Oscar d’Empaire Belloso: “Soy feliz porque he ensamblado mi vida»

Nuestro invitado de la sección “En Íntimo” es un reconocido escultor y promotor artístico, amante de la aventura y el ajedrez, curioso por naturaleza, geógrafo cultural y, por sobre todo, trotamundos. En Japón asistió a la boda del príncipe Akihito, en Bali se hizo un tatuaje “pendejo” –como él mismo dice- y en Tailandia visitó un fumadero de opio, aunque no lo consumió. A sus casi 80 años se mantiene activo como el mayor de los hijos del memorable Carlos Julio d’Empaire, y sigue creando, inventando, marcando distancia contra el aburrimiento.
Producción: Titi Romero Pantin / Textos: Jairo Márquez Lugo / Fotos: Eugenio Duarte
“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”, dijo alguna vez Gabriel García Márquez. Oscar d’Empaire la recuerda feliz y es capaz de transmitir esa felicidad a quienes le escuchamos resumir sus casi ocho décadas de vida.
Oscar Eduardo es fruto de la unión entre dos de las familias más importantes de Maracaibo, d’Empaire y Belloso. Su padre, Carlos Julio, fue uno de los empresarios de mayor connotación en el país y fundador de la emblemática firma de automóviles que llevó su nombre; su madre, Consuelo Valentina, es hija de don Manuel Belloso, fundador de Comercial Belloso (Cobeca) y génesis de una prolífica descendencia.
El próximo 27 de enero, nuestro invitado para la sección “En Intimo” cumplirá 80 años, una cantidad de tiempo que para él resulta insuficiente. “Siempre he tenido sueños y proyectos, y me falta mucho aún por hacer. Nunca me retiraré”, admite ante nuestro grabador y cámara.
Don Oscar, como nos permitimos llamarle, es un reconocido escultor y promotor artístico, amante de la aventura y el ajedrez, curioso por naturaleza, geógrafo cultural y, por sobre todo, trotamundos. Su venidero cumpleaños llegará acompañado de una gran satisfacción personal por todo lo hecho y por hacer.
“La vida me ha dado la oportunidad de ser positivo para mí, mi familia y la sociedad. Soy feliz porque he ensamblado bien mi vida”, afirma.
-¿De dónde viene ese arraigo tan grande de su familia hacia Maracaibo?
-Tanto los d’Empaire como los Belloso hemos tenido una notable participación en el desarrollo de nuestra ciudad, en el siglo XIX y XX. Yo nací aquí y seguiré aquí, a pesar de que cuatro de mis hijos viven en el extranjero. No tengo ningún plan “B”. De Maracaibo no me voy.
-¿Se siente más Belloso que d’Empaire o al revés?
-Mmm… De ambas familias por igual. En las dos he tenido grandes mentores y maestros.
-¿Cómo recuerda su infancia?
-Nací en una casa llamada “Los Robles”, ubicada al lado de otra llamada “San Joaquín”, de mis abuelos maternos. Ambas estaban en la calle Falcón, en terrenos que hoy ocupa Cobeca. Me dicen que llegué al mundo como a las 6:00 de la mañana. Soy el mayor de mis hermanos. Me siguen Graciela Josefina, María Auxiliadora, Alicia Margarita, Ernesto José, Consuelo Valentina, Carmen Cristina y Carlos Enrique.
-Según el calendario, su signo es Acuario. ¿Se siente influenciado por él?
-No creo mucho en esas cosas, aunque el signo dice que los acuarianos somos muy creativos -y en eso tiene razón, al menos en mí-. No leo el horóscopo y me río al escucharlo por accidente en la radio, con aquello que supuestamente se debe y no se debe hacer para lograr la felicidad. Alguna vez me hicieron mi carta astral y tampoco le di importancia.
-¿Le marcó haber sido el mayor de sus hermanos?
-No sólo eso, sino también el haber sido el mayor de los nietos de los Belloso. De mi mamá nacieron más de 113 descendientes, entre hijos, nietos y bisnietos. Ocupar este lugar en la familia ha implicado una mayor responsabilidad.
-Cuéntenos por favor sus primeros años de escolaridad.
-La primaria y secundaria las hice en Los Maristas, cuando su sede estaba muy cerca de mi primer hogar. En toda esa zona de la Falcóncon Bella Vista no había todas las calles que vemos hoy. Mis amigos de las familias Ferrer y Gutiérrez, junto a mis hermanos y primos, nos divertimos mucho cuando comenzaron a instalar la red de cloacas, muy cerca de la “bola del gas”. Era toda una aventura atravesar los zanjones que se formaron por las obras. Uno sentía que pasaba montañas.
