Ronald Rodríguez : “hay poco espacio para el arrepentimiento”
Este abogado, asesor y columnista asegura que cada palabra suya –verbal o escrita- pasa por un tiempo de maduración, aunque reconoce que alguna vez fue injusto. Es un conocido devorador de libros, y se atrevería a escribir uno cuando supere el síndrome de la “pantalla en blanco” del computador. “Es un clavo pasado”, dice sobre su tiempo en el Cunibe y URBE.
El de Ronald Rodríguez Vargas es un rostro común en Maracaibo. Se le ve en eventos, cafés, tertulias y restaurantes. Su verbo es prolífico y su andar un tanto misterioso, pues vive alejados de los focos, las cámaras de televisión y los titulares de la prensa -no como en otrora-.
Este abogado y relacionista público, con maestría en Gerencia Pública y un doctorado en Ciencias Políticas (en etapa de escolaridad), ha sido coordinador y promotor de diversas actividades deportivas, culturales y sociales en la región desde la década de los años ’80. Fue conductor de espacios radiales y televisivos, como “Hoy por hoy” y “Hablando con la verdad”, y conocido desde muy joven por sus columnas “Bloc de Notas”, “Con Alfileres”, “Sal y Pimienta” y “Qué leo”, que se publican en medios impresos y digitales de nuestro país.
Uno de los cargos que mayor proyección le dio en la opinión pública regional fue el de director de Promoción y Relaciones Públicas del Colegio Universitario “Rafael Belloso Chacín” (Cunibe), así como el de director de Comunicaciones de la Universidad “Rafael Belloso Chacín” (URBE), por casi una veintena de años. Ha sido, además, fundador y director de diversos medios radiales, televisivos e impresos de la región.
-¿Cómo ha cambiado la forma de hacer relaciones públicas en Maracaibo en comparación con la época en que te iniciaste en estas lides –la década de los años ’80-? ¿Es una ciudad más hostil o amigable?
-Antes eran muchos más personales, más cara a cara. Hoy gracias a la tecnología, a los nuevos medios y a la dinámica misma de nuestra sociedad, llegar a las audiencias y targets es mucho más fácil, seguro, certero. No sé si más eficaz, efectivo y eficiente -eso habría que medirlo en cada caso en particular-, pero no queda otra. Es allí donde está hoy día tu público meta, al cual puedes seguir y medir desde tu propia oficina o con un solo clic.
Maracaibo es una ciudad hermosa, llena de grandes posibilidades; somos sus hijos los que no ahorramos esfuerzos por hacerla invivible. Nos empeñamos en hacerla una pesadilla. Aun así, es nuestra pesadilla y con ella hay que vivir; si le aplicáramos un poco de sentido común, un poco de lógica, otra cosa sería.
-En tu condición de secretario ejecutivo y técnico del Bloque Parlamentario Zuliano, estuviste involucrado directamente con el ámbito político. ¿Te gustaría haberte postulado o postularte a un cargo de elección popular, o es descabellada esa idea?
-Fernando Chumaceiro (ex alcalde de Maracaibo) afirma que “todo el que respira aspira”, así que descabellado seguramente no es. Empero, nunca estuvo en mis planes en serio. Alguna vez puede que ir al Congreso (el de antes, el de los grandes oradores y legisladores) me sedujera –mi formación jurídica puede ser que me llevara a eso-, pero nunca fue ni un fin en sí mismo ni una meta que me trazara. Hay otras formas y maneras de servirle al país con la experiencia acumulada, la formación, las capacidades y destrezas que se tienen.
Los equipos técnicos y asesores son mucho más satisfactorios. Ellos responden a la idea de un país, de una sociedad, de un sueño sin estar expuestos las 24 horas del día. Valoro mucho mi tiempo y trato de que nadie pueda disponer a la libre de él. Alcaldes, gobernadores, parlamentarios, legisladores –la mayoría de ellos- sacrifican demasiado sus vidas y afectos por el servicio público: son más las privaciones que tienen que hacer que las gratificaciones.
