Emprender con propósito con Denisse Sánchez

Emprender suele pensarse como un camino que requiere grandes inversiones y certezas, pero la realidad de muchos es distinta: comienzan con pocos recursos, mucho corazón y una voluntad inquebrantable. Denisse Sánchez, fundadora de Alfred’s y Yogurt Boom, nos comparte cómo su propósito, creatividad y disciplina fueron las verdaderas fuerzas para transformar un sueño en un legado. En esta entrevista, nos cuenta sus aprendizajes, desafíos y la forma en que construye una comunidad auténtica en torno a sus marcas.
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¿Cómo comenzó tu primer emprendimiento sin contar con un gran capital?
No necesitas millones, necesitas propósito. Emprender sin mucho dinero te enseña a ser creativo, a resolver, a valorar cada logro. Yo empecé con el corazón lleno de ganas. Cuando hay pasión y disciplina, el dinero termina llegando.
¿Cuál fue la primera inversión que hiciste y cómo lograste multiplicar ese valor?
Fue una inversión estratégica y muy consciente: mi esposo y yo comenzamos por adquirir la materia prima necesaria y optimizamos las maquinarias que ya teníamos a nuestro alcance. Para nosotros, cada kilo de harina, cada litro de leche y cada ingrediente era un paso hacia adelante.
Lo más importante fue entender que, más allá del dinero, la verdadera inversión estaba en la constancia, la disciplina y en creer que podíamos transformar algo pequeño en algo grande. Fuimos muy cuidadosos con nuestros costos, reinvertimos absolutamente todo y nos enfocamos en dar una calidad tan alta al mejor precio que la gente quisiera volver… y recomendar.
¿Qué papel tuvo la creatividad cuando el dinero no alcanzaba?
La creatividad fue mi capital más valioso cuando el dinero no alcanzaba. En esos primeros momentos, donde cada dólar contaba, entendí que la única manera de avanzar era pensando diferente.
La creatividad me permitió convertir limitaciones en oportunidades: optimizar los recursos, reinventar procesos, darle un valor emocional a cada producto y construir experiencias inolvidables sin necesidad de grandes inversiones. Desde diseñar estrategias de venta sencillas pero efectivas, hasta crear campañas orgánicas que conectaran con la gente.
¿Qué momento difícil recuerdas al iniciar Alfred’s?
Recuerdo muchos momentos difíciles, porque emprender no es una línea recta. Uno de los momentos más difíciles, pero también más transformadores, fue cuando tuve que aprender a escuchar verdaderamente al cliente.
A veces uno como emprendedor cree que sabe lo que la gente quiere, y no siempre es así. Recuerdo días donde sentía que todo estaba hecho con amor, con sacrificio, con calidad… pero el cliente no reaccionaba como yo esperaba.
Hubo momentos en los que recibimos críticas, comentarios fuertes o sugerencias que, aunque dolían, estaban llenas de verdad. Ahí entendí que emprender no es imponer una idea, es construir junto a la gente. Ese proceso de aceptar, escuchar y adaptarnos fue duro, pero necesario.

¿Qué consejos le darías a alguien que tiene miedo de empezar porque no tiene dinero?
Que recuerde que el éxito no se mide por el dinero, sino por la constancia. Que empiece con lo que tenga, aunque sea una idea, un cuaderno o un sueño. Yo soy prueba de que sí se puede.
¿Qué significa para ti la frase “emprender desde cero”?
No necesitas tenerlo todo para empezar, solo necesitas empezar. Y cuando emprendes amando lo que haces, el universo te acompaña.
¿Cómo logras que Alfred’s no sea sólo una marca, sino una comunidad?
Desde el inicio entendí que Alfred’s no iba a crecer únicamente por vender productos, sino por crear vínculos. Para mí, Alfred’s es una comunidad porque cada persona que entra forma parte de nuestra historia: el cliente que viene todos los días por su café, el niño que decoró su primera donut en Halloween, la familia que celebra con nosotros sus momentos especiales.
Siempre trabajamos para que cada sede sea un espacio de encuentro, donde se comparta, se ría y se viva una experiencia. No vendemos sólo un pan de jamón o una bomba rellena… vendemos recuerdos, tradiciones, nostalgia y cariño. Escuchamos a la gente, los involucramos, hacemos dinámicas, concursos, celebramos sus logros y también sus locuras.
Alfred’s es comunidad porque es cercano, humano y auténtico. Porque aquí la gente se siente parte, no cliente.

