Volver a noticias
Entrevistas

El alma del Grupo Nivar: cuando la sangre y el trabajo forjan un imperio

Por Elio Tulio Ríos / @ElYeyox · 4 oct 2026

El alma del Grupo Nivar: cuando la sangre y el trabajo forjan un imperio

Hay consorcios que se construyen sobre frías hojas de cálculo, y otros que nacen del arraigo y el sudor de la frente. La historia del Grupo Nivar pertenece, indiscutiblemente, a la segunda categoría. 

El relato de esta familia empresaria comienza con la visión de su fundador, el dr. Manuel Felipe Ormo Sarasa, un hombre nacido en Zaragoza, España (1940) que encontró en Venezuela su tierra prometida luego de salir con su familia de una Europa que sufrió las consecuencias de la segunda guerra mundial.

Tras graduarse como médico veterinario en la Universidad Central de Venezuela en 1965 y foguearse como empleado en la industria avícola, el destino lo ancló al Zulia en 1969. Su negativa a ser trasladado hacia oriente detonó su independencia. Decidió quedarse y fundar «Campo Alegre», una modesta granja de cuatro hectáreas en La Cañada junto a su hermano, Miguel Ángel Ormo. «Los dos éramos los socios y los trabajadores», recuerda con orgullo.

Bajo esa mística del esfuerzo ininterrumpido creció la segunda generación, que hoy asume las riendas directivas: Rubén Darío Ormo Moreno (vicepresidente), Manuel Felipe Ormo Moreno (asesor), José Miguel Ormo Veliz (gerente de Ventas y Mercadeo) y Miguel Ángel Ormo Veliz (gerente de Administración). Ellos no heredaron el liderazgo por el apellido; se lo ganaron fogueándose en las granjas y carnicerías familiares desde la adolescencia. 

Esta experiencia empírica la fusionaron con una sólida formación académica en administración y zootecnia. Y es que, como familia, se han dedicado rigurosamente a estudiar la cría, el manejo, la reproducción y el mejoramiento de los animales, elevando su pasión por el campo a un nivel estrictamente técnico y profesional.

Para el fundador, el éxito no radica en los balances financieros sino en el traspaso de estos valores. «Lo importante es la familia. Lo importante es mantener la empresa, hacerla crecer y formar al relevo para seguir adelante», sentencia el doctor Ormo.

Dos generaciones, dos gerencias, un mismo norte

El contraste entre las dinámicas gerenciales de la primera y la segunda generación es el fiel reflejo de la evolución del Grupo Nivar. La gerencia fundacional era la del trabajo físico y la intuición. Los primeros pasos se daban en pequeños galpones de madera que albergaban a 1.880 gallinas cada uno. Era una dirección basada en la presencia constante en la tierra. Hoy, la segunda generación tomó esa ética fundacional y la tradujo al lenguaje corporativo moderno.

Ya no se trata únicamente de contar aves a mano, sino de integrar el trabajo de campo con la Inteligencia Artificial y sistemas ERP (SAP). Hoy se apoyan en una inmensa «laguna de datos» que recopila información en vivo desde los galpones para tomar decisiones gerenciales rápidas y exactas.

Las cifras actuales respaldan este salto generacional: aquellos galpones de madera se transformaron en un motor que da empleo a 1.200 trabajadores, con 18 granjas operativas y más de un millón de gallinas ponedoras. Bajo esta nueva gerencia, lograron la integración vertical total y diversificaron el negocio apostando por la ganadería y la producción semanal de camarones con la empresa Aquanivar. Además, proyectan un futuro enfocado en energías alternativas y la expansión de sus centros de distribución hacia Falcón, Mérida, Trujillo y Caracas.

La convergencia: el núcleo familiar

A pesar de que los métodos cambiaron de la libreta de apuntes a la inteligencia artificial, ambas gerencias convergen en un punto inquebrantable: el respeto por la familia. Para proteger este núcleo y garantizar el relevo hacia la tercera generación, el grupo diseñó un estricto protocolo familiar de gobernanza. Sin embargo, en la práctica, la pasión por lo que han construido suele superar cualquier formalidad.

Al preguntarles si existe alguna regla de oro para evitar que los problemas de la oficina arruinen los encuentros de fin de semana, la formalidad se rompe y las nuevas generaciones toman la palabra con sinceridad: «la tenemos, y es que cuando estamos en familia no se habla de trabajo. Pero no la cumplimos nada», confiesan entre risas. «Cada almuerzo dominical y cada cena de Navidad termina convirtiéndose en una junta directiva».

Al final del día, el Grupo Nivar es el reflejo exacto de quienes lo lideran: una familia que aprendió que el trabajo es, también, su forma más sincera de quererse.

Publicado en la revista impresa EntreSocios (Edición 180)

Compartir