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Entrevistas

María Cristina Cafoncelli: el pulso humano detrás de la evolución del Grupo Marmoca

Por Elio Tulio Ríos / @El Yeyox · 12 oct 2026

María Cristina Cafoncelli: el pulso humano detrás de la evolución del Grupo Marmoca

En el competitivo mundo empresarial del estado Zulia, el liderazgo suele medirse en cifras, expansiones y organigramas. Sin embargo, para María Cristina Cafoncelli, el verdadero éxito corporativo tiene un rostro profundamente humano. 

Como la hermana mayor y única mujer de la segunda generación al frente del Grupo Marmoca, ha sabido equilibrar magistralmente sus facetas de mujer, madre y profesional para convertirse en el ancla emocional e institucional de la familia. 

Su estilo de gerencia —basado en la conciliación, la empatía y la articulación de talentos— ha sido determinante para transformar un negocio familiar tradicional en uno de los consorcios más sólidos de la región, demostrando que saber escuchar es una de las herramientas gerenciales más poderosas.

La psicóloga que estructuró el talento 

La entrada formal de María Cristina a la empresa no obedeció a una inercia familiar, sino a una vocación de construcción. Se casó mientras estudiaba Psicología y ya tenía a dos de sus tres hijos cuando su propia madre sugirió que se integrara al negocio para aportar sus conocimientos. Empezó desde la base operativa, apoyando como asistente de compras gracias a su dominio del inglés y el italiano. 

Sin embargo, su visión profesional pronto identificó una carencia vital: no existía un departamento de Recursos Humanos. Lo creó desde cero. Durante casi 30 años, escaló de analista a directora, logrando que la organización pasara de una simple gestión de nómina a un verdadero desarrollo del talento. En un entorno de marcadas personalidades directivas, ella asumió el rol de ser «el punto medio», la fuerza conciliadora capaz de articular a sus hermanos y socios bajo un mismo propósito.

Para entender la sensibilidad y tenacidad de María Cristina, es necesario mirar el legado que corre por sus venas. A principios de la década de los setenta, su padre —un inmigrante italiano dedicado a la carpintería— adquirió Marmoca bajo la premisa de que «si sabes cortar madera, vas a saber cortar mármol». Pero fue el ímpetu inquebrantable de su madre, buscando un futuro mejor para la familia frente a las adversidades («claro que sí, vamos a salir de aquí», sentenció en su momento), lo que forjó en María Cristina esa resiliencia característica de la mujer que no se detiene ante los retos. 

Romper el paradigma: el triunfo de la institucionalidad

 El crecimiento de la empresa trajo consigo el gran reto de la gobernanza corporativa. En este proceso, el liderazgo de María Cristina brilló al máximo. Ella fue una pieza clave para que la segunda generación lograra romper el paradigma del ego, la principal trampa de las empresas familiares. 

Comprendiendo que cada hermano le imprime su propia personalidad al rol que desempeña, acordaron ceder la presidencia a Franco Cafoncelli para liderar la operatividad, mientras se blindaba a la corporación con asesores externos y un sólido protocolo familiar. Como hermana mayor, su capacidad para armonizar el entorno garantizó que la familia priorizara siempre la salud de la institución por encima de las individualidades.

Un consorcio con visión de futuro 

Hoy, el Grupo Marmoca es un consorcio diversificado en cuatro unidades de negocio (Marmoca, Gramoca, Catemar y Morada). En esta etapa de madurez, María Cristina ha asumido la Gerencia de Relaciones Institucionales, siendo el rostro del legado familiar y ocupando además espacios de liderazgo gremial como la segunda vicepresidencia de Cavenit Zulia. Pero su mayor satisfacción como madre y guía es ver cómo las puertas ya están abiertas de par en par para la tercera generación. El hecho de que su hija Claudia haya liderado proyectos emblemáticos —como la donación de los pisos de la Basílica para el cincuentenario de la empresa— confirma que el arraigo por Maracaibo, los valores y la excelencia familiar están asegurados para el futuro.

Publicado en la revista impresa EntreSocios (Edición 180)

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