¿Qué te inspira a seguir innovando con nuevas ideas como Yogurt Boom o Alfred’s Bakery?
Cuando veo a un cliente sonreír, sorprenderse o enamorarse de un nuevo producto, entiendo que todavía hay muchísimas cosas por crear.
Yogurt Boom nació de un recuerdo, de una nostalgia colectiva, de esa época donde un producto simple hacía feliz a toda una generación. Alfred’s Bakery nace del sueño de llevar el sabor de casa a otros países.
Me inspira reinventarme, sorprender, rescatar tradiciones y traer nuevas experiencias. Innovo porque creo firmemente que las marcas que emocionan son las que trascienden. Y yo quiero que cada nueva idea tenga ese efecto: que toque la memoria, el corazón y los sentidos de la gente.
¿Cómo defines el estilo Alfred’s en Maracaibo, Italia y Miami bajo un mismo ADN?
El ADN Alfred’s es universal: calidad, frescura, cariño y una experiencia que conecta. Pero cada ciudad le agrega su propio acento.
En Maracaibo, Alfred’s tiene alma zuliana e italiana: alegre, espontánea, llena de sabor y tradición. Es el calor humano, el humor maracucho y la esencia familiar.
En Miami, Alfred’s se vuelve internacional, moderno, fresco, con esa energía de mezcla cultural donde todo convive: lo venezolano, lo latino, lo americano y lo europeo.
Todo esto convive bajo un mismo ADN porque Alfred’s no es un lugar… es un sentimiento. Un estilo que se adapta sin perder su esencia: hacer las cosas con amor, con detalle y con propósito.

¿Por qué decidiste apoyar ahora a nuevos emprendedores con el bono?
Cuando uno comienza, lo que más necesita no es sólo capital, sino una mano que te diga “sí puedes”.
Este bono es mi manera de devolver lo que la vida y la gente me ha dado. Es una forma de abrir el camino para alguien que tiene el talento, la disciplina y la pasión, pero no las herramientas para arrancar.
Mi intención es sembrar esperanza y demostrar que un pequeño impulso puede transformar una idea en una oportunidad real.
¿Qué buscas del ganador o ganadora de este concurso?
No busco perfección ni experiencia, busco actitud. Una persona que crea en su proyecto, que se arriesgue, que tenga una historia auténtica y que entienda que emprender es más que vender: es servir, crear y aportar.
Quiero apoyar a alguien que esté listo para convertir un sueño en un plan y un plan en una realidad.
¿Qué significa para ti “emprender con propósito”?
Para mí, emprender con propósito es hacer las cosas desde el corazón, con autenticidad, con valores sólidos, entendiendo que detrás de cada producto hay una historia y detrás de cada cliente hay una emoción.
Es dejar una huella positiva en tu comunidad y crear un proyecto que inspire a otros a creer, a mejorar y a avanzar. Cuando tu propósito está claro, el negocio deja de ser solo un negocio… y se convierte en legado.

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Denisse Sánchez nos muestra que emprender no es cuestión de grandes capitales, sino de grandeza en el alma, constancia y amor por lo que se hace. Su historia y su visión son un faro para quienes sueñan con comenzar desde cero y construir algo que trascienda.
Publicado en la revista impresa EntreSocios (Edición 177)
Fotografía: Isabela Redman
