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Talentos

«No quiero trabajar contigo»

Vanesa León · 22 oct 2025

«No quiero trabajar contigo»

La historia de Guillermo Rivero y Ramón Vera, los fundadores de Saint de Venezuela

Por: Vanesa León

Fotografías: Elio Ríos

Guillermo Rivero y Ramón Vera, con sus personalidades contrastantes, han creado una sinergia única que ha sido clave en la historia del software administrativo, Saint de Venezuela. Su sociedad es un ejemplo perfecto de cómo las diferencias pueden complementarse para lograr grandes cosas. Por un lado, Guillermo Rivero, es el cerebro reservado y cauteloso. Un hombre que reflexiona cada decisión, analizando los riesgos con una inteligencia profunda antes de actuar. Su enfoque metódico garantiza la solidez y la dirección estratégica de la empresa.

Por otro lado, Ramón Vera, es el motor de la acción. Un hombre inteligente y observador, pero también impulsivo, que no teme a decir lo que piensa ni a dar un paso audaz sin pensarlo dos veces. Su carácter lo convierte en el contrapeso perfecto de Guillermo, aportando dinamismo y empuje al proyecto. Juntos, estos dos visionarios han forjado el futuro del software. Mientras uno aporta la prudencia y la estrategia, el otro brinda el impulso y la audacia, demostrando que el éxito no siempre reside en la similitud, sino en la capacidad de complementarse mutuamente.

Saint de Venezuela: 35 años de liderazgo empresarial

La empresa Saint de Venezuela (Sistema Administrativo Interdependiente), fundada en 1990 por los empresarios Guillermo Rivero y Ramón Vera, festeja este año su 35º aniversario consolidándose como líder en el desarrollo de software administrativo. En el marco de esta celebración, la empresa integró la inteligencia artificial en su sistema, ofreciendo una solución avanzada para optimizar la gestión empresarial.

Su software, es mucho más que una simple herramienta de gestión; es una solución estratégica. Sus herramientas de análisis de alto rendimiento evalúan con precisión la situación de cada empresa, proporcionando datos claros que impulsan el rendimiento y refuerzan la competitividad en el mercado. Con un liderazgo sólido en 17 países, el éxito y la longevidad de Saint de Venezuela se basan en sus valores fundamentales: lealtad, solidaridad, humildad y excelencia. Estos principios la han posicionado como una de las casas de software más grande de Latinoamérica.

Una sociedad inesperada

Cuando las personas se enteran de la sociedad entre Guillermo y Ramón, la primera imagen que les viene a la mente es la de una típica mesa de negociaciones, llena de cifras y estrategias. Sin embargo, su historia se desvía drásticamente de esa suposición. Ambos eran jóvenes veinteañeros cuando se conocieron a través de un amigo en común, Roberto Guerra, con quien habían formado al inicio una sociedad llamada «RVG» (Rivero, Vera y Guerra). La química entre Guillermo y Ramón no fue precisamente inmediata. De hecho, lo primero que dijeron, y de forma recíproca, fue: «No quiero trabajar contigo». Ninguno de los dos sabía que esa rotunda negación sería el inicio de una alianza que se daría de la manera más insólita.

El punto decisivo en su relación ocurrió cuando Guillermo fue víctima de un accidente por arma de fuego. Al enterarse de la situación, Ramón acudió de inmediato al hospital para ofrecerle su apoyo incondicional en ese momento tan difícil. Cuando Guillermo lo vio, se dio cuenta de algo crucial: la persona que él había rechazado como socio de trabajo era la que estaba a su lado en uno de los peores momentos de su vida. En ese instante, comprendió que Ramón no solo era un profesional, sino alguien en quien valía la pena confiar. Fue en ese hospital, en medio de la adversidad, donde se consolidó la base de su duradera sociedad.

Guillermo Rivero: el equilibrio detrás del éxito de Saint de Venezuela

Guillermo Rivero no es sólo uno de los fundadores de Saint de Venezuela, es la personificación de la prudencia y la excelencia técnica que ha sostenido a la empresa por 35 años. Con un enfoque meticuloso y una pasión por la tecnología, ha sido el motor silencioso que ha impulsado la solidez y la dirección estratégica de una de las casas de software más respetadas de Latinoamérica. Mientras su socio, Ramón Vera, irrumpe con dinamismo, Guillermo aporta la calma del análisis profundo.

