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En Íntimo: Definitivamente, nací para ser deportista,Lino Connell

Jairo Márquez Lugo · 18 feb 2024

En Íntimo: Definitivamente, nací para ser deportista,Lino Connell

Lino Connell, uno de los atletas más completos del Zulia

“Definitivamente, nací para ser deportista”

Este cabimense pertenece al Salón de la Fama del Deporte Venezolano y es una de las 41 glorias del deporte zuliano. Como jugador, entrenador y director en las disciplinas de béisbol, softbol, baloncesto y volibol –especialmente esta última-, su trayectoria es inigualable. “Quiero ser recordado como aquel que dio todo por el deporte desde el ámbito educativo y que se entregó de lleno a su oficio”, expresa como voluntad para las nuevas generaciones de venezolanos.

Crédito Textos: Jairo Márquez Lugo / Fotos: Rubén

En una época donde la Psicología ni la Orientación tenían herramientas para determinar la vocación profesional de los estudiantes y la oferta académica en las universidades era escasa, surgió un joven que siempre tuvo claro su presente y futuro y que nunca desvió su trayectoria hacia otro oficio: Lino Antonio Connell Molero.

Este zuliano, nacido en Cabimas el 19 de febrero de 1939, es una de las 41 glorias del deporte zuliano registradas en nuestros anales. Aunque en esta palestra comparte logros con atletas de la talla de Luis Aparicio (béisbol), Asnoldo Devonish (ciclismo), Betulio González (boxeo), Elsa Antúnez (atletismo) y María Elena Giusti (nado sincronizado), se le considera el deportista más completo que ha nacido en nuestra región, pues se destacó en cada disciplina que ha practicado profesionalmente: béisbol, sóftbol, baloncesto y volibol. Fue en esta última que más sobresalió, al pertenecer durante 15 años a la selección nacional.

“El deporte ha sido algo muy natural para mí desde que tenía 10 años. Definitivamente, creo que nací para ser deportista. No creo haber podido ser un buen médico o ingeniero”, sentencia a sus saludables 71 años de edad.

Talento y condición

El apellido Connell proviene de Dominica. En esa isla nacieron sus abuelos, quienes se mudaron a El Callao (sur del estado Bolívar) para participar en la actividad de la minería. Fue en ese pueblo donde llegó al mundo su progenitor, Alejandro.

Con el pasar de los anos, Alejandro emigró a Cabimas para trabajar como mecánico diesel de la Mene Grande Oil Company. Allí conoció a Cira Elena Molero –oriunda de Santa Bárbara del Zulia-, con quien se casó y lo engendró. Son sus hermanos Afranio, Neria Elena, Eleazar y Nelson.

Aunque todos los hijos del matrimonio Connell-Molero estuvieron vinculados al deporte, en diversas disciplinas, fue el pequeño Lino el más destacado de todos desde la niñez. Fueron sus profesores de Educación Física en la escuela “Octavio Hernández” quienes encendieron en él la llama que aún hoy, seis décadas después, continúa incandescente.

“Cuando tenía seis años”, rememora, “mi familia y yo nos mudamos a Maracaibo. Mi primera escuela fue la ‘Jesús María Portillo’, en primero y segundo grado. Cuando llegué al ‘Octavio Hernández’ comencé a demostrar mi talento para el volibol. En el bachillerato, que cursé en el liceo Baralt, continué practicándolo junto al béisbol. Recuerdo haberle fracturado un dedo a Oswaldo Álvarez Paz –quien estudiaba conmigo- con una línea que le tiré. Aún nos vemos y recordamos ese episodio de la infancia. En esa época fui captado por la selección nacional de volibol”.

Algo que casi nadie sabe es que Connell, a los 13 años de edad, probó suerte en el boxeo, ganando las seis peleas que disputó en el centro Denia, ubicado en Valle Frío. Incluso, participó en una prueba de exhibición con el fallecido pugilista zuliano Ramón Arias. Sin embargo, prefirió colgar los guantes por petición de su mamá y seguir concentrado en el volibol, que practicaba en varias canchas –una de ellas ubicada en el patio de su propia casa-.

Al término del tercer año de bachillerato se vio en la obligación de abandonar los estudios para trabajar, pues su padre había muerto. Comenzó siendo ayudante de camionero, al servicio de un primo suyo dedicado al negocio de fletes. Luego probó suerte como chequeador de la empresa HL Boulton en el Puerto de Maracaibo. Aunque los compromisos laborales eran exigentes, siempre sacaba tiempo para entrenar y seguir participando en diversas competencias.

Finalmente, pudo terminar su bachillerato en el Instituto Universal, en la modalidad de libre escolaridad. Luego, aceptó dos trabajos: uno como entrenador en La Universidad del Zulia (1961) y otro como profesor de Educación Física en la Escuela Técnica Industrial (1962). Fue por esa época que inició una prolífica relación con nuestra máxima casa de estudios, ensenando sus técnicas a las selecciones de volibol, baloncesto y atletismo.

Mientras todo esto sucedía, Connell cosechaba éxitos en la selección nacional de volibol, en la cual estuvo entre los años 1958 y 1972. Participó en dos campeonatos mundiales (Brasil 1969 y Bulgaria 1970), además de cuatro panamericanos, cuatro suramericanos, cuatro centroamericanos y tres bolivarianos, sin contar varias competencias internacionales por intercambio.

Paralelamente perteneció durante 14 años a la selección regional de baloncesto y practicó el béisbol profesional durante 18 años.

