Miss Zulia 2025: Belleza en Tiempos de Cambio

Hay pocas cosas más venezolanas que reunirse en familia a ver un concurso de belleza. Y aunque los medios tradicionales han perdido centralidad, el Miss Zulia sigue siendo uno de los escasos eventos que logra convocar a la comunidad, generar conversación y reafirmar símbolos. El pasado 12 de agosto, el Teatro Baralt volvió a ser escenario de una de las tradiciones más significativas en la vida cultural zuliana: la elección de su reina regional.
Este año, la corona fue para Valeria Di Martino, una joven marabina de 19 años, estudiante de medicina, que se presentó con una mezcla de elegancia, espontaneidad y vocación pública. Su respuesta en la ronda final fue una declaración de principios: habló de Sor Juana Inés de la Cruz como su inspiración, una figura intelectual, crítica y profundamente femenina. En un certamen donde las respuestas suelen ser genéricas, Valeria eligió la complejidad. Y eso, en sí mismo, fue un gesto de madurez y posicionamiento.

La gala incluyó desfiles en traje de baño y gala, coreografías al ritmo de “Amparito” y “Sentir Zuliano”, y una estética que celebró la identidad regional con mantas guajiras bordadas en lentejuelas. Fue una noche de tradición, moda y vocería. Valeria, además de obtener la corona, recibió la banda de Miss Prensa, otorgada por representantes de medios, lo que confirma su capacidad de conexión y autenticidad.
Miss Zulia ha tenido la difícil tarea de redimir su importancia. Aunque la belleza no ha quedado atrás, es complicado medir un parámetro que es en sí mismo abstracto. Esta ha sido una de las razones por las cuales los concursos de belleza han sido ampliamente criticados. Sin embargo, la preparación sí es medible: pasarela, oratoria, propuestas, bailes, vestidos, moda y alcance en redes sociales. Estas fueron algunas de las aptitudes que demostraron aquella noche. El trabajo de las participantes es innegable, y para quienes dudaban del esfuerzo, la gala fue una respuesta contundente.
¿Es Valeria una representación de la mujer zuliana? Yo pienso que ese día se puso en evidencia una práctica que muchas hemos vivido. Durante los días previos al concurso, mucho se le cuestionó su origen étnico. La familia de Valeria es de origen wayúu, y ella orgullosamente ha mostrado sus raíces. ¿Es que acaso tu apariencia física niega tu origen? Definitivamente no. Si algo ha sido la mujer zuliana es cuestionada y demeritada. Valeria abordó todo eso y, a una corta edad, se sobrepuso a las críticas y logró uno de sus objetivos.
Más allá del espectáculo, el Miss Zulia sigue siendo un espacio de negociación simbólica. ¿Qué representa la belleza zuliana hoy? ¿Qué valores se premian? ¿Qué narrativas se construyen desde la pasarela? En un país donde lo público se ha fragmentado, el certamen conserva su vigencia como escenario de lo colectivo. Es uno de los pocos momentos donde el zuliano se detiene a mirar, a comentar, a participar. Y eso, en términos de construcción ciudadana, sigue siendo profundamente significativo.
Valeria Di Martino no solo representará al Zulia en el Miss Venezuela 2025. Representará también una forma de liderazgo joven, femenino y comprometido que conecta con el sentir de una región que, a pesar de todo, sigue creyendo en sus símbolos. En tiempos de crisis, la belleza también puede ser resistencia. Y la corona, un espacio de vocería.


Muchas experiencias salen de este concurso. En Venezuela, el trabajo y esfuerzo que requiere participar en un certamen de belleza son innegables, así como las puertas que se abren. Aunque tengo mis diferencias con los concursos, reconozco que quienes participan cambian su vida por un objetivo: convertirse en embajadoras culturales. Y eso es tan respetable como decidir estar en cualquier otra competencia.
Por último, quiero agradecer a la prestigiosa diseñadora Miriam Rodríguez por permitirme portar una de sus creaciones, a Tumma Accesorios por realzar mi look durante la alfombra azul, y a nuestra gran maestra Titi Rincón, por guiarnos cada día hacia un mejor trabajo. En mi opinión, el Miss Zulia 2025 fue, como siempre, un despliegue de zulianidad.