A sus casi 20 años, Rivero dejó la universidad, una decisión que, en su momento, desilusionó a su familia, especialmente a su madre, para quien un título era la máxima aspiración. Sin embargo, ese camino inesperado lo llevó a trabajar en una empresa extinta, donde nació una inquietud que cambiaría su vida. Vio la necesidad de crear un sistema mejor, una idea que se convertiría en el cimiento de Saint de Venezuela. Años más tarde, ese salto de fe se validó con el orgullo de su madre, su mayor fuente de inspiración.

Aunque él es uno de los presidentes, insiste en que su rol es como el de un compañero de trabajo. «Me gusta que me traten igual, porque cada quien hace su parte», afirmó. Para él, el egoísmo es el mayor enemigo de cualquier empresa y la razón por la que muchas fracasan.

La hermandad forjada en la adversidad

La primera impresión de Ramón Vera no fue precisamente la mejor para Guillermo.“Cuando conocí a Ramón me pareció la persona más pedante y engreída del mundo”, admitió Rivero, sin embargo, aquel accidente fue lo que transformó esa relación.

Guillermo comprendió que la confianza en un socio iba más allá de los negocios. En ese momento, en la adversidad, no encontró a un colega, sino a un hermano. Esa hermandad se convirtió en la base de su éxito. «Esta sociedad se convirtió en una hermandad. Escucho a Ramón y peleo con él, pero a pesar de todo, Ramón para mí es un hermano, no un socio», reveló con una sonrisa genuina.

El arquitecto de las ideas y el impulso

Si Ramón es el visionario de los retos, Guillermo es el alquimista que convierte esas ideas en realidad. «Ramón a veces me pone unos objetivos que al momento no existen», explicó Guillermo. La visión de Ramón, aunque a veces parece inalcanzable, se convierte en un desafío personal que Guillermo acepta. Su admiración por su socio es evidente:

«Ramón es muy sincero y directo; dice las cosas sin pelos en la lengua. Aunque a veces nuestra forma de comunicarnos es con gritos y peleas, no es nada personal. Al final, siempre logramos tener una comunicación sincera, y esa es la diferencia. Lo admiro porque siempre tiene ideas que parecen locuras, pero después las analizo, las adapto a mi visión y así sé por dónde llevar la empresa. Ramón es un hombre de sentimientos; siempre está pendiente de todos y me cuida. A veces veo a Ramón como mi papá».

A pesar de haberse retirado físicamente de la empresa y estar fuera del país desde 2015, Guillermo asegura que su productividad sigue intacta. «Desde la distancia, sigo estudiando mucho más como un reto personal», afirmó. Su relación con Ramón se mantiene gracias a una comunicación diaria, un canal de respeto mutuo donde las diferencias se convierten en fortalezas. «Para mí, el respeto y la admiración son lo más importante», recalcó.

La vida de Guillermo Rivero no se ha tratado de títulos o de negocios convencionales, sino de construir un legado sobre una base de excelencia, paciencia y una hermandad que desafía toda su lógica. «A mí me inspira la perfección», concluyó, también nos dejó claro que su motor no es el dinero, sino la constante búsqueda por crear la mejor solución para su comunidad.

El impulso audaz: Ramón Vera y la filosofía de la riqueza colaborativa

Ramón Vera, el otro 50% de la ecuación de Saint de Venezuela, se presenta como el motor de la acción, la voz audaz que empuja los límites y desafía lo establecido. Si Guillermo Rivero es el cerebro reservado, Ramón es el corazón que late con la energía del riesgo calculado, el hombre que, junto a su socio, convirtió su visión de un software en una comunidad que hoy supera las 5,000 personas.

