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Papelería Esteva: 80 años junto a su matriarca, Ana María Mazzei

Elio Tulio Ríos · 22 jun 2026

Papelería Esteva: 80 años junto a su matriarca, Ana María Mazzei

Mantener un negocio vigente durante ocho décadas en Venezuela trasciende la simple gestión comercial; es, en toda regla, una epopeya. Y este año, esa palabra cobra un significado doblemente especial para Papelería Esteva, una empresa que celebra su 80 aniversario al mismo ritmo que lo hace su gran matriarca: Ana María Mazzei de Esteva.

Detrás del mostrador de este emblemático espacio marabino —fundado originalmente en la Plaza Baralt en 1948 por don Augusto Esteva Ríos— late el corazón de una mujer andina de nacimiento, pero maracaibera por convicción. Oriunda de Valera y criada en Timotes, Ana María -la menor de siete hermanos-, llegó a la capital zuliana para cursar su bachillerato en el colegio San Francisco de Asís. Aquel viaje sería el primer trazo de una vida definida por la superación.

De los Andes al Zulia: tres universidades y un amor de pasillo

La sed de conocimiento llevó a Ana María a recorrer los pasillos de tres de las universidades más importantes del país. Inició Farmacia en la Universidad de Los Andes (ULA), una época que rememora con genuina alegría: “Era divino estudiar en Mérida. Eso era lo máximo”. Fue allí donde el destino le presentó a quien sería su esposo, el joven marabino estudiante de Economía, Augusto Emigdio Esteva Hernández.

El amor y las circunstancias la llevaron luego a la Universidad Central de Venezuela (UCV) en Caracas. Sin embargo, tras casarse, decidieron establecerse definitivamente en Maracaibo. Lejos de abandonar su preparación académica, revalidó sus materias en La Universidad del Zulia (LUZ). Sus propias compañeras bromeaban sobre su particular travesía académica: “Tú no nos dejas ir a estudiar a ninguna parte. No puedes salir de Maracaibo y tú andas en todas las universidades del país”, recuerda entre risas. Con una voluntad de hierro, se graduó de licenciada en Bioanálisis, una profesión que ejercería durante 25 años en el IPASME.

El pulso de una matriarca: “ser comerciante se lleva en la sangre”

La transición de los laboratorios clínicos al papel no fue fortuita. “Mi familia era comerciante. A mí eso me gustaba… Lo de comerciante lo llevaba en la sangre”, confiesa. Inicialmente, Ana María dividía sus días entre el IPASME en las mañanas y la papelería en las tardes. Sin embargo, la vida le impuso el mayor de sus retos al enviudar muy joven tras la pérdida de Augusto Emigdio. “Yo pude mantener el ritmo de ambos trabajos hasta que enviudé y me tuve que meter de lleno en la papelería”.

Con cuatro niñas por criar —Carolina, Ana Karina, Adriana y Ana María—, tomó las riendas absolutas del negocio familiar. No se quedó esperando a los clientes tras el mostrador; salió a forjar su propio mercado. “Desde abril empezaba a visitar colegios. A ganarme el colegio”, explica. Durante años, “pateó la calle” y se convirtió en un rostro familiar para los directivos de instituciones emblemáticas de la ciudad como el Colegio Alemán, Rosmini, Los Robles, Altamira, Bellas Artes, Epifanía y Joaquincito. Su estrategia era visionaria y meticulosa: “Uno le hacía las listas. Se las imprimía y abajo decía: ‘Consigue todo en Papelería Esteva’, con el fin de garantizar que toda la lista estuviera ahí”.

De la factura a mano a la visión corporativa de una nueva generación

Aquel éxito y dedicación trajeron consigo un volumen de trabajo monumental que recaía sobre los hombros de Ana María. “Yo facturaba a mano. A mí me daban las tres de la mañana facturando. Tenía muchas compañías, proveedores y clientes que atender… y yo facturaba todo eso a mano”, recuerda.

Fue justamente en ese punto de inflexión donde la transición generacional cobró verdadero sentido. La matriarca ya había inculcado la ética de trabajo en sus cuatro hijas desde que estas estaban en bachillerato: “Ellas salían de vacaciones y ya en agosto estaban metidas trabajando en la papelería. Con su sueldo. Se les pagaba y todo”. Evaluando las fortalezas de cada una, la familia comenzó a engranar como un equipo. “Ya cuando empezó la tecnología, a mí me costaba. Ya vi que no podía y fui delegando”, admite Ana María.

Con la expansión hacia nuevas sucursales, cada hija fue sumando sus capacidades. Fue Carolina, la mayor, quien aportó la visión administrativa y gerencial. Acompañada durante 18 años por quien ella misma bautiza como su “papá empresarial” —el profesor Alfredo León, actual rector de la URU—, Carolina se formó intensamente en administración y estrategias de marketing.

Parte vital de este crecimiento corporativo, como bien señala Adriana, radicó en la osadía de la juventud. A diferencia de la cautela de las generaciones anteriores, las hermanas no temían acudir a entidades bancarias para solicitar préstamos e invertir en la expansión del negocio. Ante este recuerdo, Ana María interviene entre risas y orgullo: “Es verdad, porque ellas se endeudaban y mi esposo no lo hacía; sin embargo, ellas siempre cumplieron con sus compromisos”.

Hoy, la operatividad en Maracaibo reposa con confianza en esta nueva generación: Carolina lleva las riendas de la sede en el sector El Tránsito, mientras que Adriana gerencia la sucursal del centro comercial Costa Verde. Y aunque Ana María hoy reside entre Estados Unidos y Venezuela, a sus 80 años sigue siendo el faro incansable de la empresa.

Al pedirle que definiera el núcleo de Papelería Esteva en pocas palabras, la respuesta surgió con la claridad de quien conoce su propio legado: tradición, perseverancia e innovación. Tres pilares que confirman la premisa inicial: mantenerse vigente durante 80 años en este país no es simplemente gerenciar, es, definitivamente, una epopeya escrita con coraje, visión y profundo amor familiar.

Publicado en la revista impresa EntreSocios (Edición 179)

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