardo Fernández y Antonio Ledezma, por ejemplo). No pudieron con esa matriz de opinión ni con la de que tenía que ser un joven quien representara al país.

-De los seis precandidatos que finalmente surgieron, cuatro eran jóvenes y uno declinó. ¿Qué sucedió, a su juicio, con los tres restantes?

-Diego Arria y Pablo Medina cumplieron su papel pero no tenían ninguna posibilidad. A Henrique Capriles Radonski lo eligieron no sólo por su juventud, sino también por poseer otro estilo de hacer política, más allá de las maquinarias.

Si nosotros no asumimos en cualquier parte del mundo que el gobierno es gerencia y administración, si seguimos cultivando que la política es populismo, corrupción y despilfarro, no tendríamos futuro. Por eso el país exigirá candidatos más jóvenes, más competentes y más honestos.

-¿Qué le parece Capriles Radonski?

-La figura de Capriles me simpatiza, más allá de que haya ganado, porque no tiene esa personalidad apabullante de los líderes que lo saben todo, mesiánicos.

Es un líder no carismático, no providencialista. No lo conozco, pero aparenta ser un joven preparado, con vocación. Dicen que ha sido bueno como alcalde y gobernador, y que sabe trabajar en equipo y escuchar a la gente.

-¿Cuáles son sus posibilidades frente al presidente Chávez?

-Nosotros en Venezuela tenemos un problema histórico interesante. En Miraflores está un presidente en clave “siglo XIX”, a pesar de que su lenguaje progresista pudiera confundir con lo del “Socialismo del Siglo XXI”. Su estructura política e ideológica, así como de quienes le rodean, es de hace dos siglos, al estilo del “cacique”, “mesías”, “sabelotodo”, “omnipotente”, “caudillo”.

Por otro lado, tenemos a un grupo de partidos del siglo XX que se quedó allí, y por encima de ellos a un liderazgo emergente, que tiene futuro y puede surgir de cualquier partido o lugar. La sociedad los va a impulsar.

¿Esa hora de los nuevos liderazgos y visiones también le llegará a Maracaibo?

-Le va a llegar, le va a llegar… Tarde o temprano. Si los partidos actualmente vigentes o hegemónicos (Un Nuevo Tiempo, etcétera) entienden y promueven ese nuevo liderazgo, tienen futuro; de lo contrario, a mi juicio, serán sustituidos por otros grupos, liderazgos y partidos más en clave “siglo XXI”.

“En Venezuela tenemos un problema histórico interesante. En Miraflores está un presidente en clave ‘siglo XIX’. Su estructura política e ideológica, así como de quienes le rodean, es de hace dos siglos, al estilo del ‘cacique’, ‘mesías’, ‘sabelotodo’, ‘omnipotente’, ‘caudillo’. Por otro lado, tenemos a un grupo de partidos del siglo XX que se quedó allí y por encima de ellos a un liderazgo emergente, que tiene futuro y puede surgir de cualquier partido o lugar”.

Una vida de servicio

Ángelo Lucio Rafael Lombardi Lombardi nació en un pueblo llamado Morcone Benevento, en Italia, el 13 de diciembre de 1943. Lo de “Lucio” viene por haber nacido el día de Santa Lucía. Algunos de sus amigos más antiguos le dicen “Ángelo Lucio”. Aunque su apellido se repite, sus padres no eran parientes cercanos.

Don Gerardo y doña Letizia Lombardi eran comerciantes de carbón, leña vino, rubros indispensables en un clima de montaña. Él fue alistado como soldado de la Segunda Guerra Mundial, y al término de tal conflagración, como muchos otros europeos, decidió emigrar a Venezuela en busca de nuevas oportunidades.

De tal matrimonio nacieron tres hijos varones: Domingo (74 años), Francisco (quien murió hace 33 años) y Ángelo (68).

La familia Lombardi se instaló inicialmente en Campo Paraíso de La Concepción, municipio Jesús Enrique Lossada. Allí, Don Gerardo consiguió un empleo como trabajador petrolero. Desde entonces, la vida de todos giró en torno a las bonanzas de la época.

“Mucho juego, libertad, casas abiertas, vegetación, lluvia, pájaros y el club: así recuerdo al Campo Paraíso”, describe nuestro invitado de la sección En Íntimo, quien cursó sus primeros tres grados de Primaria en la escuela “María Andrade”.

Para esa época, su familia decidió mudarse a Maracaibo. Culminó su escolaridad así:

-Colegio “Joaquín Esteva” (hasta sexto grado)

-Liceo Baralt (bachillerato)

En paralelo a su formación, fue voluntario del Plan de Alfabetización Nacional, penetrando en sectores populares.

“Mi vocación siempre ha sido humanística, y como en aquella época (1962) no había carreras como Sociología e Historia en LUZ opté por estudiar Derecho. Al cabo de un año me cambié a Educación, de donde egresé como licenciado”, apunta.

Siendo estudiante universitario comenzó su labor como docente en colegios como El Pilar, Santa Rita, Zaragoza, Gonzaga y San Vicente de Paúl. También se desempeñó como dirigente estudiantil, llegando a ser presidente de la FCU con el respaldo del partido Copei (1965-1966).

“Luego me retiré del partido –explica- no sólo por razones ideológicas, sino también porque, como dije anteriormente, tengo básicamente una vocación intelectual-académica y me siento muy a gusto en eso”.

Tras frustrar voluntariamente su carrera política, Lombardi se dedicó a formar, formarse y escribir. Se hizo docente en LUZ, cursó una especialización y un doctorado en Historia Contemporánea en la Universidad Central de Madrid (1969) y se convirtió desde entonces en articulista de diversos periódicos.

A partir de allí, su carrera ascendió como la espuma: fue electo decano de la Facultad de Humanidades y Educación (1975-1978) y cursó un postgrado en Filosofía, Historia y materias afines en la Universidad de París (1981). Se postuló como independiente en 1988 a la rectoría de LUZ, pero fue vencido por Imelda Rincón de Maldonado. Su oportunidad al frente de nuestra máxima casa de estudios llegó en el período siguiente. De su gestión se recuerda el rescate del Teatro Baralt y la creación de la Facultad de Arte, entre otros logros.

Ya jubilado, la Arquidiócesis de Maracaibo le ofreció en 1998 el rectorado de la Unica, cargo en el que ha sido reelecto hasta la fecha y con el que ha dado vigor a esta casa de estudios. Su período actual vence en el 2014. No está seguro de repetir. “La edad, el momento y la salud me dirán qué hacer en ese momento”, apunta al respecto.

En esta coyuntura, no tiene pretensiones más allá de continuar con el feliz matrimonio que lleva con Lilia Boscán de Lombardi –próximo a celebrar sus Bodas de Oro-, con quien forma “una sola vida”. También disfruta de sus nueve hijos y 16 nietos.

“No quiero que me recuerden de una u otra forma. No tengo esa vanidad. Quisiera morir pensando que fui responsable de mis actos, que atendí a mi familia, mi ciudad, mi país y mi universidad de la mejor manera posible. No aspiro a estatuas ni a nada de eso. Mi única inmortalidad serán los libros –unos 10- y miles de artículos”, reflexiona sobre su porvenir.

Publicado en la revista impresa EntreSocios (Edición 177)

Fotografías: Juan José Lugo

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