Los muchachos nos reuníamos los sábados para ir a comer en la fábrica de Helados Alfa, cerca de Bella Vista. A uno de nosotros se le ocurrió una vez llevar una mosca dentro de una caja de fósforos y la colocó dentro del helado que nos estábamos comiendo. De esa manera podíamos reclamar un cambio y comer más sin pagar (risas).
Pasaba más tiempo donde mis abuelos que en mi casa. Cuando me servían una comida que no me gustaba me iba para “San Joaquín”, aunque desde pequeño me acostumbraron a comer de todo. Mis hermanos y primos nos comunicábamos entre ambas casas a través de unos mecates que colgamos de una mata de mamón. Una vez conseguimos unos guantes de boxeo, armamos un ring y disfrutamos bastante.
-¿Qué hizo al egresar del bachillerato?
-Lo terminé en Estados Unidos cuando tenía como 18 años. Mi papá me envió allá a estudiar junto con mi hermano Carlos Enrique. Estuve aproximadamente dos años y aprendí a hablar inglés. Quise estudiar Arquitectura, pero para aquella época mi papá se había quedado sin socio en su empresa y me pidió que regresara a Venezuela para ayudarlo. Nunca me he arrepentido de tal decisión, pues el trabajo y la soltería me permitieron recorrer medio mundo.
-¿Cuándo comenzó a viajar?
-En mi infancia. Siendo papá diputado del Congreso Nacional fui a Caracas a bordo de un barco llamado “The Red Line”, que partía de Maracaibo y llegaba a Curazao antes de ir a La Guaira. Por eso se decía antes que para ir de Maracaibo a Caracas había que sacar pasaporte.
Mi primera salida al extranjero la hice con papá y mi abuelo materno. Viajamos a bordo del barco “Santa Rosa” con destino a Detroit, pues mi familia se dedicó a la distribución de automóviles americanos. En ese mismo viaje fui por primera vez a Haití y Europa.
-¿Hasta dónde pudo llegar luego, con dinero y mucha juventud?
-Mi viaje más largo y extenso lo hice hace mucho tiempo con un primo de nombre Joe Swartz. Prácticamente le dimos la vuelta al mundo. En primera instancia fuimos a Los Ángeles, Hawai y Tokyo. Estando en Japón tuvimos la oportunidad de asistir al matrimonio del príncipe Akihito, debido a que papá fue uno de los fundadores del Diario de Occidente y conseguimos unas acreditaciones de prensa. Entramos a todos los eventos especiales que prepararon para los periodistas gracias a una banda amarilla que nos colocamos en el brazo. Un mes después de haber regresado a Venezuela nos llamó la Embajadade Japón en Venezuela pidiéndonos la banda. El recuerdo nos duró muy poco.
-¿Cómo prosiguió el periplo?
-De Japón nos fuimos a Bali, donde me hice el primer y único tatuaje de mi vida –una daga en el brazo derecho-. Un médico amigo de origen americano me dijo: “¿Tú estás loco? ¿No sabes cuántas muertes se han producido por infecciones relacionadas con los tatuajes?” Es un tatuaje pendejo (risas).
De esa isla recuerdo las festividades religiosas en los templos, los mercados y el teatro de sombras, que en aquella época se hacía con lámparas de kerosene. Estando allá nos invitaron a un río. Quienes estaban allí quedaron sorprendidos con lo velludo de nuestros cuerpos, pues los hombres de Bali son lampiños. “¿Qué hacen aquí esos monos?”, nos preguntaron. Aún conservo fotos de ese viaje.
Luego fuimos a Hong Kong, Tailandia y Macao. En Tailandia me ayudó mi membresía en la Cámara JuniorInternacional. Unos militares que también eran “juniors” nos llevaron a cenar en un restaurante con cubículos para masajes. Lo más interesante es que fuimos posteriormente a unos fumaderos de opio. En la entrada había unas pipas bellísimas en madera que alquilaban. A quienes querían fumar les daban también una lámpara de aceite, el opio y una herramienta para extraerlo.
No fumé ni en ese momento, ni antes ni después. Sólo vi de lejos. Nunca he fumado.
De Tailandia nos fuimos a Camboya, un país con una cultura interesante, templos enormes y kilómetros de esculturas en bajorrelieve. De ahí nos pasamos a la India. VisitamosCalcuta, Nueva Delhi y Jaipur, y también conocimos el río Ganges. El Taj Majal tuvo en mí un gran impacto.
-¿Qué destino elegiría si le regalan un viaje?