Fui vicepresidente del Centro de Estudiantes electo por votación de mis compañeros y debí sacrificar horas de estudio, descanso y diversiones “X” en pro de un cuadrangular de beisbol, un triangular de baloncesto, un concurso de canto, un festival de mayo o el aniversario no se cuanto de la llegada de los hermanos Maristas a Venezuela, mientras el presidente estaba estudiando y sacando 20 en línea en sus asignaturas. Me acuerdo de todo esto apenas ahora que me interpelas.
No me arrepiento de ello, pues a fin de cuentas son experiencias vividas que de mucho me sirvieron después, pero es una seña de lo que quiero significar ahora.
-Las diversas columnas que escribes te hacen lucir como un hombre actualizado, bien dateado. ¿Lo tuyo es un coqueteo con el periodismo, una forma de hacer política desde los medios o qué? ¿Te arrepientes de haber escrito algo?
-Cada columna que escribo tiene su tiempo de maduración, al igual que cada palabra dicha en radio o televisión, así que hay poco espacio para el arrepentimiento. Después de expresado hay que echar para adelante, pues se escribió o expresó convencido plenamente de ello. Pero sí puedo decir que alguna vez fui injusto. Llamé a un joven dirigente “mudo” y resulta que sus silencios, muy marcados, eran una estrategia muy bien pensada en su momento que le dio bastantes réditos. El tiempo demostró de que mudo no tenía nada.
Otra vez la injusticia se cometió conmigo a causa de algo que escribí. Comenzando en estas lides, hace unos 20 años, mi editor de entonces –todo un personaje, cómo no iba a creerle- aprovechándose del novato, del crédulo, me entregó una información bien aderezada sobre otro editor, que ni competencia para él era. El comentario, falso y tendencioso, me valió la enemistad del susodicho para siempre. Nunca dejó de ponerme piedras en el camino. Si me hubiera ido para otro estado o país, como pretendió, más de una carcajada hubiera lanzado al aire. No me fui, tampoco es el final de la historia: mi editor terminó vendiéndole el periódico en Miami y saliendo de vez en cuando y de cuando en vez en las páginas sociales de ese periódico.
-Aquel aviso de prensa del 2005, en el que URBE anunciaba tu salida de la institución, lucía como un obituario. ¿Lo percibiste así? ¿Fue esa la intención? ¿Qué puedes referir sobre esos acontecimientos ocho años después, para quienes aún lo recuerdan? ¿Cómo quedaron las relaciones con la familia Belloso?
-La URBE, más que eso, la Organización Belloso Chacín, y todo el tiempo que allí estuve fue mi escuela, la mejor que he podido tener a disposición. Me permitió soñar y hacer posible, a pulso eso sí, buena parte de mis sueños. Los obituarios los escribía yo y afortunadamente no he tenido que escribir ningún otro. Es un clavo pasado. Otros retos se presentaron, otros sueños surgieron y aquí estoy, tratando de hacerlos realidad. ¿La familia? La nuclear, ahí está, como una piña.
-Eres un apasionado por los deportes. Exudas tu afición por el Barcelona Fútbol Club. ¿Llegaste a ser deportista en tiempos de los Maristas?
-No me dejes por fuera de los clubes de fans de los Medias Rojas de Boston, los Lakers de Los Ángeles, la McLaren y Rafael Nadal.
Jugué alguna vez fútbol. Defensa como se decía antes, pero siempre he sido muy flojo para el esfuerzo físico y por eso lo dejé rapidito. Como en el colegio era obligatoria la práctica deportiva, de paso nota en la boleta, y yo ni pendiente del fútbol, futbolito, beisbol, baloncesto o voleibol -que eran las opciones-, mis compañeros y yo llegamos a una solución salomónica con algo en lo que era más o menos bueno, el logro de consensos y acuerdos: fui manager de beisbol, DT de Baloncesto y finalmente árbitro de beisbol. En adelante, juegos de salón.
-Se te conoce por ser un devorador de libros. ¿Cuál es el mejor y el peor de todos los que han llegado a tus manos, y por qué? ¿Te animarías a escribir uno, y sobre qué? ¿Qué puedes decirnos sobre el movimiento literario en nuestra ciudad?
