Aurora de Campo-Redondo: “Me voy a morir con las botas puestas”

Sumario: Luego de 43 años ininterrumpidos a su servicio, “Mrs. Campo” –como todas le dicen- es un icono del colegio Mater Salvatoris. Todas las promociones han pasado por sus aulas. Aunque sus orígenes se remontan a Filipinas y España, se siente tan zuliana como quienes nacieron en nuestra región. “Amo al Zulia y me encanta el acento maracucho”, confiesa.
Crédito Textos: Jairo Márquez Lugo / Fotos: Fabián Méndez
Sus ojos lo dicen todo; en ellos, la belleza se multiplica por dos. El exquisito turquesa del iris contrasta con el fondo rojo presente cuando se activa el aparato lagrimal. A “Mrs. Campo”, como muchos la conocen, se le “aguarapan” los globos oculares al referirse a tres de sus grandes pasiones: Venezuela, su profesión y sus alumnas. No puede ni quiere evitar esa sensación.
Aurora de Campo-Redondo –su nombre completo- tiene más de cincuenta años impartiendo clases de inglés en nuestra ciudad, 43 de los cuales han transcurrido dentro del colegio Mater Salvatoris. Ella ha visto egresar a todas las promociones de este reconocido centro educativo.
Aunque nació a miles de kilómetros de distancia de Venezuela, en Filipinas, su historia la condujo hasta Maracaibo en 1958. Desde ese año vive entre nosotros, se considera una de nosotros –más venezolana que muchos venezolanos nacidos en suelo patrio- y no ha pensado en elegir otro lugar de residencia.

-¿Cómo fue que llegó a nuestra ciudad?
-Soy hija de españoles, y con frecuencia íbamos de Filipinas a España a visitar a la familia, que vive en una región llamada Cantabria. En una de esos viajes conocí a quien fue mi esposo, un abogado de nombre Joaquín Campo-Redondo, quien no conseguía trabajo en su país luego de la Guerra Civil española. Decidimos venirnos a Venezuela, pues tenía un familiar bien colocado acá en Maracaibo. Llegamos al término de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y monseñor Mariano Parra León nos casó en la iglesia Santa Bárbara.
-¿Dónde estudió?
-En Filipinas, en la época de dominación estadounidense. Por eso, toda mi educación la recibí en inglés. Me gradué en Business Administration en la Universidad Católica de Filipinas y estudié idiomas en el Instituto de la Lengua Hispana. Fui profesora de español en mi país. Creo que lo hablo bastante bien (risas).
-¿Qué recuerda de su llegada a Venezuela?
-Era un paraíso, una maravilla, con esas casas de color tan bellas… Y sigo diciendo que es un gran país. Yo lo quiero mucho. Aquí me casé y tuve a mis hijos, Marisú Campo-Redondo Iglesias (investigadora de LUZ) y José Baldomero Campo-Redondo Iglesias (ingeniero residente en México). Tengo cinco nietos y un bisnieto en camino. Incluso, acá están enterrados mis padres, pues ellos también se mudaron a Venezuela.
-¿Dónde trabajó antes del Mater Salvatoris?
-Fui directora del Laboratorio de Idiomas del colegio “Nuestra Señora de Chiquinquirá” (Maristas) y directora de la Escuela de Idiomas del Centro de Bellas Artes. En este último lugar di clases a muchos médicos que me enviaron de LUZ, como por ejemplo los doctores Nelson Socorro, Humberto Olivera y Enrique Parra Bernal, así como también a varios ingenieros de las compañías petroleras transnacionales. También di clases en el Centro Venezolano Americano, lo que es hoy el Cevaz.
-No sabía que su apellido de soltera es Iglesias. ¿Tiene algo que ver con el famoso cantante, siendo que ambos tienen origen español?
-Ojalá estuviera emparentada con Julio Iglesias, a ver si se me pegan algunos millones… (risas).