-Regresaría a la India. Es un país con una cultura extraordinaria. Lo que más me impactó cuando lo conocí fue el color en los mercados y los pueblos, además del calor. Hacía una temperatura de 40 grados centígrados a la sombra que me quemaba los labios. Los ríos de gente en las ciudades eran impresionantes.
Para poder disfrutar de la India hay que ir con la mente abierta y no sobrecogerse por la miseria. Hay mucho por ver allá.
-Al parecer ese fue un viaje sin fin. ¿Cómo culminó?
-No queríamos regresar a Venezuela sin conocer Rusia. Ambos países no tenían relaciones diplomáticas en aquella época, lo cual dificultaba la obtención de la visa de entrada. Por fortuna la conseguí estando en la India. Desde allí tomamos un avión de Air India con destino a Afganistán, y luego otro que nos llevó a Moscú.
Estando en Kabul hice un recorrido por la ciudad y pude almorzar en la casa de un funcionario de la Dirección de Turismo, donde conocí a una mujer con burka. En Moscú me tocó de guía una muchacha muy linda, que por fortuna sabía hablar inglés. Por tren nos fuimos después a San Petesburgo, Finlandia, Suecia y Dinamarca.
¿Qué conoce de nuestro continente?
-Toda Centroamérica menos Nicaragua y El Salvador. En otro viaje pude regresar a Haití y conocí de cerca los ritos del vudú, una noche entre jueves y viernes santo. Era el único blanco entre gran cantidad de personas de piel negra. Estuvieron en trance y bailando como hasta las 3:00 de la mañana. Un sacerdote hizo en un cuaderno que aún conservo escritos y dibujos sobre algunos rituales. Los rezos son una mezcla de español, francés, patuá y africano.
-¿Cree en el vudú?
-No. Soy católico de nacimiento, al igual que mi familia. Siempre me ha interesado conocer otras creencias, pero no las comparto.
“En un viaje a Haití conocí de cerca los ritos del vudú, una noche entre jueves y viernes santo. Era el único blanco entre gran cantidad de personas de piel negra. Estuvieron en trance y bailando como hasta las 3:00 de la mañana. Un sacerdote hizo en un cuaderno que aún conservo escritos y dibujos sobre algunos rituales. Los rezos son una mezcla de español, francés, patuá y africano”.
Creador
Muy emocionados con este recorrido geográfico –como si nosotros lo hubiésemos hecho en pocos minutos-, nos adentramos en la vena artística de nuestro invitado, quien es un reconocido creador de esculturas y ensamblajes y ha recibido distinciones como el Premio de Escultura del V Salón de Artes Plásticas de Occidente, entre otras.
La intimidad del hogar ha sido albergue de su taller y fuente –entre otras- de inspiración. Lo que más le entusiasma es crear una obra a partir de la nada, o mejor dicho, de materiales que muchos consideran desecho. Para ello ha recorrido hasta el basurero de Aruba. Uno de sus “proveedores” en aquella isla es un chino propietario de una recuperadora de metales.
Su formación la comenzó a recibir en uno de los tantos viajes que realizó a Francia. Su dominio del inglés y francés a temprana edad le ayudó a conocer el mundo. Tomó un curso de cultura francesa en La Sorbonay, posteriormente, se formó allá en compañía de la venezolana Magda Andrade, una reconocida pintora en los círculos artísticos de Caracas, París y Berlín. A través de ella conoció los salones literarios que frecuentaban artistas, escritores y miembros de la monarquía.
En Venezuela fue promotor de cuatro importantes iniciativas vinculadas a la cultura: Centro de Bellas Artes, Teatro Bellas Artes, Colegio Bellas Artes y Salón d’Empaire de Pintura, Escultura y Grabado.
-¿Cómo surgió el Salón d’Empaire?
-Por iniciativa mía y de mi papá. Se mantuvo durante 12 años (1954-1969) con el objetivo de estimular el desarrollo de las artes plásticas en el Zulia cuando en Maracaibo no existían galerías Al lograr los objetivos trazados decidimos ponerle fin al evento.
-¿Ha pensado alguna vez en retomarlo?
-No está en mis planes, pues nuestra ciudad cuenta actualmente con diversos centros culturales y muestras importantes como la Bienalde Arte de Maracaibo y la Feria Internacional de Arte y Antigüedades de Maracaibo. Lo que sí creo es que debe haber eventos que promuevan el arte más allá de la pintura.
-¿Cuáles han sido los principales logros del Centro, Teatro y Colegio Bellas Artes?
