Guardianes del papel: “Preservar documentos es preservar futuro”
Texto: Audrey C. Vera Prieto / @audreyveraprieto. CNP. 21744.
Fotos: Elio Ríos.
Entre bóvedas, hemerotecas y millones de páginas recuperadas, esta familia de especialistas ha convertido la conservación documental en una misión de largo aliento.
En la ciudad de Mérida, la tradición de los Picón nace con Francisco Antonio Picón Peña, quien junto a su esposa Flor María Galarraga de Picón puso en marcha el oficio de la encuadernación que marcaría a la familia y es la columna silenciosa del taller, sosteniendo con disciplina y constancia el crecimiento del oficio.
Primo del intelectual Mariano Picón Salas, el patriarca transmitió la vocación a sus hijos: el mayor, Francisco Javier Picón Galarraga, y su hermano, Francisco Antonio, ambos vinculados al negocio.
Hoy la herencia continúa bajo la firma de Microclimatizaciones M y F, empresa de los hermanos Picón que en la actualidad ya trabaja con la cuarta generación: Francisco Antonio Picón lidera actualmente un proyecto en el Complejo Criogénico de José, en el estado Anzoátegui y Lao Tse Riera Picón, egresada de la Universidad Central de Venezuela en Bibliotecología y Archivología, refuerza el vínculo familiar con la preservación documental.
El gran rescate documental
El salto decisivo ocurre en Maracaibo alrededor del año 2000, en el contexto del proyecto que daría forma a la Fundación Biblioteca. Allí enfrentaron uno de los retos más ambiciosos de su carrera: la recuperación de un millón de libros.
Con el tiempo, su trabajo evolucionó hacia un enfoque cada vez más técnico. Lo que muchos identifican como simple suciedad es, en realidad, un proceso de degradación del soporte.
“Eso que la gente ve no es polvo. Es desfibrilación”, explica Francisco Javier Picón. Se trata de micropartículas del propio papel que se desprenden por efecto de la humedad, la temperatura y los agentes microbiológicos.
Desde su especialidad en conservación de materia orgánica fibrosa, el equipo insiste en que no existe una fórmula única. “Cada archivo, cada colección y cada espacio requiere un diagnóstico particular”.
El procedimiento comienza siempre con un estudio técnico. A partir de allí se define una solución integral que puede incluir restauración física, digitalización, control ambiental y sistemas de seguridad.
Microclimas para la memoria
Uno de los aspectos más críticos del trabajo es la creación de condiciones microclimáticas controladas. La lógica es clara: no todos los documentos envejecen igual.
Por eso, en proyectos complejos, el equipo diseña ambientes a la medida. El objetivo no solo es preservar el papel, sino también proteger la salud de quienes trabajan con él. “Toneladas de papel no se comportan como una hoja suelta”, subraya.


Proyectos de alto nivel
Actualmente, el equipo se desarrolla en el Ministerio de Relaciones Exteriores, donde ejecutan la recuperación de tres bóvedas que resguardan tratados internacionales bilaterales.
Entre los materiales intervenidos destacan piezas vinculadas al Acuerdo de Ginebra y correspondencia histórica de alto valor. De hecho, hace un par de años entregaron una carta del Libertador tras un proceso de restauración que tomó cerca de doce meses.
Paralelamente, desarrollan trabajos para Pequiven, enfocados en la conservación y digitalización de grandes planos técnicos, y preparan nuevas intervenciones en bóvedas de PDVSA.

Clasificar para salvar
Parte de la complejidad de su labor radica en la clasificación integral del material. No se trata solo de ordenar por criterios archivísticos.
“La vulnerabilidad de cada documento también se clasifica”, explican.
El proceso permite identificar qué piezas requieren restauración urgente, cuáles necesitan descontaminación y cuáles pueden pasar directamente a digitalización.

La memoria como misión
Cuando se les pregunta hasta dónde puede llegar su trabajo, la respuesta se mueve entre lo técnico y lo filosófico: “Podemos salvar a la humanidad… al menos su conocimiento”.
Publicado en la revista impresa EntreSocios (Edición 178)
