Astrid Schäfer «Si todas fueran como yo, otro gallo cantaría»


En el marco de nuestros 20 Aniversario queremos recordar aquellas personas que con su trabajo y amor por Maracaibo, crearon espacios y marcas convertidas en patrimonio de la ciudad y una de ellas, hoy desde otro plano, es quien fundó el Grupo Fina, Astrid Schäfer.
El periodista Jairo Márquez Lugo, en enero de 2010, con su magnifica pluma, realizó una entrevista para la sección «En Íntimo» a esta gran mujer de carácter y firmeza, respetada y admirada por quienes tuvimos el privilegio de tenerla cerca, y esta es su historia.
Entrevista publicada en la edición No. 67.
Producción Titi Romero Pantin
Por Jairo Márquez Lugo / Foto Eugenio Duarte
Con tres divorcios, tres hijos y siete nietos, esta distinguida mujer de la sociedad marabina ha sabido salir adelante como empresaria gracias al respaldo de su familia. Detrás de su nombre y apariencia germana se encuentra una venezolana muy espontánea, capaz de vivir sin,rencores ni «rollos» mentales. Su papá fue chef personal de Juan Vicente Gómez y quien le ensenó a emprender. De joven esquiaba descalza en el Lago de Valencia, y aunque es caraqueña de nacimiento siente gran arraigo hacia Maracaibo.

Una mujer correcta, espontánea, muy buena en matemáticas, emprendedora, opuesta al clasismo y, sabro todo, muy venezolana. Así se define Johanna Astrid Schafer Hopf -mejor conocida coma Astrid Schafer-, fundadora del Grupo Fina y una de las damas mas importantes de nuestra sociedad.
«Si todas las mujeres fueran coma yo en Venezuela, que le pueden dar trabajo a 100 personas, otro gallo cantaría en el mundo, y eso que solo tengo bachillerato», asegura nuestra invitada para la sección En Íntimo, Entrar en su casa es casi como hacerlo en Fein Kaffee: mezcla de ladrillos rojos, madera antigua, obras de arte y un sinfín de detalles que develan la influencia de la cultura alemana y venezolana en su ser. Sus tres hijos y siete nietos son su mayor tesoro.Son estos últimos quienes más permanecen en su hogar, jugando con las mascotas -una tortuga, dos conejos, un gato y un perro-, hacienda «pijamadas» o siendo consentidos par la abuela y las empleados.
Nos honra comenzar el desafío con ella; ello augura que seguiremos proporcionando buen material de lectura para nuestra audiencia.
Fue su papá el primero de la familia paterna en pisar suelo venezolano, Johann Schafer era oriundo de Munich y atendió el llamado del presidente Juan Vicente Gómez para integrar el grupo de alemanes que trabajaría en diferentes dependencias gubernamentales, considerando la vocación germanófila del ex dictador.
«Gomez quería que, a diferencia de las inmigrantes alemanes que poblaron la Colonia Tovar en el siglo XIX, estos fueran católicos y tuvieran cabello y ojos oscuros, con el propósito de que se adaptaran mejor a nuestro país. Todos las que llegaron esa vez eran gastrónomos, Mi papá estudió cocina en Bruselas y fue el chef personal de Gómez en Maracay, hasta que una de sus hijas se enamoró de él y lo despidieron. Papá era más bello que Rock Hudson, de verdad, y mi hermano mayor también… Ese iba al (Club) Naútico y las chicas se babeaban…», señala. Fuera del gobierno, «Hansito» -coma le decían a don Schafer- se fue a trabajar con la naciente industria petrolera del país, manejando las comedores y economatos desde Caripito. Puso a valer la experiencia adquirida en compañías cerveceras de su tierra natal.

Para esa época, Johann Schafer se había casado con Karahilda Hopf Andrade Santamaría, una bogotana que también tenía raíces germánicas. Era una mujer «poliglota, taquígrafa, mecanógrafa y muy culta», según su hija. Su primer embarazo termino casi en tragedia, pues adquirió una enfermedad que solo pudo ser curada en el Instituto de Medicina Tropical de Alemania. En plena gravidez viajo en barco a Europa sin que la tripulacion se atreviese a sacarla a cubierta, y con una barriga «mas grande que ella». Par fortuna, madre y niño se salvaron, y fue asi coma llego al mundo el pequeño Johann Herman.
De regreso a nuestro país, la familia es víctima de la discriminación y acoso hacia las alemanes par parte del Gobierno venezolano durante la II Guerra Mundial. El hombre de la casa logró mantener a flote la situación, par ser un insigne trabajador. Entre todos lograron salvar la casa que poseían en la urbanización La Florida, en Caracas, llamada «Amor, bondad y carino» -que aun sigue en pie-.
Al término del conflicto bélico, Johann Schafer funda «Munich», la primera cervecería de Caracas, a donde llegaban personajes de la talla del ex presidente Isaias Medina Angarita. Para esa época nació Juan Francisco Alfonso, el segundo de sus hijos. Paco tiempo después estableció «Embutidos Schafer», la primera fábrica en su ramo del país, que puso en boga las famosos «chefitos» (perms calientes vendidos a media, real y bolivar durante la década de las ’50 y ’60). También fundo las primeras carnicerías y se encargó de manejar el negocio de la carne.