-Promover el talento artístico de nuestra ciudad y en especial los tapices guajiros, a través del taller Mali Mai. El colegio se ha convertido en referencia educativa nacional y en semillero de importantes profesionales. Me siento muy orgulloso de haber participado en todas estas obras.
-Tiene una larga trayectoria como artista. ¿Desea seguir creando?
-Por supuesto. El 30 de este mes inauguraré una individual llamada “Jugando con Vulcano”, en el Aula Magna de la Universidad RafaelUrdaneta, con 30 esculturas y ensamblajes hechos en hierro. Gran parte de mi tiempo lo invierto en mi taller. Para mí es un reto hacer algo a partir de la nada, ver cómo puedo ensamblar y transformar los elementos.
Hombre de familia
Oscar d’Empaire viene de una familia prolífica y longeva. La suya la inició en 1962 al lado de una chilena de nombre Mayder Etcheverry, a quien conoció, precisamente, en un matrimonio donde él era padrino y ella madrina. Ella ha preferido pasar inadvertida ante nuestra lente.

-¿Cómo fue ese primer encuentro?
-Uno de mis amigos en la boda me dijo: “Hay una chilena muy linda que tienes que conocer”. En efecto, la vi y me gustó. Al día siguiente, varios de los presentes hicimos un recorrido por la Colonia Tovar al cual ella asistió. Le tomé unas fotos y quise hablarle, pero era muy cerrada. Por aquella época tuve que viajar a Europa; al regresar le envié una de las fotos que le tomé en la Colonia Tovar con una dedicatoria. En verdad me quedé enganchado.
–¿De qué manera la convenció?
-Ah, no sé. Mejor que lo diga ella. Fui muy insistente. Además, en aquella oportunidad yo tenía un poco más de pelo (risas).
-¿Alguna estrategia en particular?
-Comencé a visitar Caracas con frecuencia y la convencí de que nos casáramos tres meses después de habernos conocido. El viaje lo hacía por tierra a bordo de un Thunderbird. Lo que no sabía es que un tío de ella estaba investigando para conocer mis antecedentes. Querían cerciorarse de que yo era un buen muchacho y provenía de una buena familia. Ese tío fue uno de los directores de Seguros La Seguridad. Despuésde la boda pude ver el informe que él elaboró.
-¿Dónde fue el matrimonio?
-El civil en Maracaibo y el eclesiástico en Caracas. En la iglesia nos casó un capellán del Ejército pariente de papá, quien nos arrodilló y amarró con un cordón especial durante toda la misa. Al final de la ceremonia fuimos a la fiesta, y nosotros de idiotas no comimos a pesar de toda la comida que había. Teníamos un hambre horrible, y al salir del salón tomamos el carro y nos fuimos a una arepera ubicada donde hoy está el centro comercial El Tolón. Imagínate la cara de la gente cuando nos vio bajar del carro para comer arepas, ella de vestido de novia y yo de frac (risas). Para esa época papá era cónsul de Dinamarca, y gracias a un contacto en la Embajada nos prestaron un apartamento en Prados del Este, donde pudimos llegar después de la boda.
-¿Fijaron residencia en Caracas?
-No, en Maracaibo. Fuimos de luna de miel a Europa y después nos establecimos en “Los Robles”. Al tiempo nos mudamos a una casa cerca del Hotel del Lago.
-¿Cuándo comenzaron a llegar los hijos?
-Muy pronto. En el ’63 nació Luis Felipe, quien vivió en Chile y ahora está radicado en Miami; En el ’64 llegó Alfredo (apodado “Catire”), el único que me queda en Maracaibo; en el ’65 tuvimos a Julieta, quien vive en New Hampshire; dos años después nació Juan Carlos, quien hace pocos meses se mudó a España; y en el ’75 tuvimos a Ana María, que vive en Australia.
-¿Cuántos nietos?
-11 (seis varones y cinco hembras). Algunos de ellos me dicen “Yeyo”. El último, Nicolás, nació en España hace unas semanas. Nicole es la mayor y tiene 17 años. Sólo están en Venezuela los hijos de “Catire”.
-¿Está preparado para ser bisabuelo, en su debido momento?
-Por supuesto que sí, pero los nietos deben formarse bien antes de casarse. Nicole es una gran estudiante.
-En el 2012 cumple 50 años de matrimonio. ¿Cuál es el balance de esta relación?
-Soy muy feliz. La familia es para mí lo más importante, y tengo una hermosa. Lamentablemente, buena parte de ella está desperdigada.
-¿Alguna celebración entre sus planes?
