FEDA, cuando el arte desafía el olvido en Maracaibo

En una ciudad donde el ruido de la cotidianidad apaga las voces más delicadas, existe un rincón que se niega a desaparecer. La Facultad Experimental de Artes de la Universidad del Zulia, conocida cariñosamente como FEDSA, es ese espacio donde la creatividad lucha contra viento y marea, donde estudiantes y maestros siguen creyendo que el arte tiene algo importante que decirnos. ¡Y vaya que lo tiene!
Un edificio con alma propia
La historia de la FEDA no comienza en 1999, cuando el Consejo Nacional de Universidades le dio vida oficial. Comienza mucho antes, en 1946, cuando el complejo arquitectónico La Ciega -ubicado en la avenida El Milagro de Maracaibo- fue el lugar donde la Universidad del Zulia reabrió sus puertas después de décadas de cierre forzado.
Fue precisamente en ese edificio emblemático donde Jesús Enrique Lossada pronunció el lema que define a LUZ hasta hoy: «Después de las nubes, el sol».
Los muros de La Ciega saben de resistencia. Fue gracias al empeño incansable del profesor Américo Gollo que la cuna de los artistas zulianos abrió sus puertas formalmente. Un trabajo que data de 1996, cuando el Consejo Universitario de LUZ aprobó la creación de esta facultad con el propósito de contribuir a las bellas artes de la región y del país. Tres años después, el 30 de julio de 1999, la FEDA nació oficialmente como institución académica.
Tres escuelas, un solo latido
Dentro de estas paredes con historia funcionan tres escuelas que abrazan disciplinas distintas, pero profundamente complementarias: la de Artes Escénicas y Audiovisuales, donde se forman actores, directores de cine, bailarines y creadores audiovisuales, la de Artes Plásticas, donde germina la pintura, la escultura y la instalación visual, y la de Música, esa lengua universal que no necesita traducción.
Su cuenta oficial de Instagram, @feda_luz (con más de 11 mil seguidores) refleja la vitalidad y el pulso permanente de una comunidad que produce y crea sin pausa. Hoy, alrededor de 800 estudiantes hacen vida en estas tres escuelas, con programas rigurosos de cinco años donde se enseña no sólo técnica, sino conciencia artística y responsabilidad social.
El grito que no deben ignorar
Pero aquí viene la parte que duele. Con apenas tres salones teóricos y dos de prácticas para atender a 800 estudiantes, la FEDA sobrevive en condiciones que no le hacen justicia a su valor histórico ni académico. Un edificio patrimonio cultural merece ser tratado exactamente como eso: un patrimonio.
La FEDA representa algo que Venezuela necesita desesperadamente: espacios donde la sensibilidad no sea un lujo sino una necesidad. Las autoridades deben entender que invertir en esta facultad no es un gasto. Es sembrar futuro. Es reconocer, de una vez por todas, que una ciudad sin arte es una ciudad sin alma. Y Maracaibo, con toda su historia y su gente, merece mucho más que eso.

Publicado en la revista impresa EntreSocios (Edición 180)
