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LA SABIDURÍA DE LA INCOMODIDAD

Yaya Urdaneta · 31 mar 2026

LA SABIDURÍA DE LA INCOMODIDAD

En una clase sobre el sistema nervioso escuché a un profesor decir una frase que se me quedó grabada: “la complejidad es salud”.

Hablaba sobre cómo tu muñeca, por ejemplo, no sólo se mueve hacia arriba y hacia abajo; también puede girar, rotar, adaptarse.

La variedad de los movimientos es una señal de salud y de vida.

Cuando todo en tu vida se mueve en una sola dirección, y tu día a día se siente muy conocido y predecible, aunque pudiera parecer estabilidad, puede ser una máscara de rigidez. Y la rigidez, tanto en el cuerpo como en el alma, es el principio del estancamiento.

El crecimiento necesita movimiento. Necesita error, ajuste y exploración. Necesita incomodidad.

Sólo cuando te atreves a usar los músculos que llevas tiempo sin mover, tanto mentales, como emocionales o físicos, se abre un espacio nuevo dentro de ti. Cada vez que eliges la expansión sobre la repetición estás entrenando el músculo de la resiliencia, el músculo de vivir. Y con cada intento, tu vida, así como tu cuerpo, se vuelve más compleja, más viva, más saludable, más plena.

Tu cerebro está hecho para cambiar

En 2004, un neurocientífico llamado Bogdan Draganski y su equipo hicieron un estudio que se volvió clave para comprender la neuroplasticidad, esa capacidad que tiene el cerebro de cambiar y reorganizarse según la experiencia.

Tomaron a un grupo de personas que nunca había hecho malabarismo y le pidieron que practicara durante tres meses.

¿El resultado? Sus cerebros cambiaron.

En sólo tres meses, las áreas relacionadas con el movimiento y la coordinación aumentaron de volumen, es decir crecieron como si hubieran despertado nuevas conexiones.

Pero lo más interesante fue lo que vino después: cuando los participantes dejaron de practicar, ese volumen volvió a disminuir.

El cerebro literalmente crece cuando lo retas, cuando lo invitas a expandirse. Cada vez que sales de lo conocido, se activan nuevas rutas, se crean nuevas conexiones, se fortalece tu mente. Cuando en cambio, dejas de hacerlo, esas rutas se apagan poco a poco.

Entrenando el músculo de vivir

Tu cuerpo y tu mente necesitan pequeñas dosis de incomodidad para fortalecerse. Igual que un músculo: si nunca lo usas, se debilita, y si lo exiges demasiado, se sobrecarga. El equilibrio está en exponerte a lo difícil en la dosis adecuada, para que tu cuerpo aprenda que puede sostener más sin llegar a colapsar. La expansión consciente nace del estrés “dosificado”.

Esas veces en que te atreves a hablar, aunque estés temblando de los nervios; a probar algo nuevo, aunque no te sientas listo; a quedarte presente, aunque quieras salir corriendo, son las decisiones que te piden coraje, honestidad y paciencia.

Son parte de esa capacidad que tienes de adaptarte sin quebrarte, esa que te estira pero no te rompe, que amplía tu espacio interno. Pero esa expansión no aparece de la nada, no nace en la calma total, ni en el caos extremo, sino que surge en ese punto medio donde hay desafío, pero también consciencia.

Así, poco a poco, lo que antes te desbordaba, deja de hacerlo y terminas conociendo esa capacidad que siempre ha estado allí, esperando que la usaras. Aunque al principio te incomode, ya sabes que siempre serás principiante para ir al siguiente nivel, y valdrá la pena atravesarlo porque es la señal de que estás creciendo.

La comodidad no siempre es amable

A veces, lo que parece seguro y fácil, en silencio, te roba tu potencial. Cuando estamos demasiado cómodos, o pasamos demasiado tiempo en nuestra zona de confort, nos solemos adormecer, nos volvemos más intolerantes al cambio y aumenta nuestro miedo al fracaso.

Por eso, el crecimiento no ocurre en la comodidad, ocurre en ese estiramiento donde vamos empujando un poco nuestros límites y enfrentamos nuestros miedos.

Quizá entonces el verdadero enemigo no ha sido el miedo sino la comodidad, porque muchas veces ese miedo se convierte en una señal de que estás creciendo. Ese miedo significa que estás construyendo algo más grande que tu versión actual.

Claro que hay un miedo que nos protege y nos mantiene vivos, pero también conocemos el miedo que paraliza, que apaga la valentía y te cuenta historias que no son reales. Y no hablo de sufrir, sino de elegir con conciencia cuándo y cómo atravesar lo difícil.

Un momento para mirarte

La comodidad suele detener el movimiento, y donde no hay movimiento, no hay vida. Lo bueno es que a veces, el movimiento empieza con una simple pregunta.

Te invito a pausar un momento para preguntarte:

• ¿En qué áreas de mi vida me estoy encogiendo para seguir sintiéndome cómodo, y cómo se vería la expansión, en cambio?

• ¿Cuál es la historia que sigo repitiendo para no moverme y actuar?

• Si mi vida siguiera exactamente igual durante los próximos cinco años, ¿sería suficiente para mi?

• Si no me atrevo a moverme ahora, ¿entonces cuándo?

Sal de la comodidad, entra en la vida

Aquí entre nos, mi intención con este artículo evidentemente es inspirarte a salir de tu zona de confort, a incomodarte, a construirte. Pero más allá de una frase bonita, “salir de la zona de confort” es biología pura.

Tu alma y tu cerebro necesitan retos y explorar cosas nuevas.

Los estudios muestran que el cerebro que se reta, que aprende y que se expone a lo nuevo, envejece más lento, mejora su capacidad de adaptación y protege funciones como la memoria, la atención y la creatividad.

En cambio, cuando te quedas demasiado tiempo en lo cómodo, esas rutas comienzan a apagarse, y sin darte cuenta, estás entrenando a tu cerebro a quedarse pequeño.

Y es que no naciste para quedarte cómodo, naciste para aprender a moverte con la vida. La incomodidad entonces no viene a romperte: viene a recordarte que estás vivo.

Publicado en la revista impresa EntreSocios (Edición 178)

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