Freudenfreude: por qué celebrar al otro también nos hace bien

Yaya Urdaneta
Ese amigo que te llamó para contarte que lo ascendieron en el trabajo o esa amiga que, después de años intentándolo, por fin quedó embarazada no sólo te estaban compartiendo una buena noticia; dentro de esa noticia estaba escondido el regalo de participar en su alegría y la oportunidad de mejorar tu bienestar.
La ciencia está comenzando a demostrar que alegrarnos por la felicidad de otros no beneficia nada más a quienes celebramos, sino que también tiene efectos reales sobre nuestra propia salud emocional.

Una palabra para la alegría compartida
La freudenfreude es, sencillamente, la alegría que uno puede sentir por la alegría ajena. Freude significa “alegría” en alemán, y aunque freudenfreude no es realmente una palabra alemana tradicional, fue creada para describir el opuesto de schadenfreude, que significa el placer que algunas personas sienten por la desgracia del otro.
Es un término relativamente reciente para recordar que la felicidad también puede ser contagiosa y que, cuando alguien comparte una buena noticia con nosotros, es una invitación a experimentarla también.
Tu cerebro y la felicidad ajena
Desde la neurociencia sabemos que nuestro sistema nervioso está influenciado por las personas que nos rodean, por eso podemos decir que las emociones son, en cierta forma, contagiosas. Una sonrisa o la emoción positiva de alguien cercano pueden tener un gran impacto en nuestro propio estado emocional.
Cathy Chambliss, terapeuta y profesora de psicología que ha estudiado la freudenfreude durante más de una década, explica que esta emoción beneficia a ambas personas involucradas: quien comparte una buena noticia tiene la oportunidad de revivir ese momento de felicidad, mientras que quien escucha puede experimentar una forma de alegría prestada.
Lo más interesante es que nuestro cerebro parece responder a la felicidad de los demás de una forma muy similar a como responde a la nuestra. En estudios de neuroimagen han encontrado que cuando celebramos genuinamente el éxito de otra persona, se activan algunas de las mismas áreas cerebrales relacionadas con el placer y la recompensa que se encienden cuando vivimos nuestra propia experiencia positiva.
Además, en otras investigaciones realizadas por Chambliss encontraron que las personas que practican con más frecuencia este tipo de alegría compartida reportan una mejor calidad en sus relaciones, un estado de ánimo más positivo y menos síntomas depresivos.
Una sabiduría ancestral
Aunque el término freudenfreude es relativamente nuevo, la experiencia que describe ha sido cultivada durante siglos en otras tradiciones ancestrales.
En el budismo existe la palabra mudita, que suele traducirse como «alegría empática» o «alegría compartida», y es la capacidad de disfrutar genuinamente de la felicidad, el bienestar y los logros de otras personas.
Dentro de la tradición budista, mudita es considerada una de las cuatro cualidades más elevadas del corazón humano. No se trata simplemente de una emoción agradable, sino de una práctica, una forma de relacionarnos con los demás donde el éxito ajeno se convierte en una oportunidad para expandir nuestra propia capacidad de amor, gratitud y conexión.

Cómo cultivar la freudenfreude
Como cualquier otra capacidad emocional, la freudenfreude puede entrenarse. La intención no es tratar de obligarnos a sentir alegría cuando no la hay, sino crear las condiciones para que aparezca con más frecuencia.
- Escucha con presencia
Muchas veces escuchamos para responder, pero no para comprender. Cuando alguien te cuente una buena noticia intenta escuchar sin interrumpir, sin minimizar su experiencia o llevar inmediatamente la conversación hacia ti.
En lugar de responder con un simple «¡qué bueno!» antes de pasar al siguiente tema, haz una pausa y pregúntale cómo se sintió, qué significa ese logro para esa persona o qué fue lo más difícil del camino. Darle espacio para volver a contar su historia le permite revivir la emoción, mientras que tú tienes la oportunidad de conectar más profundamente con su alegría.
Sentirse realmente escuchados hace que las personas se sientan vistas, comprendidas y acompañadas, y fortalece la conexión entre ambos.
- Celebra incluso las pequeñas victorias.
La freudenfreude no sólo se practica con grandes noticias, también puede sentirse cuando un amigo termina un proyecto difícil, cuando alguien puede descansar después de una semana complicada o si un familiar comparte una pequeña buena noticia.
La vida está hecha de muchos más momentos cotidianos que extraordinarios, y aprender a reconocer esos pequeños momentos hace que este músculo emocional crezca y nos recuerda que siempre hay algo valioso que celebrar.
- Invita las buenas noticias a la conversación.
Una forma sencilla de cultivar la freudenfreude es crear más oportunidades para que aparezca. En una reunión familiar, una cena con amigos o incluso al comenzar una reunión de trabajo, puedes preguntar qué ha sido lo mejor que te pasó esta semana o qué buena noticia tienes para compartir, por ejemplo. Además de cambiar el tono de la conversación, estas preguntas nos ayudan a entrenar la atención hacia aquello que también está funcionando.
- “Saborea” el momento
En psicología existe un concepto conocido como savoring, que consiste en detenernos y prolongar conscientemente una experiencia positiva. Cuando alguien comparta una buena noticia contigo, prueba quedarte un poco más ahí. Permítele revivir lo que acaba de vivir mientras lo escuchas con atención y celebras junto a esa persona. Al hacerlo, amplificas su alegría y también le das a tu cerebro más tiempo para experimentar los beneficios de esa emoción compartida.
Una emoción que nos une
Quizá la freudenfreude nos recuerda que la felicidad no siempre tiene que pertenecernos para poder transformarnos, a veces basta con abrirle espacio a la alegría de alguien más para que también encuentre un lugar dentro de nosotros.
El éxito, el bienestar o la buena fortuna de otra persona no disminuye nuestras posibilidades de vivir también esas experiencias, todo lo contrario. La felicidad no es un recurso limitado.
La próxima vez que alguien comparta contigo una buena noticia, además de felicitarlo, recuerda que también te está ofreciendo un pequeño regalo: la oportunidad de ampliar tu propia capacidad de alegría.
Publicado en la revista impresa EntreSocios (Edición 180)
