¿Qué tan absurdo es ser optimista?

Estaba en un curso sobre la biología del estrés cuando el profesor hizo un comentario que me dejó pensando. Mientras explicaba los niveles de estrés en relación con la vida de hoy en día, mencionó que, como andaba el mundo, podíamos aunque sea trabajar en aceptar la realidad, porque ser optimista era algo absurdo. Pero, ¿qué tan absurso es ser optimista?
Me llevé la pregunta conmigo en el bolsillo por semanas. Sé que se podría decir que estamos viviendo tiempos complejos, con los retos que le han correspondido a esta generación. Pero, precisamente por eso,
¿no es más necesario que nunca creer en las infinitas posibilidades?
A la pregunta le fueron saliendo ramas:
¿Por qué los optimistas somos vistos como ingenuos?
¿Es de ingenuos o de valientes?
¿Queda optimismo por cultivarse?
¿Vale la pena?
En una de esas, abrí una ventana en la computadora y le escribí a un amigo.
“Querido ChatGPT, tengo preguntas.”
¿Por qué los optimistas somos vistos como “soñadores”?
Según ChatGPT, es porque en el fondo el optimismo es un acto de imaginación, cuando por el contrario, el realista ve las cosas “como son”.
Recordando una de mis clases de neurociencia, hablaban sobre cómo cuando entra información a través de nuestros sentidos y el cerebro comienza a procesarla, esa información pasa por distintas zonas cerebrales, empezando por las zonas relacionadas a la memoria autobiográfica.
Es decir, la percepción siempre es una representación interna de la realidad. Mi percepción, más que un reflejo puro de lo que sucede, es una interpretación.
A pesar de que pensamos de que vemos las cosas como son, en realidad siempre vemos las cosas como somos.
Entonces, más que hablar sobre la “realidad”, habla sobre cómo estamos percibiendo la realidad.
Lo que percibimos de la realidad, según la neurociencia, será entonces subjetiva.
Lo que nos pudiera diferenciar es cuánto apostamos por una mejor posibilidad.
Los optimistas creen en algo que todavía no está aquí. En una posibilidad que, a veces, va incluso en contra de las probabilidades.
Y para quienes solo creen en lo concreto — en lo que se puede medir, probar o controlar —, eso puede sonar a sueño o a ingenuidad.
Pero si lo que crees, SIEMPRE tiene tu filtro. Lo que estamos hablando entonces es de cómo está tu filtro.
¿Dónde termina el realismo y empieza el optimismo? (Realismo Vs Optimismo)
Si el realismo se centra en lo probable.
El optimismo se abre a lo posible.
No digo que obviemos las estadísticas, pero pienso que siempre tenemos la opción de elegir.
Mejor dicho, la libertad de elegir.
El realismo dice: “Hay un 70% de posibilidades de que no funcione.”
El optimismo dice: “Pero en ese 30%… ¿y si sí?”
No porque tenga garantía, sino porque esa pequeña posibilidad vale la pena.
No es una guerra a las condiciones externas, es una independencia interna, es una exploración de tu filtro.
Es una disposición emocional frente a lo incierto, a lo que no sabemos.
Una forma de decirle a la vida:
“Sé que no tengo el control. Y aún así, elijo creer.”

Entonces, si estabas siendo “optimista” y te salió bien, ¿estabas siendo realista?
El amigo ChatGPT dijo que no, yo digo que si, pero no.
La línea entre optimismo y realismo no siempre es tan fácil de reconocer, porque ambos pueden tener el mismo resultado, pero nacen de un lugar interno diferente.
Quizá se puede inventar el concepto de “optimista retroactivo”.
Quizá me estoy complicando mucho.
El punto es que, lo que los diferencia es la intención.
Siempre es la intención.
Quiza la diferencia entre realismo y optimismo no es tan importante como entender desde dónde elijo mirar.
A mi me acompaña mucho la frase de Viktor Frankl:
“Las fuerzas que escapan a tu control pueden quitarte todo lo que posees excepto una cosa, tu libertad de elegir cómo vas a responder a la situación.”
Y en esa libertad, muchas personas eligen confiar.
Las personas más optimistas que he conocido, transmiten paz y felicidad, no una actitud forzada de positividad, sino más como un estado pleno. Y no son personas que no han pasado por cosas o no hayan tenido que atravesar situaciones duras, por el contrario son los que han vivido las experiencias más difíciles pero deciden creer en otro camino, deciden ser optimistas.
Son personas que de haber conocido y transitado los peores escenarios, aún eligen creer.
Me gusta recordar que estas personas existen. Me encanta conocerlas, porque las tengo de evidencia mental para no sentirme ingenua por defender el optimismo, y por saber que siempre existe una mejor posibilidad.
Que se puede elegir y se puede creer en el mejor escenario.
Incluso, nos hace bien. Según un estudio de Harvard, el optimismo está asociado con una longevidad significativamente mayor.
Tal vez, la pregunta no sea entonces ¿qué tan absurdo es ser optimista?
Sino:
¿Cuánta incertidumbre estoy dispuesto a sostener sin dejar de creer?
Ser optimista es ver lo que hay, pero también lo que puede ser.
Ser optimista no es evadir la realidad. Es ampliarla.
La diferencia entre realismo y optimismo quizá no es tan importante entonces como entender desde dónde estoy eligiendo mirar.
Y tal vez, entonces lo más importante sea pararse un momento para hacernos la pregunta,
¿Cómo está mi filtro hoy?
Publicado en la revista impresa EntreSocios (Edición No.175)