“Quiero que me recuerden como una profesora exigente, pero que da. Quien da tiene derecho a exigir. Siempre les digo: si no entienden, pregúntenme lo que quieran. Si no les puedo dar una respuesta, quiere decir que no tengo derecho a ocupar esta silla de docente”.
Maestra de todas
-¿En qué fecha entró exactamente al Mater Salvatoris?
-En febrero de 1967. Por mis manos han pasado ya 42 promociones de bachilleres, incluyendo la actual. Todas han sido brillantes y se han destacado en su labor. De la primera promoción es Ada Raffalli, la concejala del municipio.
-En promedio, ¿cuántas niñas y jóvenes han pasado por sus aulas?
-Muchas. No me gustaría contabilizar. De la promoción que egresará este año son 80, por ejemplo.
-Es más frecuente que a usted la reconozcan sus ex alumnas a que usted se acuerde de todas, supongo.
-Por lo general no recuerdo el nombre, pero sí el apellido. Por ejemplo, observo a una y le digo: “Mira, tú eres Villasmil y estudiaste Arquitectura”. “¿Será posible?”, se preguntan ellas luego que las identifico. En otras ocasiones me acuerdo de los rostros, aunque a veces cambian un poco. Son ellas quienes dicen que yo no he cambiado. Lo que pasa es que uno se estanca, no envejece más y se acartona después de cierta edad (risas).
-¿Qué le han dicho esas egresadas sobre lo que usted les enseñó? ¿Sienten que aprendieron algo?
-Claro… Todas son bilingües, pues ven el inglés desde el nivel maternal. Están muy bien preparadas, no sólo en inglés sino en todas las materias, pues reciben una educación esmeradísima. En la universidad, por lo general, tienen los promedios más altos de sus promociones.
-¿Sólo imparte clases a los últimos niveles?
-Sí, a noveno grado, cuarto y quinto año. Antes atendía a todo el bachillerato, pero ahora no lo hago por falta de tiempo, pues tengo asignadas 40 horas de clase a la semana. Todos los días llego a las 6:30 de la mañana y estoy en las aulas hasta la 1:45 de la tarde.
-De las promociones más antiguas, ¿cuáles son las alumnas que más recuerda y quienes de ellas son conocidas públicamente? Ya mencionó a Ada Raffalli, por ejemplo.
-Mira, hay varias: Arlene Morales, Analee Ramírez, las cinco hijas de la doctora Carmen Celinda Alcalá de Árraga (Linda, Mariela, Lupe, Julieta y Cristina), Adriana Vera y Patricia Pineda, por mencionar algunas. A Patricia le dejé un mensaje de voz en el celular cuando murió su papá, Esteban Pineda Belloso –presidente del diario Panorama-, el pasado 11 de junio.
-¿Hubo alguna de esas promociones que la eligiera como madrina?
-No, porque en el Mater está prohibido escoger a los profesores. Allá dicen que la madrina de todas las promociones es la Virgen María.
-Supongo que su labor pedagógica trasciende la mera instrucción del inglés. ¿Correcto?
-Todo el tiempo. Hay veces que les doy un dictado con algún contenido teológico o moral, para que a su vez les sirva en su formación. Por supuesto, todo lo hago en inglés.
-¿Cuál ha sido la base de su éxito para que estas niñas y jóvenes egresen perfectamente bilingües?
-Enfatizar la importancia del inglés, que es el idioma universal por excelencia. Siempre les digo que pueden dominar cualquier asignatura, pero a la hora de salir al mercado laboral -especialmente si piden empleo en una compañía transnacional-, de seguro obtendrán el empleo deseado si saben el inglés a la perfección. Sin duda alguna, el idioma más rico del mundo es el español, pues proviene de dos lenguas clásicas -el griego y el latín-, pero el idioma universal por excelencia es el inglés.
-¿También ha dado clases particulares?
-Sí. Hay estudiantes que me buscan antes de ingresar al Mater Salvatoris para equipararlas con nuestro nivel. También me han solicitado algunas egresadas para reforzar sus conocimientos sobre el idioma, así como también algunos varones. Ahora mismo, no tengo mucho tiempo para dedicarme a esto.
En casa
-Después de 52 años en Maracaibo, ¿sueña o ha soñado con regresar a Filipinas?
-Pues no. Me siento muy bien acá, muy en casa. Yo no tengo otro país que no sea Venezuela, ni otro estado que no sea el Zulia. Y eso que he viajado por muchas partes del mundo, pues me dediqué a realizar tours de quinceañeras hasta que mi esposo murió, hace unos 12 años. Amo a nuestra región y me encanta el acento maracucho. Lo correcto es decir “marabino” o “maracaibero”, pero prefiero decir “maracucho”.
-¿Habla como los maracuchos?
-De vez en cuando. Puedo decir “vos sí sois”, por ejemplo (risas).
-Los docentes del sector público se jubilan a los 25 años de servicio, y usted tiene más del doble de esa cantidad en el ejercicio de la profesión. ¿Ha pensado alguna vez en el retiro?
-No, pues soy una persona muy activa. Cuando me sienta cansada, que no pueda más, lo pensaré… Soy muy activa. No me concibo sin trabajar. Creo que me voy a morir con las botas puestas.
-¿Cómo quiere ser recordada por todas sus alumnas y ex alumnas?
-Como una profesora exigente, pero que da. Quien da tiene derecho a exigir. Siempre les digo: si no entienden, pregúntenme lo que quieran. Si no les puedo dar una respuesta, quiere decir que no tengo derecho a ocupar esta silla de docente.
-Sus ojos se iluminan cuando le pido recordar a quienes han pasado por sus aulas. Creo que hay amor en lo que hace.
-Amor, confianza y respeto. Siempre estoy a la orden para escucharlas y darles un buen consejo.
-¿Cuántas alumnas más caben en su corazón?
-Muchas. No hay límite. Cada vez que alguna está de cumpleaños me levanto, voy hasta donde está, le doy un abrazo, un beso y le digo: “I love you”. A ellas les encanta.

Publicado en la revista impresa Entresocios (Edicion73, Julio 2010)