Un nuevo embarazo entusiasmo a la familia, esta vez de morochas. El 9 de agosto de 1942 nacieron Astrid y su hermana Anabella, en Caracas. Posteriormente llegaron María de las Ángeles -quién murió poco después del parto-, Carlos, Johann y Hansi. Este último es fruto de una relación extramarital, pero aceptado par todos como un «media hermano».
Aunque no cree mucho en el horóscopo, Astrid sentencia que es de un signo «arr… «: Leo. Su educación inicial la recibió en Barbados, donde la enviaron a estudiar con las monjas ursulinas. Ni esta ni la educación que recibió luego en España le sirvieron para ser reconocida coma bachiller en Venezuela. «Yo quería ser médico… «, confiesa. «Eso era de ‘cajón’. Pero no me dejaron entrar ni a la escuela de Enfermería. Mi mamá quiso conseguirme trabajo, y mi papá me dijo: ‘Mis hijos nunca trabajarán para nadie. Nunca’. Fue así como comencé a trabajar con él en la fábrica de embutidos».
Atribuye a su primera experiencia laboral el hecho de que en su vocabulario existan varias palabras que se consideran «vulgares», pues debía lidiar directamente con las proveedores, entre ellos las camioneros que transportaban la carne. «Esos si eran personajes arr… Uno tenía que luchar mucho con ellos», rememora.
Tilda de «muy feliz» aquella época. Era común ver a la familia acampando en Higuerote o Choroní. Astrid fue campeona esquiando en el Lago de Valencia, incluso descalza.
«Haciamos muchas fiestas y bailes», comenta. «Fuimos a discotecas y hasta nos podiamos tomar un ‘roncito’, no coma ahora».
Tres matrimonios, tres divorcios
Paco después de cumplir dos décadas de vida, Astrid cedió a las encantos del pintor Rubén Márquez y le dio el «si, quiero». Fueron suficientes solo tres años para darse cuenta de que había tornado, a su juicio, la mala decisión de casarse con él. «Ciertamente era muy culto, un artista con no se cuántos premios, pero también una persona controversial, muy problemática desde el punto de vista mental. Con él pasé las de ‘Cain»‘, confiesa.
El mayor dolor de cabeza de su matrimonio ocurrió cuando el marido decidió llevarse a París a Mónica, la unica hija que concibieron.
La pequeña solo tenía tres años en ese momento. «Me quitó bajo amenaza todos las derechos sobre ella. Un año después me fui a Francia a buscarla junto a mi hermano. Ella me dijo: ‘Con un papá tan feo y que siempre esta bravo conmigo, no quiero vivir mas’. Y hasta el sol de hoy… «.

Tiempo después, Astrid decide probar suerte de nuevo en el amor, esta vez con Luis Mogollón, un empleado de la empresa familiar. Con él se casa y concibe a Judith y Alejandro. Toda marcho aparentemente bien hasta que su esposo le propuso mudarse a Maracaibo, asunto que concretaron en febrero de 1974.
«A través de la empleada de la casa y un detective que contacté leyendo las avisos de Panorama descubrí que Luis se ausentaba con frecuencia de la casa para continuar un romance que había dejado en Caracas. Vivía pegado al teléfono con su amante. Ya descubierto, no tuvo más remedio que admitir la relación. Él hizo el intento de acabar con esa relación mudándonos a Maracaibo, pero no pudo. Peor aún, confesó que se había casado conmigo por ser la hija del dueño de la empresa. No fue sincero desde el principio», señala nuestra invitada sin inmutarse.
Antes de tal cataclismo, ella había fundado Super Fina junto a su esposo, en la cuadra de siempre. El divorcio no impidió que se quedara con la compañía y la hiciera próspera, hasta convertirla en lo que es hoy. Desde ese momento fue un alivio par partida doble, pues llegó la separación y su nuevo ex esposo regresó a Caracas. Pero por «mala suerte», coma ella misma dice, conoció en aquella época a quien fue su tercer y último marido: Hugo Figueroa Brett.
«Los momentos terribles y desagradables que pasé me llevaron a concluir que solo las hombres que han sido felices en su niñeez pueden ser buenos padres y esposos. Quienes fueron muy maltratados y vejados par sus padres nunca son felices, coma sucedió con mis tres maridos. El hombre no es como la mujer, que perdona y olvida», sentencia.
Figueroa Brett fue pieza clave para la recuperación de Super Fina, luego de la explosión accidental ocurrida en 1985 par acumulación de gases. Las obras de remodelación incluyeron el espacio que alberga hoy Fein Kaffee. Al término de las trabajos, el decidió marcharse de su casa para, según Astrid, marcharse con una mujer casada. Dos elementos explosivos ya habían detonado la relación: alcohol y agresividad. «Después de eso no quise enredarme más la vida. Dios me dio la gracia de tener tres hijos hermosos y sanos y siete nietos. iVer…, que más quiero? Además, tengo amigos que ni te cuento… La poca familia que me queda es muy bonita», dice la entrevistada.

Sin rollos mentales
Ciertamente, la vida de Astrid Schäfer no ha sido nada fácil, sin embargo, se siente exitosa desde el punto de vista personal y profesional. Parte de su triunfo lo atribuye a las lecciones de su papa, quien al igual que a sus hermanos le enseñó a ser independiente. «Mis hijos», concluye, «me han dado la fortaleza para seguir adelante. No les he inculcado rencor ni tampoco soy rencorosa. No tengo p… (rollos) mentales. No he hecho mal y ayudo a todo el que puedo. Hay muchas personas que han salido con las pata pa’ arriba, pero eso es problema de ellos… «.

