Richard Cooper: segunda generación al frente de Mi Vaquita

La historia de Mi Vaquita Steak House & Bar comenzó en 1962, cuando el señor Mel Cooper, junto a dos socios, adquirió un pequeño negocio que ya llevaba ese nombre. Con el tiempo, los otros socios vendieron sus partes y la familia Cooper asumió el control total del establecimiento. Richard y su hermana Debbie crecieron en esas paredes, corriendo por el bar y disfrutando helados en la cocina los domingos familiares.
Graduado como ingeniero civil, Richard ejerció su profesión en Estados Unidos durante casi una década. En 1996 regresó a Venezuela junto a su esposa Sara Bermúdez de Cooper para apoyar a su padre tras un quebranto de salud. Lo que inició como una estadía temporal de un año se transformó en el proyecto de su vida al asumir las riendas de la empresa; una travesía en la que Sara no sólo ha sido su compañera, sino el pilar incondicional y sostén fundamental para afrontar la exigencia de este negocio a lo largo de los años.

- ¿Qué se siente al crecer en un lugar tan emblemático de la ciudad?
Un compromiso muy grande con Maracaibo y con nuestros visitantes, debemos garantizar siempre un ambiente sano, seguro y con un excelente equilibrio precio-valor. Mi papá nos enseñó eso desde siempre al ir buscando las nuevas tendencias; en los años 60 y 70 convirtió esto en un lugar elegante con orquestas, e iba sumando cualquier innovación tecnológica que salía. Hoy mantenemos intacta esa misma filosofía de innovar.
- ¿Cómo logra que se mantenga la esencia y el sabor de siempre?
Manteniendo las bases por las cuales hemos estado aquí casi 64 años: cuidar los detalles, la esencia, a nuestros empleados y la oferta que hacemos a los clientes. Tenemos personal con más de 20 años con nosotros; cuidar de ellos y hacerlos sentir en su casa es lo que sostiene la tradición y nos asegura seguir siendo únicos.
- ¿Cómo se reinventa Mi Vaquita para encantar a las nuevas generaciones?
Incorporando tendencias para conectar con los jóvenes sin perder la esencia. Ver a tres y hasta cuatro generaciones disfrutar aquí es una satisfacción enorme.

- ¿Qué es lo que hoy tiene su sello exclusivo en el local?
En lo personal, la constancia, el equilibrio en las decisiones y el liderazgo con el equipo. En el menú, platos como los «dos medios corazones» nacieron de una idea mía, mientras conservamos recetas originales como las empanadas desde 1962. En la infraestructura, como soy ingeniero, busco que cada remodelación genere espacios frescos, agradables y coloridos.
- ¿Le gustaría que sus hijos continuaran con el legado?
Si claro. De los tres, el menor estudia gerencia de hoteles y restaurantes en España, y es quien desde niño ha mostrado más pasión por el restaurante. Sin obligarlo, vive enviándome tendencias y propuestas para el menú, como un carpaccio especial que ya tenemos en la carta. Además, cuando viene de vacaciones, siempre se involucra en el negocio.
- ¿Cuál es el recuerdo personal más valioso que tiene dentro de este lugar?
Los almuerzos con mi papá y las conversaciones a las 3:30 o 4:00 de la mañana -al cerrar el negocio- con Julián Uribe, quien fue gerente del restaurante y del bar durante muchos años. Aprendí muchísimo de ambos. Mi papá siempre decía que el cliente exigente o el que hacía una crítica constructiva era el que realmente nos hacía ganar y superar los estándares.

Publicado en la revista impresa EntreSocios (Edición 180)