A sus 26 años fue tentado a firmar un contrato con los Leones del Caracas, pero no lo hizo por la edad y sus múltiples compromisos en otras disciplinas; sin embargo, perteneció al equipo doble A ganador del primer título nacional para el Zulia, en 1966.

Su clave del éxito para triunfar en todas estas disciplinas ha sido el mejoramiento de sus condiciones físicas naturales y una total dedicación al deporte. “No vengo de una familia de deportistas… Lo más cercano que estuvo mi papá del deporte fueron los ‘cuadritos’ de caballos… Pero algo debemos llevar en la sangre, pues mis hermanos y yo siempre hemos practicado alguna disciplina”.

Docente y gerente

Con la creación de la Escuela de Educación Física de LUZ, en 1979, Connell se hizo uno de sus profesores. Tres años después recibió de la Universidad Nacional Experimental Libertador (UPEL) su título como Pedagogo en Educación Física.

Por aquellos tiempos se destacó como técnico y entrenador de la selección regional de volibol, consiguiendo tres títulos en el período 1986-1988. Lo mismo hizo para el equipo de volibol de LUZ en cinco oportunidades (de 1984 a 1988); ello motivó a las autoridades rectorales de la época a darle su nombre al Gimnasio Cubierto del Núcleo Humanístico, el cual fue inaugurado en 1987 y reinaugurado el pasado 29 de abril.

Desde la década de los ’90, Connell ha puesto su experiencia al servicio de instituciones gerenciales deportivas. Entre 1998 y 2000 fue director del Instituto Regional de Deportes del estado Zulia; del 2000 al 2004 fue director de Deportes de LUZ; en el 2006 fue nombrado presidente del Instituto Municipal del Deporte y la Recreación (Imdeprec); y hasta la fecha se mantiene como director adjunto de este último ente. Paralelamente, fue profesor del Liceo Los Robles durante tres años.

En 2008 fue jubilado de LUZ como docente y entrenador, sin embargo, se mantiene muy ligado a esta casa de estudios, la cual le otorgó dos años antes el mayor de sus reconocimientos: el Doctorado Honoris Causa.

Otra de las distinciones que le llena de orgullo es pertenecer al Salón de la Fama del Deporte Venezolano, desde el año 2002.

“Quiero ser recordado como una persona humilde, como aquel que dio todo por el deporte desde el ámbito educativo y que se entregó de lleno a su oficio”, expresa como voluntad para las nuevas generaciones de venezolanos.

“No vengo de una familia de deportistas… Lo más cercano que estuvo mi papá del deporte fueron los ‘cuadritos’ de caballos… Pero algo debemos llevar en la sangre, pues mis hermanos y yo siempre hemos practicado alguna disciplina”.

Una vida, dos tragedias

Lino Connell contrajo matrimonio con Carmen Finol de Connell en 1963. Con ella concibió a tres varones (Lino, Larry y Leslie) y una hembra (Lisette). La familia vivió feliz en la casa que compró en la urbanización La Trinidad hasta el mediodía del 16 de marzo de 1969, cuando sobre ella cayó una turbina de avión.

“Esa mañana había ido al supermercado con Lino y Larry. Los dejé en la casa para ir a ver un juego en el ‘Luis Aparicio’ y, cuando iba por Maicaíto, escuché por la radio la noticia de que un avión de Viasa había caído en La Trinidad, luego de despegar del aeropuerto de Grano de Oro. Me devolví inmediatamente a la casa, pero ya no había nada por hacer. También murió mi suegro, que vivía con nosotros. Milagrosamente se salvó Lisette, quien apenas tenía tres meses de nacida y se encontraba en una habitación a la cual no llegó la turbina. No le pasó nada”, rememora.

Fueron el deporte y sus amistades dentro y fuera de él quienes le ayudaron a superar tan duro golpe. Cinco meses después de la tragedia participó en un campeonato suramericano de volibol en Caracas, resultando ser uno de los mejores jugadores del certamen.

 Lino tuvo el honor de entregarle a su hijo Larry el título de Licenciado en Educación Física.
Lino tuvo el honor de entregarle a su hijo Larry el título de Licenciado en Educación Física.

Decidido a continuar su vida, reconstruyó su casa y se casó en 1971 con una orientadora de nombre Francisca Falcón de Connell, con quien concibió a Lino (jugador profesional de béisbol), Liseli (periodista), Francis Carolina (abogada) y Larry (profesor de Educación Física). Entre todos le han dado cinco nietos, cuatro ya nacidos y uno en el vientre de Francis Carolina; el mayor tiene 13 años y es el que –aspira- le dará el primer bisnieto.

Larry, Lisette, Lino y Liseli Connell.
Larry, Lisette, Lino y Liseli Connell.

En medio de la felicidad que le produce su familia está un silencioso luto por la partida de su segunda esposa, quien falleció hace cuatro años.

A estas alturas de la vida, Connell no piensa en un nuevo matrimonio. En su casa vive junto a dos de sus hijos –Lisette y Larry-, la alegría de los nietos cuando le visitan y los recuerdos de una vida personal que ha sabido afrontar con el temple de sus éxitos profesionales.

El pequeño Miguel Santiago está aprendiendo las técnicas de pitcheo de su abuelo.
El pequeño Miguel Santiago está aprendiendo las técnicas de pitcheo de su abuelo.

Entrevista realizada por Jairo Márquez Lugo para EnteSocios Edición No. 72, 6to. Aniversario. (Junio 2010)

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