-No soy quién para juzgar el trabajo intelectual de otro. Prefiero hablar del que menos me ha gustado, “Memorias de mis putas tristes”, de Gabriel García Márquez: demasiadas expectativas, muchas cáscaras y pocas nueces. Ahorita leo “Inferno”, de Dan Brown, y estoy que lo dejo. ¿Los que más? Dos de Mario Vargas Llosa, “La fiesta del chivo” y “Travesuras de la niña mala”. Pero eso va cambiando a medida que leo. Para el “Don Quijote” de Cervantes, “La Divina Comedia” de Dante y “El Príncipe” de Maquiavelo, un lugar muy especial siempre: la cabecera de mi cama. Ellos resumen todo un ideal, mi ideal, de vida.
¿Escribir uno yo? Borges decía que se jactaba de los que había leído, no de los que había escrito. Yo también. No obstante, si lograra vencer el síndrome de la pantalla en blanco del computador apostaría por una novela que tenga a Maracaibo, al Zulia y su gente como protagonistas, y a “Don Quijote”, “La Divina Comedia” y “El Príncipe” de referentes. El Zulia, sus dirigentes, la clase media y el pueblo llano tienen mucho de ello, no hay que ficcionarla tanto.
El movimiento literario de la ciudad es espasmódico. Hay ganas, hay voluntad, hay plumas, faltan espacios, recursos y herramientas sostenidas en el tiempo para hacerlo posible. Para escribir hay que tener talento, pero un escritor no nace, hay que formarlo, educarlo y por sobre todas las cosas darle tiempo y espacio para soñar, imaginar, crear y escribir.
Norberto J. Olivar (@EldoctorNo) es una rareza, un héroe de la palabra. Escribe porque no puede dejar de hacerlo, pero todo conspira para que no lo haga. Imagina entonces aquellos en ciernes, aquellos que están en sus casas con sus libretas, cuadernos, blocks y tabletas que no tienen la posibilidad siquiera de entrar en contacto con el mundo editorial y sus bemoles y con otros autores y sus experiencias, para quienes la posibilidad de publicar ni siquiera es una utopía.
-Estás a un poco más de un año para cumplir 50. ¿Cómo haces para mantenerte en la soltería? ¿Es una decisión de vida, convicción o asuntos del destino?
-Epa, “foul ball”. De hacer para estar soltero, nada. No hago nada para estar soltero. No se ha dado la oportunidad, sólo eso. La búsqueda de la candidata no cesa, sólo que no me levanto cada mañana pensando que es el gran día. Tampoco hago casting como para el Miss Venezuela, ni lo anuncio en prensa. Llegará, seguro que llegará; a fin de cuentas, como decía Proust, todavía me quedan muchas promesas por cumplir y muchos caminos por recorrer. Lo que sí puedo decirte, ahora que me has puesto a revisar mi vida -cosa que tampoco suelo hacer con frecuencia-, es que alguna vez puede que haya dicho que me casaría a los 50. Como me recordaste la fecha, puede que le meta el acelerador al tema. Eso sí sería una cosa del destino, hacer realidad las cosas en el momento justo que se planearon, dijeron o determinaron.
“No hago nada para estar soltero. No se ha dado la oportunidad, sólo eso. La búsqueda de la candidata no cesa, sólo que no me levanto cada mañana pensando que es el gran día. Tampoco hago casting como para el Miss Venezuela, ni lo anuncio en prensa”.
Aderezos
-Nació el 22 de julio de 1964.
-Estuvo involucrado en el primer evento de nado sincronizado que se desarrolló en Maracaibo, así como en la primera triatlón de la ciudad.
-Fue distinguido con el Gran Cacique de Oro de Venezuela por la coordinación del primer anteproyecto de Ley de Creación de la Secretaría de Turismo del estado Zulia, así como con la Orden Arminio Borjas (segunda clase) que otorga la Federación Venezolana de Colegios de Abogados y la Orden Relámpago del Catatumbo dada por el Gobierno del Zulia.
-Ha sido asesor de diversos emprendimientos políticos, publicitarios y comunicacionales.
-Hasta finales de mayo tenía 1.103 amigos en Facebook y 1.142 seguidores en su cuenta de Twitter, @ellibrero.
Publicado en la revista impresa 108 de EntreSocios (2013)
Fotografía: Cortesía