-Cuando papá y mamá festejaron sus 50 años de matrimonio ofrecieron un crucero por el Caribe, donde íbamos más de 50 personas (hasta el chofer Atilio y la nana Vicenta). Vamos a ver a dónde podemos invitar a nuestros hijos. Por los vientos que soplan iremos a los Puertos de Altagracia y Bobures en una piragua (risas).
“En mis viajes he probado de todo, desde las hormigas ‘culonas’ hasta la chicha fermentada que hacen los indígenas en la Sierra de Perijá. Me encanta la chayota y el gazpacho que hace mi mujer”.
Entretenido
Oscar d’Empaire no tiene paciencia con quienes dicen que se aburren. “Los únicos que se aburren son los tontos”, afirma. Él siempre tiene algo que hacer; en ocasiones, afirma que le falta el tiempo para desarrollar todo lo que tiene en su mente. Siempre está pensando y proyectando. Sus casi 80 años no son en absoluto obstáculo para planificar el futuro.
Tan meticuloso es con el reloj que, en caso de una cita médica, se lleva un buen libro al consultorio para no sentir que ha desaprovechado el tiempo. Actualmente lee “Sables y Utopías”, de Mario Vargas Llosa. En su biblioteca reposan textos de diversa índole, especialmente vinculados a la historia y el arte.
Como dijimos anteriormente, don Oscar es capaz de traer al presente muchos detalles de su pasado; cuando no lo hace, se excusa diciendo: “Vagamente lo recuerdo”. Su buena memoria se debe en parte, a nuestro juicio, a su afición por el ajedrez. El médico que le operó de las carótidas hace tres años respalda nuestra apreciación. Lo juega desde temprana edad y en cualquier momento y lugar, desde un bar de Los Balcanes hasta debajo de un almendrón en la vía hacia Barranquilla, como le ha sucedido. Todos los días intenta resolver un problema en el tablero.
“El ajedrez es como la música: el idioma no es un obstáculo para disfrutarlo. Lo he jugado en cualquier parte del mundo. Todo el que me invita le acepto la partida. No soy una lumbrera, pero lo juego”, afirma.
Hasta donde se sabe, él posee la colección de tableros de ajedrez más importante de Venezuela. Tiene más de 200 entre su casa y la oficina que heredó de su padre, en la avenida Las Delicias. Todos están elaborados en diversos materiales –orgánicos e inorgánicos- y representan diversas culturas del planeta. Su hobby lo extendió hasta el Centro de Bellas Artes con las ediciones del ya desaparecido concurso “El Ajedrez en el Arte”.
Sobre éstas y otras pasiones hablamos a continuación.
-¿Se considera lo que llaman un “buen diente”?
-Como te dije, en mi casa me enseñaron a comer de todo, así como le pasaba a Giuseppe De Pinto según leí en la entrevista que EntreSocios le hizo hace dos meses. En mis viajes he probado de todo, desde las hormigas “culonas” hasta la chicha fermentada que hacen los indígenas en la Sierrade Perijá. Me encanta la chayota y el gazpacho que hace mi mujer.
-¿Bebidas preferidas?
-No parezco maracucho. Me inclino más por un buen vino que por un escocés. Nunca me tomaría un whisky solo y no paso de dos o tres vasos en una fiesta. La inclinación hacia los vinos se debe en parte a la tradición vitícola de Chile, de donde es Mayder.

-¿Mar o montaña?
-Mar, aunque sólo estoy un “ratico” en él. Me meto y me devuelvo. El mar siempre ha ejercido una gran atracción sobre mí.
-¿Quisiera conocer más países?
-Por supuesto. Me gustaría ir a Egipto y parte del África y visitar China con mayor detenimiento. De Suramérica deseo visitar Paraguay, para ver las cataratas del Iguazú y las misiones jesuitas.
-Está a tres meses de cumplir 80 años. ¿Cuál es su deseo?
-Me gustaría seguir viviendo por muchos años más pero con salud. No me veo en el futuro en un asilo o una cama. Hasta ahora, la buena salud me ha acompañado (y toco madera). Doy gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de vivir tantos años, al igual que muchos de mis parientes. Hay un gen en mi familia que nos hace longevos.
Ficha
-Ex presidente del Rotary Club de Maracaibo (1970-1971).
-Miembro de la primera junta directiva del extinto Museo de Bellas Artes.
-Cónsul general de Dinamarca en Maracaibo desde 1973. Su condición diplomática la heredó de su padre.
-Pertenece al tribunal disciplinario de la junta directiva del Club Náutico de Maracaibo. Su padre es uno de los fundadores de este centro social.
Publicado en la revista impresa EntreSocios (Edición No.64)