En un principio, su camino no fue el de la programación, sino el del comercio. A pesar de ello, Ramón se percató de la oportunidad que había en el desarrollo de software. «Este no es mi puesto», pensó, consciente de que el trabajo monótono no era para él. El desarrollo requería una paciencia inmensa, un rasgo que admiraba en su socio, Guillermo. Sin embargo, su mente analítica lo llevó a realizar un estudio de mercado y viabilidad económica que tardó dos años en completarse, sentando así las bases de lo que hoy es Saint de Venezuela. Él entiende que el éxito no reside en la similitud, sino en la capacidad de complementarse, una lección que aprendió desde el inicio de su relación con Guillermo.

La inspiración de la audacia

Para Ramón, la inspiración no se encuentra en el dinero o el éxito material, sino en el conocimiento y la superación personal. Su padre, quien le enseñó que «si vas a hacer algo, hazlo mejor que todos los demás», fue su primer mentor. Este consejo lo llevó a creer que la excelencia es la única forma de ser reconocido, sin importar el origen, la etnia o las creencias. Ramón desafía el complejo de inferioridad, afirmando que «¿quién dijo que los gringos tienen más cerebro que nosotros?, ¿quién dijo que los de la India tienen más cerebro que nosotros? Que yo sepa, todos ellos tienen los mismos componentes en su capacidad craneal, la misma materia que le ponen ahí nos ponen a todos nosotros». Para él, el único «elixir de la eterna juventud» es estudiar, un pasatiempo que comparte con su socio. Ramón cree firmemente que un buen líder debe ser como un buen padre, cuidando de todos los que lo rodean y asegurando que nadie esté mal para que él pueda ser feliz.

Una mente brillante y sin egoísmos

Ramón describe a su socio con una admiración palpable. «Guillermo es un tipo brillante, muy brillante… A la gente brillante no le ofenden las palabras, solo a la gente estúpida. A Guillermo lo ofenden los hechos», comentó. Reconoce la genialidad de Guillermo y valora que su comunicación sea directa y sin rodeos. Su relación, aunque a veces conflictiva, se basa en el respeto mutuo, que es la clave de su sinergia.

«Hay algo en común entre Guillermo y yo. No pensamos en el dinero. El problema en la mayoría de los negocios es cuando se piensa en el dinero. ¿Sabes en qué pensamos nosotros dos? En hacer lo más espectacular que existe en el mercado. ¿Cuál es el único elemento que genera riqueza? El conocimiento. Si usted crea conocimiento, está creando riqueza. Y si usted comparte la riqueza, está ganando más en vez de ganar menos. De ahí nace la comunidad Saint».

Esta filosofía, que él llama «economía colaborativa», es lo que, según Ramón, hace a Saint diferente de otras empresas. Han comprobado que el estudio y la innovación continua son el verdadero motor del crecimiento. Su visión no se limita a diez años, sino a un legado que trascienda su propia existencia. «Si nosotros desaparecemos, Saint no puede desaparecer», concluyó, dejando claro que su mayor logro es haber creado una compañía que va más allá de dos hombres, una comunidad que comparte el conocimiento y, con ello, la riqueza.

El legado de la sinergia y el conocimiento

La historia de Guillermo Rivero y Ramón Vera es la prueba viviente de que la verdadera fuerza reside en la complementariedad. Su sociedad, nacida de la desconfianza y fortalecida por una crisis, se ha convertido en una hermandad que ha forjado el futuro del software administrativo más completo en Latinoamérica. Mientras Guillermo aporta la prudencia y la búsqueda incansable de la perfección, Ramón brinda el impulso audaz y una visión que desafía los límites. Juntos, han construido más que una empresa; han creado una comunidad colaborativa donde el conocimiento es el único elemento de verdadera riqueza.

En un mundo empresarial obsesionado con el dinero, su filosofía es visionaria. Juntos, nos dejan en evidencia que el éxito no se mide en utilidades, sino en la capacidad de innovar, de compartir y de generar un impacto que trascienda a sus propios fundadores. Saint de Venezuela no solo es un referente tecnológico, sino un faro que demuestra que la lealtad, la humildad y la excelencia son los pilares de un legado que no desaparecerá, porque su conocimiento, como ellos mismos afirman, está destinado a ser compartido y a perdurar por siempre.

Publicado en la revista impresa EntreSocios (Edición No. 176)

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